INTRODUCCIÓN:
¿Existe un texto bíblico sobre la Escuela Sabática? Algunos creen que sí: “Y estos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así” (RVR).
“Estos eran de sentimientos más nobles que los de Tesalónica, de modo que estuvieron muy dispuestos a recibir el mensaje y todos los días examinaban las Escrituras para ver si era verdad lo que se les anunciaba” (NVI).
¿En qué sentido tiene que ver con la Escuela Sabática? Veamos:
-Ellos “recibieron la Palabra”. No la rechazaron, ni la descuidaron. La atesoraron.
-Estudiaron la Palabra todos los días (estudio diario de la Biblia).
-No sólo la leyeron la examinaron, cavaron para encontrar su significado más profundo.
-No se limitaron a escuchar al predicador. ¡No! Buscaron certeza de la verdad escudriñando las Escrituras por sí mismos. La Biblia los llama “nobles”.
Pareciera no tener sentido predicar sobre la Escuela Sabática, porque para eso tenemos el programa de la Escuela Sabática todos los sábados. Y, sin embargo, hoy es más necesario que nunca. Así lo ha entendido la Iglesia Adventista del Séptimo Día (IASD) en todo el mundo y especialmente en la División Sudamericana. Hay razones históricas. Primero, nadie piense que la Escuela Sabática fue un invento de los adventistas o un programa más planeado por sus líderes. ¡No! ¡De ninguna manera! La idea vino del cielo y fue impulsado por los esposos Jaime White y su esposa Elena G. White. Estos pioneros fueron los instrumentos del Señor para trasmitir la idea.
Después de todo, el programa de la Escuela Dominical ya existía en las iglesias evangélicas del Reino Unido y de los Estados Unidos de América en el Siglo XIX. James S. White tomó ese proyecto y lo utilizó con éxito para compartir las enseñanzas bíblicas redescubiertas por el adventismo a los niños, los jóvenes y los adultos de todas las edades.
En la reflexión de hoy nos detendremos brevemente en tres tópicos importantes sobre la Escuela Sabática: (a) El papel y los consejos de Elena G. de White. (b) El fundamento bíblico para la Escuela Sabática. Y (c) contaremos algunas historias sobre las bendiciones de la Escuela Sabática.
I.- EL PAPEL DE ELENA G. DE WHITE. ¿CUÁLES FUERON SUS CONSEJOS?
Tal vez no lo habíamos escuchado, pero en ciertos congresos campestres la señora White respondió preguntas de los líderes de la iglesia sobre la obra de la Escuela Sabática. Ella en verdad dio abundantes consejos sobre esta obra, sea en forma personal, en sus sermones, en sus abundantes artículos y escritos publicados.
Ya para el año 1900 la iglesia había reunido sus orientaciones y las compiló en el pequeño libro titulado Testimonios sobre la obra de la Escuela Sabática. Se trata de una obra de 128 páginas, revisada y ampliada en 1938 bajo el título Consejos sobre la obra de la Escuela Sabática.
Dejemos que la propia señora White nos cuente lo que vivió en un congreso campestre realizado en el Estado de Iowa, USA, el sábado 16 de agosto de 1884. Ese sábado de mañana un gran grupo se reunió para realizar la Escuela Sabática. “Pronto se arreglaron las clases incluyendo a todos, excepto a unos pocos que escogieron sitios fuera de la carpa. Pero estos no fueron abandonados a sí mismos, sino que se escogieron maestros y se formaron dos o tres clases interesantes. Todos estaban muy ocupados como abejas, y por todas partes en la carpa y fuera de ella se oía el murmullo de las voces. La escuela estaba bien dirigida y con orden, y los ejercicios me resultaron muy interesantes”.
Entonces ocurrió algo que llama nuestra atención. Sigue diciendo la oradora: “Se me pidió que hablase durante unos 30 minutos, amonestándoles en contra de dejar que sus Escuelas Sabáticas degeneren y lleguen a ser una mera rutina mecánica. No deberíamos procurar imitar a las escuelas dominicales, ni tratar de mantener el interés ofreciendo premios…”. En un párrafo nos dejó una frase magistral: “¡Qué bendición sería si todos enseñaran como enseñó Jesús!”. Finalmente añadió: “En vuestra enseñanza sean tan semejantes a él como sea posible. Hagan interesantes sus programas. Demuestren que aprendieron a fondo la lección y que están intensamente interesados en ella. No hacer interpretaciones frívolas o superficiales de las Escrituras; antes esté cada cual preparado para ir al fondo del tema que se presenta”.
En ocasión de otro congreso campestre, años más tarde, Elena G. de White volvió a hablar sobre el tema a los hermanos reunidos. ¿Qué les dijo? “Queridos hermanos y hermanas que asisten a nuestros congresos, deseamos dirigirles algunas palabras en interés de nuestras Escuelas Sabáticas. Este es uno de los ramos importantes de la obra y no debe dejarse a la ventura ni dirigirse en forma desordenada… Pero no basta que la Escuela Sabática marche como una máquina bien regulada. Debería haber obreros prácticos… Es importante que los ejercicios de la Escuela Sabática de nuestros congresos anuales sean conducidos con orden, prontitud y eficiencia”.
Una nota al pie de la página en el libro Consejos sobre la obra de la Escuela Sabática es particularmente llamativa, porque cuenta que unos pastores le hicieron a la señora White algunas preguntas acerca de la Escuela Sabática. Tal parece que la señora White entendió que sería útil realizar algo así como una Convención de Escuelas Sabáticas. Este es el diálogo, relacionado con la cuestión planteada. Pregunta- “-¿Qué le parece si se convocase una convención de Escuelas Sabáticas y se reuniesen para ese propósito?”. Respuesta- “Eso está bien; y que asistan los que tienen la preocupación por esta obra…”.
II.- LA ESCUELA SABÁTICA, ¿TIENE BASE BÍBLICA?
Siempre resulta interesante observar la manera abundante como Elena G. de White usaba la Biblia y la citaba en sus escritos y sermones. Sólo al leer el libro Consejos sobre la obra de la Escuela Sabática, uno encuentra alusiones a 210 textos de la Escritura, de 33 de los libros bíblicos, algunos de ellos repetidos muchas veces. Vaya a continuación una simple muestra de importantes textos citados por la autora en forma reiterada (tomados de la Nueva Versión Internacional):
* Mateo 11:29. “Carguen con mi yugo y aprendan de mí, pues yo soy apacible y humilde de corazón, y encontrarán descanso para sus almas”.
* Mateo 13:44. “El reino de los cielos es como un tesoro escondido en un campo. Cuando un hombre lo descubrió, lo volvió a esconder, y lleno de alegría fue y vendió todo lo que tenía y compró ese campo”.
* Juan 15:5. “Yo soy la vid y ustedes son las ramas. El que permanece en mí, como yo en él, dará mucho fruto; separados de mí no pueden ustedes hacer nada”.
* 2 Pedro 3:18. “Más bien, crezcan en la gracia y en el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. ¡A él sea la gloria ahora y para siempre! Amén”.
Como conclusión parcial, digamos que resulta claro hasta aquí que Elena G. de White tenía un profundo interés en la obra de la Escuela Sabática y que dedicó a ese tema una gran cantidad de consejos en la forma de orientación personal, sermones, charlas, artículos y libros. Da tranquilidad también saber que la Escuela Sabática cuenta con un abundante sustento bíblico. Que si bien, naturalmente, la Biblia no habla de Escuela Sabática, sus enseñanzas justifican plenamente su rol protagónico para el crecimiento espiritual y misional de la iglesia. Resta finalmente contar algunas pocas historias inspiradoras [en la medida en que el tiempo lo permita].
III.- HISTORIAS SOBRE LA ESCUELA SABÁTICA (UN ESTUDIO DE CASO).
Se trata de la Escuela Sabática de la Colonia Pintos Viana, cerca de Guichón, Departamento Paysandú, Uruguay. Elena María Cayrus de Plenc (1899-1997) y David Plenc (1899-1992) se contaban entre los fundadores de esa Escuela Sabática en 1923, junto a sus hermanos, parientes y otros vecinos adventistas. Cuando los Cayrus se mudaron a Guichón a principios de junio de 1919 ya celebraban la Escuela Sabática e invitaban a otras personas a participar (muchas lo hicieron). En 1923 se instaló en la zona Miguel Dreher y su familia, quienes habrían de convertirse en líderes de la futura congregación.
En su lecho de muerte Juan Elías Cayrus (1877-1923) se despidió de su familia con las siguientes palabras: “Leed vuestra Biblia al levantaros. Elevad vuestro corazón a Dios en una oración secreta. Por la noche haced culto como tenemos la costumbre. Los sábados haced la Escuela Sabática como es de costumbre”. Sus palabras fueron escuchadas. El 6 de noviembre de 1923 el pastor Carlos E. Krieghoff (de la Misión Uruguaya) organizó oficialmente la Escuela Sabática de Guichón en casa de los Cayrus. Los primeros oficiales de esa Escuela Sabática fueron: Director David Plenc; Subdirector Carlos Racovsky; Secretario Juan Emilio Cayrus; Subsecretaria Emilia Dreher; Maestro para la clase de habla rusa Antonio Mazur; Maestro para la clase de habla castellana Elena Cayrus de Plenc.
Después hubo una ferviente súplica del presidente de la Misión a que todos pudieran cooperar con los nuevos oficiales, guardar la unidad y prestar cooperación desinteresada y entusiasta, se levantó la sesión con una oración de despedida del pastor Krieghoff. Quedó claro que el propósito y el plan general de que la Escuela Sabática era la de ser una verdadera agencia destinada a salvar personas para el reino de Dios.
Esa Escuela Sabática organizada en la Colonia Pintos Viana no era muy numerosa. Se trataba de una zona rural con poca población, en un tiempo cuando no eran muchos los adventistas en el Uruguay. Las lecciones de Escuela Sabática en aquella época eran bastante diferentes a las de la actualidad. Eran muy sencillas y no estaban organizadas por días. Sólo una serie de preguntas con las referencias bíblicas, y una sección de notas, casi todas tomadas de los escritos de Elena G. de White.
¿Cómo era el programa de esa Escuela Sabática hace 101 años? ¡Bastante diferente a lo que solemos hacer hoy! Se cantaban himnos, se oraba, se presentaba el informe misionero trimestral, se leía un acta de las actividades del sábado anterior, se hacía la lectura de un texto bíblico misionero, se repasaba la lección de la semana anterior (en pocos minutos) y luego venía la lección de la semana a cargo de los maestros. Estaba siempre presente la “tabla comparativa” de cada trimestre con la cantidad de miembros, asistencia, estudio diario, los blancos de las ofrendas regulares y del 13º sábado (destinada al proyecto misionero mundial).
El décimo tercer sábado era un día muy especial. El final de un trimestre era la ocasión para una mayor participación y para alguna actividad diferente, aunque hubiera mal tiempo. La concurrencia solía ser buena. Se presentaban poesías, diálogos y recitaciones que a veces se llamaban diálogos misioneros. Se recitaban pasajes de la Biblia. La música tenía su lugar (solos, dúos, o grupos musicales de jóvenes o señoritas). La ofrenda del décimo tercer sábado era importante. Además, se hacía una recapitulación de las lecciones de todo el trimestre y los directivos podían tener alguna reflexión.
La Escuela Sabática era una ocasión alegre. Ellos disfrutaban del sábado y de la Escuela Sabática, como lo expresó la secretaria en 1928: “… amaneció espléndido con un sol que parecía más brillante que el de otros días…”. A renglón seguido agregó que en ese hermoso día vinieron casi todos los miembros. La secretaria del siguiente año describió casi poéticamente la alegría de uno de aquellos sábados: “Era un día hermoso. El sol brillaba con todo su fulgor en el azul cielo y enviaba los reflejos de sus potentes rayos hasta el recinto en donde 16 miembros de nuestra escuela sabática juntamente con una visita se hallaban reunidos…”. Unas pocas palabras como “era un hermoso día” o “fue un hermoso sábado”, mostraban la delicia del día de reposo. Ni el mal tiempo impedía que el sábado tuviera connotaciones festivas (como se registró en 1927): “Aunque llovía y densas nubes cubrían el cielo y el frío y viento nos hacían temblar, nuestras almas estaban llenas de regocijo…”. También había preocupaciones, sobre todo en momentos cuando las reuniones parecían declinar. A fines de 1925 dijo Miguel Dreher, “que no nos olvidemos de orar para que nuestra Escuela Sabática que tanto amainó pueda ser viva y eficaz”.
El informe misionero y la lección de repaso. En la Colonia Pintos Viana, como en todas las Escuelas Sabáticas, se presentaba el informe misionero casi todos los sábados. Los niños y los jovencitos, al igual que los adultos, solían participar en su lectura e informar sobre el destino de las ofrendas de ese trimestre. Los maestros dirigían las lecciones de la semana y ocasionalmente lo hacían otros hermanos. De las lecciones de repaso, en cambio, participaban muchas otras personas y hubo oportunidades cuando los niños y jovencitos las dirigieron.
Miembros presentes e invitados. Traer invitados a la Escuela Sabática era algo deseable. Nunca dejaron de recibir a visitantes ocasionales o misioneros adventistas (estos eran muy apreciadas e invitados a participar del programa). Los hermanos que se habían ido del lugar solían regresar ocasionalmente como visitas. Algo interesante era la entrega de tarjetas con sellos de distintos colores: azul de asistencia, o rojo de estudio diario y cintas de honor. Algunos obtenían una distinción de asistencia y estudio perfectos. El 11 de mayo de 1924 se organizó la iglesia de Colonia Pintos Viana (se la llamaba Iglesia de Guichón) con la presencia del pastor Carlos Krieghoff. Hubo 30 visitas ese día y con la organización creció también la Escuela Sabática. El programa solía ser bilingüe en ese tiempo, ya que había una clase en ruso y otra en castellano.
La dimensión misionera y las partes especiales. Era clara intencionalidad misionera y se oraba por los misioneros. Se registró en 1925: “El director habla algo acerca de la obra en diversas partes del mundo y luego pide a algunos hermanos que dirijan la oración a favor de la obra”. Lo mismo ocurrió al siguiente sábado: “Se hacen oraciones en favor de los misioneros que trabajan en diversas partes del mundo”. Las llamadas partes especiales no eran abundantes y no eran frecuentes los cantos especiales, pero había actividades en esa pequeña congregación rural (poesías, diálogos o versículos de memoria). Se sabe que a veces el director hacía algunas preguntas a los niños sobre la lección y les hacía repetir el tema de su lección y el versículo de memoria.
Los momentos peculiares de la Escuela Sabática. Algo muy importante ocurrió a comienzos de la década de 1940, en relación con el lugar de celebración de la Escuela Sabática: el día 23 de marzo de 1940 se inauguró la capilla adventista de Colonia Pintos Viana y se fijó el lugar definitivo de reuniones. Estuvo presente en la ocasión el presidente de la Misión, pastor Pedro M. Brouchy. El horario de inicio de la Escuela Sabática en la colonia no era rígido, dependiendo de la época del año y del clima. Hubo sábados lluviosos y días luminosos, de modo que alternaban hermosos días de sol y días sombríos o de llovizna y frío. Algunas lluvias eran tan copiosas que les impedía reunirse en la capilla. Lo que hacían entonces era reunirse en los hogares. Había un gran nivel de participación de los miembros, sean niños, jóvenes, adultos, del lugar o visitantes.
Podría decirse que la Escuela Sabática fue el verdadero centro de la actividad de la iglesia en esos años. En su programa se conjugaban la plegaria, el estudio de la Biblia, la alabanza y la obra misionera, además el compañerismo y la ayuda mutua. Sobre todo, la Escuela Sabática tenía un gran objetivo espiritual, del cual sus directivos eran conscientes. Las mismas actas daban testimonio de eso: “El sábado había llegado, trayendo muchas bendiciones y nuevos privilegios y nuevas responsabilidades para la directiva que comenzó su período, deseamos vivir más en conformidad con los ideales fijados para nuestra Escuela Sabática en este trimestre que comenzó, y por eso en nuestros corazones el deseo vibrante de prestar un servicio más activo en la causa de Dios”. El director mostró algunos informes de años anteriores, en los cuales se decía que todos o casi todos los miembros estudiaban la lección diariamente. Entonces preguntó: “¿Por qué ahora no es así? ¿Por qué queridos hermanos descuidamos el estudio de la palabra de Dios? Esforcémonos hermanos y hagamos que el estudio de este nuevo trimestre sea perfecto o casi perfecto”.
En los sábados que siguieron los directivos compartieron su preocupación por las ausencias a la Escuela Sabática. Escribió la secretaria: “¿Qué pensaríamos de un niño que guarda una manzana hasta que se echa a perder para después comerla? Hay alimento espiritual en el estudio de la lección del día y sólo 25 participaron de él diariamente la semana pasada”. En otro sábado comparó la Escuela Sabática con un estupendo agasajo: “El sábado pasado fue servido un banquete espiritual en honor de nuestro Padre Celestial, eterno y su Hijo amado. Cuarenta y tres personas participamos de tal magno acontecimiento”. A fines de 1966, la secretaria escribió su testimonio: “En la mañana del sábado 5 de noviembre al despertar, el primer pensamiento que acudió a mi mente fue: hoy es sábado. Inmediatamente un dulce gozo invadió mi corazón. Enseguida estuve lista y alegre llegué a nuestra iglesia para encontrarme con el Señor”. Y un poco más adelante: “No debemos descuidar el estudio de la lección, no olvidemos nuestro ideal que es estudio diario de la lección”. En febrero de 1967, la secretaria se preguntaba: “¿Por qué causa no tienen unos minutos libres para estudiar la Palabra de Dios?”.
¿Qué lecciones hemos aprendido de esta Escuela Sabática de campo?
* Que el éxito se debió a un legado espiritual profundo y definido.
* Que el estudio sistemático de la Biblia es fundamental.
* Que necesitamos saber que pertenecemos al pueblo de Dios.
* Que la presencia de misioneros bien capacitados e identificados es decisiva.
* Que la Escuela Sabática es un agente de educación, edificación y evangelización.
* Que es importante tener un programa de Escuela Sabática organizado pero flexible, sencillo, reverente y alegre.
* Que hay que prestar atención a los niños y a los jóvenes, a fin de capacitarlos y desafiarlos para la misión.
* Que se ha de cultivar tanto la espiritualidad, como la camaradería y la sociabilidad.
A gente como esta (y de todas partes) comprometida con la Escuela Sabática, hemos de recordar con cariño y admiración. ¿Qué más podríamos decir? Nada más. ¡Alabemos al señor por la Escuela Sabática, seamos bendecidos por ella y seamos a la vez una bendición para otros! ¡Amén!
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