sábado, 31 de octubre de 2026

¡Escuchen esto!

"Estas cosas les sucedieron por ejemplo, y fueron escritas para advertirnos a nosotros, a los que han llegado al fin del tiempo" (1 Corintios 10:11).

"Jeremías llamó su atención repetidas veces a los consejos dados en Deuteronomio. Más que cualquier otro de los profetas, recalcó las enseñanzas de la ley mosaica, y demostró cómo esas enseñanzas podían reportar las más altas bendiciones espirituales a la nación y a todo corazón individual. Suplicaba: “Preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma". Jeremías 6:16. (Pr, 302)

Actualmente se anima a las personas a decir «su verdad»; es decir, sus experiencias, sus ideas, sus necesidades, sus límites y sus convicciones, sean cuales fueren. Según esa manera de pensar, toda «verdad» es válida y no debe ser silenciada. Sin embargo, ¿qué ocurre cuando algunas de esas «verdades» profundamente arraigadas entran en conflicto con la Verdad: Jesucristo y su Palabra escrita?

Algunas personas aceptan las verdades bíblicas y se apartan de sus errores; 
Otras se aferran al error. 
Algunas cambian su comportamiento en respuesta a la verdad; 
Otras se rebelan contra ella. 
Así ha ocurrido a lo largo de la historia de la humanidad.

Los profetas bíblicos a menudo eran llamados a comunicar mensajes que las personas no querían oír. Como resultado, muchos fueron criticados, condenados al ostracismo, incluso amenazados de muerte o hasta asesinados (Hebreos 11:32-38). 

A pesar de todo esto, los profetas de Dios proclamaron fielmente sus mensajes porque el llamado divino al ministerio profético no era opcional para ellos. Habían recibido una instrucción para salvar la vida del pueblo de Dios. Por lo tanto, sus mensajes tenían que ser comunicados sin importar el costo personal.


Los escritos proféticos

«Todo lo que antes fue escrito, para nuestra enseñanza fue escrito, para que por la paciencia y el consuelo de las Escrituras tengamos esperanza» (Romanos 15:4).

¿Te gustaría que te enseñaran una canción compuesta por Dios mismo? 
En Deuteronomio 32, Moisés puso por escrito la letra de su cántico siguiendo las instrucciones de Dios (Deuteronomio 31:19-22). Normalmente no asociamos los escritos proféticos con canciones, aunque muchos de los salmos son, de hecho, canciones inspiradas, a pesar de que sus letras no hayan sido dictadas por el Señor.

La Biblia describe tres formas principales en que los profetas comunicaban los mensajes de Dios: 
(1) oralmente; 
(2) por escrito; y 
(3) mediante acciones simbólicas o dramatizaciones. 

Hoy nos centraremos en los escritos de la Biblia. La Escritura registra la Palabra de Dios tal y como fue expresada por sus mensajeros, incluyendo los sermones y los discursos de los profetas.

Pensemos en la variedad de estilos y géneros literarios de los escritos proféticos: narrativa, historia, poesía, lamentaciones y cartas, por nombrar solo algunos. Hombres y mujeres elegidos plasmaron en lenguaje humano lo que el Espíritu Santo les inspiró para comunicar. Hoy veremos sus escritos, el uso de secretarios o asistentes literarios y lo que debe tenerse en cuenta al estudiar pasajes difíciles.

I. EL LLAMADO A ESCRIBIR

El primer método que Dios utilizó para transmitir mensajes a la humanidad fue la comunicación oral directa; es decir, voces audibles, sueños o mensajes comunicados verbalmente por ángeles. No fue hasta la época de Moisés cuando las Escrituras registran la primera instrucción divina relativa a estas experiencias, que consistía en escribir en un «libro» lo que Dios había dicho.

"Y Jehová dijo a Moisés: Escribe esto para memoria en un libro, y di a Josué que raeré del todo la memoria de Amalec de debajo del cielo". Éxodo 17:14.
¿Cuál es la primera mención de la escritura en la Biblia?

El Antiguo Testamento registra varios ejemplos de la orden dada por Dios a sus mensajeros para que preservaran por escrito sus palabras para su pueblo. Al igual que a Moisés, se dijo a Jeremías: «Toma un rollo de libro y escribe en él todas las palabras que te hablé contra Israel y Judá, y contra todas las naciones, desde que empecé a hablarte, desde los días de Josías hasta hoy» (Jeremías 36:2).

También se le dijo por qué debía escribir las profecías: «Quizá la casa de Judá oiga todo el mal que pienso hacerles y se arrepientan de su mal camino, para que yo perdone su maldad y su pecado» (Jeremías 36:3). Las predicciones tenían el propósito de salvar al pueblo, no de satisfacer la curiosidad acerca del futuro.

Los mensajeros de Dios escribieron en circunstancias muy diversas. Moisés escribió los cinco primeros libros de la Biblia mientras estaba en el desierto. David compuso varios de sus salmos mientras era perseguido por Saúl (ver Salmos 52, 54, 57 y 59). Daniel escribió sus visiones mientras servía en las cortes de Babilonia y Medopersia. A diferencia de ello, Pablo escribió sus cartas a los efesios, filipenses, colosenses y a Filemón mientras estaba en prisión, y Juan puso por escrito el Apocalipsis cuando estuvo exiliado en Patmos. Es evidente que los mensajeros de Dios impelidos a poner por escrito sus mensajes fueron asistidos por el Espíritu Santo independientemente de sus circunstancias.

Es llamativo que todas las enseñanzas de Jesús fueron preservadas por escrito por aquellos a quienes Dios eligió para confiarles tan preciosas verdades. Esto muestra la certeza divina de que los mensajes inspirados por Dios serían fielmente registrados y preservados por sus mensajeros.

¿Cómo responderías a quien dijera que no podemos confiar en la Biblia porque no contamos con los manuscritos originales? ¿Por qué es ese un argumento débil?

II. GÉNEROS Y ESTILOS LITERARIOS

La Biblia consta de diversos géneros y estilos literarios utilizados por los mensajeros inspirados por Dios. Algunos se asemejan a un diario (ver Números 33:1-49). A su vez, los libros de Daniel, Zacarías y Juan contienen ejemplos de escritura apocalíptica, caracterizada por su simbolismo, sus temas cósmicos y sus descripciones de seres celestiales además de otros rasgos distintivos.

"Profecía sobre Babilonia, revelada a Isaías hijo de Amoz". Isaías 13:1. 

¿Cómo se refiere la Biblia aquí al mensaje de Isaías?

Las visiones recibidas por los profetas son a veces denominadas «oráculos»; es decir, comunicaciones o revelaciones de Dios (algunas versiones traducen la palabra hebrea original con la que comienza Isaías 13:1 como «carga»). Las traducciones más recientes de la Biblia muestran que muchas visiones fueron escritas en forma poética, a menudo utilizando un recurso conocido como paralelismo, en el cual las líneas posteriores se repiten o, a veces, contrastan con las líneas anteriores. Por ejemplo: «En ese día el hombre mirará a su Creador, y sus ojos contemplarán al Santo de Israel» (Isaías 17:7). «Creador» y «Santo» están en paralelo. De ese modo, una imagen literaria o identificación aporta información adicional acerca de otra.

Los profetas también utilizaban recursos literarios como las metáforas (símbolos) y las hipérboles (exageraciones). Para comprender y aplicar mejor sus mensajes, es importante reconocer el tipo de escritura que utilizaron.

Otro estilo literario que se encuentra con frecuencia en las Escrituras es el «juicio del pacto». Por ejemplo, en Jeremías 2:4-9, el profeta presenta la denuncia legal de Dios contra su pueblo por haber transgredido las estipulaciones del pacto y no cumplir sus obligaciones. Utilizando imágenes de un tribunal, el autor retrata a Dios como el fiscal que expone los fundamentos de su acusación.

Las Escrituras también contienen escritos proféticos, historia, canciones y parábolas. Dios ordenó a Jeremías que compusiera un libro con todos sus mensajes (Jeremías 36:2), mientras que gran parte de los escritos del Nuevo Testamento consisten en cartas dirigidas a individuos o comunidades cristianas. La Biblia no hace distinción alguna en materia de autoridad entre diferentes estilos. Las cartas de Pablo debían ser consideradas tan autoritativas como las de los profetas del Antiguo Testamento, pues el apóstol da evidencias claras en sus cartas de que eran documentos inspirados por el Espíritu Santo (ver 1 Corintios 7:10, 12, 40).

Profetas y maestros - La escuela de los profetas

"Tanto en la escuela como en el hogar, mucha de la enseñanza era oral, pero los jóvenes aprendían también a leer los escritos hebreos, y se ofrecían a su estudio los pergaminos de las Escrituras del Antiguo Testamento. En esas escuelas, los principales temas de estudio eran la ley de Dios, con las instrucciones dadas a Moisés, la historia y la música sagradas, y la poesía. En los relatos de la historia sagrada, se rastreaban las pisadas de Jehová. Se hacían notar las grandes verdades presentadas por medio de símbolos en el servicio del Santuario, y la fe abarcaba el objeto central de todo el sistema: El Cordero de Dios, que había de quitar el pecado del mundo. Se fomentaba el espíritu de devoción y no solo se enseñaba a los alumnos que debían orar, sino la forma de hacerlo, de acercarse al Creador, de ejercitar la fe en él y de comprender y obedecer las enseñanzas de su Espíritu. El intelecto santificado sacaba del tesoro de Dios cosas nuevas y viejas, y el Espíritu de Dios se manifestaba en la profecía y el canto sagrado" (Ed, 46).

Algunos estudiosos enfatizan el elemento humano en las Escrituras a expensas del divino. ¿Por qué es ese un camino que conduce a la ruina espiritual?

III. ASISTENTES LITERARIOS

"Preguntaron luego a Baruc, diciendo: Cuéntanos ahora cómo escribiste de boca de Jeremías todas estas palabras. 18 Y Baruc les dijo: Él me dictaba de su boca todas estas palabras, y yo escribía con tinta en el libro". Jeremías 36:17-18 

"Yo Tercio, que escribí la epístola, os saludo en el Señor". Romanos 16:22. 

¿Qué dicen estos versículos acerca del uso de asistentes literarios por parte de los escritores bíblicos?

Jeremías mismo podría haber puesto por escrito lo que le fue revelado, pero, en lugar de ello, pidió a un escriba de confianza que registrara fielmente sus mensajes proféticos y los compartiera con los líderes de la nación. Él no es el único profeta bíblico que utilizó los servicios de un asistente literario para comunicar sus mensajes de origen divino.

En el Nuevo Testamento, aunque Tercio dice que escribió la epístola a los Romanos (Romanos 16:22), queda claro desde el comienzo del documento que escribió lo que Pablo le indicó. Tercio era el amanuense o secretario del apóstol, un asistente literario que ponía por escrito las palabras de Pablo.

Esta práctica no era inusual para el apóstol, ya que concluye sus cartas a los colosenses y los tesalonicenses incluyendo su saludo autógrafo (Colosenses 4:18; 2 Tesalonicenses 3:17) como forma de autenticar todo el documento. Esto sugiere que confiaba en otra persona para que escribiera las cartas por él. Puesto que esto podía suscitar dudas acerca de si la carta lo representaba correctamente —o, peor aún, sospechas de que no era suya—, Pablo agregaba su propia nota manuscrita al final como evidencia de autenticidad.

Muchos comentaristas atribuyen la variación en el estilo literario en las cartas de Pablo al uso que hizo de asistentes. Se supone lo mismo respecto de las dos cartas de Pedro: «Aunque es un hecho que el estilo del lenguaje de 2 Pedro es diferente del de la primera epístola, puede explicarse razonablemente, pues es probable que Pedro —un palestino de poca cultura, cuya lengua materna era el arameo— sin duda recurrió a la ayuda de un secretario para la redacción de una epístola que fue escrita en griego. Si Pablo, que manejaba la lengua griega con soltura, evidentemente usó secretarios, es aún más lógico suponer que Pedro hubiera buscado la ayuda de secretarios y que estos hubieran influido mucho en la redacción de sus cartas en griego» (7CBA, 612).

Esto sugiere que, aunque fiel a los pensamientos y a la intención de los mensajeros de Dios en materia de significado, el vocabulario y la construcción de las frases podrían reflejar las diferentes habilidades literarias de los ayudantes que empleaban. Los pensamientos de los mensajeros de Dios son el objeto de la inspiración divina, pero no necesariamente las palabras específicas utilizadas para expresar esos pensamientos inspirados.

Surge una pregunta: ¿Por qué tanto esfuerzo en revelar sus mensajes a cada individuo?

"Dios se compadece de los hombres que luchan en la ceguera de la perversidad; procura iluminar su entendimiento entenebrecido dándoles reprensiones y amenazas destinadas a inducir a los más encumbrados a sentir su ignorancia y deplorar sus errores. Se esfuerza por ayudar a los que se complacen en sí mismos para que, sintiéndose descontentos de sus vanas realizaciones, procuren la bendición espiritual en una estrecha relación con el cielo". (PR, 319, 320).

IV. FUENTES LITERARIAS

«Además de ser sabio, el Predicador enseñó sabiduría al pueblo. Consideró, y compuso muchos proverbios. Procuró hallar las palabras adecuadas, y lo que escribió fue recto y verdadero» (Eclesiastés 12:9-10).

Este pasaje puede interpretarse en el sentido de que Salomón no fue el autor de todos los proverbios que registró. Bajo la inspiración de Dios, «consideró» muchos dichos y trató de encontrar «palabras adecuadas». De hecho, la descripción tan citada de la mujer virtuosa en Proverbios 31 es atribuida a la madre de un rey llamado Lemuel y no a Salomón (Provernios 31:1). La evidencia apunta también a la influencia de la literatura egipcia en los Proverbios.

Del mismo modo, los historiadores inspirados del Antiguo Testamento reconocen que consultaron archivos y otros registros para narrar fielmente la historia del pueblo de Dios.

"Los demás hechos de Salomón, y todo lo que hizo, y su sabiduría, ¿no está escrito en el libro de los hechos de Salomón?" 1 Reyes 11:41

"Puesto que ya muchos han tratado de poner en orden la historia de las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas, 2 tal como nos lo enseñaron los que desde el principio lo vieron con sus ojos, y fueron ministros de la palabra, 3 me ha parecido también a mí, después de haber investigado con diligencia todas las cosas desde su origen, escribírtelas por orden, oh excelentísimo Teófilo, 4 para que conozcas bien la verdad de las cosas en las cuales has sido instruido". Lucas 1:1-4.

"De estos también profetizó Enoc, séptimo desde Adán, diciendo: He aquí, vino el Señor con sus santas decenas de millares, 15 para hacer juicio contra todos, y dejar convictos a todos los impíos de todas sus obras impías que han hecho impíamente, y de todas las cosas duras que los pecadores impíos han hablado contra él". Judas 1:14-15. 

¿Cómo usaban los escritores inspirados, a veces, las fuentes no bíblicas?

"Al revelarme el Espíritu de Dios las grandes verdades de su Palabra, y las escenas del pasado y de lo por venir, se me mandó que diese a conocer a otros lo que se me había mostrado, y que trazase un bosquejo de la historia de la lucha en las edades pasadas, y especialmente que la presentase de tal modo que derramase luz sobre la lucha futura que se va acercando con tanta rapidez. Con este fin, he tratado de escoger y reunir acontecimientos de la historia de la iglesia en forma que quedara bosquejado el desarrollo de las grandes verdades decisivas que en diversas épocas han sido dadas al mundo, las cuales han excitado la ira de Satanás y la enemistad de una iglesia amante del mundo, y han sido sostenidas por el testimonio de aquellos que “no amaron sus vidas, exponiéndolas hasta la muerte”. Apocalipsis 12:11.
Los grandes acontecimientos que marcaron los pasos de reforma que se dieron en siglos pasados, son hechos históricos harto conocidos y universalmente aceptados, que nadie puede negar. Esa historia la he presentado brevemente, de acuerdo con el fin y objeto de este libro y con la concisión que necesariamente debe observarse, condensando los hechos en forma compatible con una clara inteligencia de las enseñanzas consiguientes. En algunos casos, cuando he encontrado que un historiador había reunido los hechos y presentado en pocas líneas un claro conjunto del asunto, o agrupado los detalles en forma conveniente, he reproducido sus palabras, no tanto para citar a esos escritores como autoridades, sino porque sus palabras resumían adecuadamente el asunto. Y al referir los casos y puntos de vista de quienes siguen adelante con la obra de reforma en nuestro tiempo, me he valido en forma similar de las obras que han publicado (Recibiréis poder, 7 de agosto, p. 230).

Esdras y Nehemías son otros ejemplos de escritores bíblicos que se basaron en registros históricos para documentar sus relatos. El primero incluye copias de cartas y decretos reales relacionados con Jerusalén y Persia (ver Esdras 4-7), mientras que Nehemías menciona los registros genealógicos que encontró e incorporó a su narración (ver Nehemías 7:5-72).

Este hecho se observa también en el Nuevo Testamento. 
"Por lo que sucedió con Lucas, se deduce claramente que la Inspiración funciona en armonía con la operación natural de las facultades mentales sin prescindir de ellas. Aquí vemos a un autor inspirado, guiado por el Espíritu Santo, para examinar en forma diligente los registros ya escritos y los orales que había sobre la vida de Cristo; y luego, impulsado a organizar la información recopilada en una narración" (5CBA, 654)

Judas parece estar citando 1 Enoc 1:9, una obra judía intertestamentaria no canónica. Pablo también citó a filósofos griegos sin identificarlos (ver Hechos 17:28; Tito 1:12).

"Con la mano extendida hacia el templo cuajado de ídolos, Pablo derramó la carga de su alma y expuso la falacia de la religión de los atenienses. Sus más sabios oyentes estaban asombrados al escuchar su razonamiento. Demostró que estaba familiarizado con sus obras de arte, su literatura y su religión. Señalando sus estatuas e ídolos, declaró que Dios no podía ser asemejado con formas de invención humana. Esas imágenes esculpidas no podían, en el sentido más débil, representar la gloria de Jehová. Les recordó que las imágenes no tenían vida, sino que eran manejadas por el poder humano. Se movían solamente cuando las manos del hombre las movían; por lo tanto, los que las adoraban eran en todo sentido superiores a los objetos de adoración.
Pablo dirigió la mente de sus idólatras oyentes más allá de los límites de su falsa religión a un verdadero concepto de la Deidad, que habían titulado: “Dios no conocido”. Este Ser, a quien ahora les declaraba, no dependía del hombre, ni necesitaba que las manos humanas añadiesen nada a su poder y gloria (HAp, 192, 193).

Aunque los escritores bíblicos a menudo se guiaban por revelaciones directas recibidas mediante visiones y sueños, esto no excluía que el Espíritu Santo también los guiara para seleccionar material de otras fuentes. ¿Por qué es importante tener esto presente?

Porque la escritura es totalmente humana y totalmente divina. Cuando se hace énfasis en una sola opción o se intenta atribuir grados o porcentajes, no podremos encontrar, apenas, el mensaje completo sino la forma cómo Dios quería que este mensaje impacte nuestra vida.

V. EL MENSAJE DIVINO Y LAS IMPERFECCIONES HUMANAS

"Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros". 2 Corintios 4:7
¿Qué dice Pablo sobre el tesoro de Dios?

Pablo dice que el tesoro de Dios ha sido confiado a «vasos de barro» (seres humanos), para que el poder de Dios se manifieste en contraste con nuestras debilidades. Las Escrituras revelan que, así como los mensajeros de Dios no fueron preservados sobrenaturalmente de los fracasos personales (Moisés, Elías, David, Jonás y Pedro, por ejemplo), sus escritos tampoco estuvieron exentos de las imperfecciones propias del entendimiento y la comunicación humanos.

«La unión de lo divino y lo humano que se manifestó en Cristo existe también en la Biblia. Las verdades reveladas son todas inspiradas divinamente; pero están expresadas en las palabras de los hombres y se adaptan a las necesidades humanas» (5TI, 698).

La humanidad de los mensajeros de Dios no es suprimida a causa de su llamado divino a comunicar los tesoros de la verdad, como escribió el apóstol Pablo en 2 Corintios 4:7. Tampoco parece que el Espíritu Santo considerara oportuno impedir que sus mensajeros hicieran declaraciones y escribieran palabras que hoy nos resultan difíciles de armonizar o explicar. Los versículos que representan esas dificultades son tan pocos que solo una mente muy estrecha tropezaría a causa de ellos. Como cristianos que creemos en la Biblia, debemos rendirnos a la Palabra de Dios en la medida en que la entendemos y confiamos en el Señor, y a pesar de lo que aún no comprendemos.

Algunas discrepancias pueden atribuirse a errores sin importancia cometidos por copistas posteriores, o a fuentes divergentes en las que se basaron los autores inspirados. Al considerar los pasajes problemáticos, debemos preguntarnos si comprendemos plenamente el significado de las palabras del escritor y si un estudio más profundo podría resolver la dificultad.

Incluso si no somos capaces de resolver todos los aparentes errores o discrepancias, encontramos que son irrelevantes para la esencia del mensaje presentado. Podemos confiar en que las verdades divinas de las Escrituras han sido reveladas y comunicadas fidedignamente a pesar de las imperfecciones de los mensajeros de Dios.

¿Por qué eligió Dios utilizar a seres humanos falibles en lugar de ángeles sin pecado como sus mensajeros?

CONCLUSIÓN

La experiencia y los escritos de Elena de White son muy similares a los de los mensajeros bíblicos de Dios cuya obra hemos estudiado esta semana. Ella también recibió la comisión divina de poner por escrito lo que se le había revelado.

Elena de White escribió en 1909: «Debido al accidente que casi me costó la vida, mi salud era débil y no podía escribir. […] Pero el ángel del Señor se me presentó una noche y me dijo: “Debes escribir lo que te comunico”. Le respondí: “No puedo escribir”. Él repitió la orden: “Escribe lo que te digo”. Decidí intentarlo, tomé con qué escribir, comencé a hacerlo y descubrí que podía registrar las palabras con facilidad» («Let Us Publish Salvation», The General Conference Bulletin, 31 de mayo de 1909, p. 225).

Al igual que los escritores bíblicos inspirados, Elena de White empleó asistentes literarios. Sus secretarios hacían el trabajo propio de los editores: ayudar a los autores a expresar sus ideas con claridad sin insertar ideas propias. No eran personas que escribían en lugar de ella ni coautores. Su trabajo dependía del material que la propia Elena de White producía, ya fuera de manera manuscrita u oral.

En sus escritos, Elena de White también citaba y adaptaba material de otras fuentes literarias para presentar de manera más adecuada sus mensajes. El hecho de que recomendara a sus lectores algunos de los libros que ella misma utilizó en tal sentido es evidencia de que no pretendía engañar a su público ni atribuirse la autoría de esos materiales citados o adaptados, sino que lo hacía porque encontraba en esas fuentes expresiones adecuadas para transmitir las verdades que deseaba comunicar.

¿Qué decir de las discrepancias o inexactitudes? «Acerca de la infalibilidad, nunca pretendí tenerla», ella escribió. «Solo Dios es infalible» (1MS, 44).

Sus escritos contienen algunas afirmaciones difíciles de entender o de armonizar con otras. La humanidad de Elena de White no fue suprimida por su llamado divino. Como todos nosotros, ella también creció y maduró, como puede apreciarse en sus escritos.

Como ya se ha dicho, Elena de White corrigió a quienes creían erróneamente que cada palabra que escribía provenía directamente del cielo. «Hay oportunidades cuando deben declararse cosas comunes, pensamientos comunes deben ocupar la mente, deben escribirse cartas comunes y se debe dar información que ha pasado de un obrero a otro. Tales palabras, tal información, no son dadas bajo la inspiración especial del Espíritu de Dios» (3MS, 66-67).

sábado, 24 de octubre de 2026

Los profetas del NT

"Ahora bien, hay diversos dones, pero el Espíritu es el mismo. Hay diversos ministerios, pero el Señor es el mismo; y hay diversas actividades, pero Dios, que efectúa todas las cosas en todos, es el mismo". (1 Corintios 12:4-6).

En cierta ocasión, un padre y su hijo viajaban en automóvil de regreso a su hogar. Para pasar el tiempo, el niño observaba los automóviles que pasaban. Entonces, el hombre señaló un vehículo y exclamó: «¡Ese es igual al primer automóvil que tuve!». Cuando llegaron a casa, el padre mostró a su hijo el manual de su primer automóvil y el del actual, señalando las características de cada vehículo y destacando las que eran similares y las que habían cambiado. Sin embargo, cuando el padre comparó los dos motores, se dio cuenta de que eran idénticos. Muchas cosas habían cambiado, pero no el motor.

Dios habló a través de los profetas en el Antiguo y en el Nuevo Testamento. La continuidad y la armonía entre ambos se deben a que el Espíritu Santo, la fuente o «motor» de la inspiración divina, ha permanecido invariable. 
El Espíritu Santo siempre capacita a los verdaderos profetas mediante el don profético. 
También coloca a Cristo en el centro de los mensajes de los profetas (Hebreos 1:1-3).

Hoy examinaremos el don profético en el Nuevo Testamento. 
También veremos quiénes ministraban como profetas, en qué se diferenciaban de los apóstoles y el peligro de los falsos profetas.

I. JESÚS COMO PROFETA

Moisés predijo que «un Profeta de en medio de los tuyos, de tus hermanos, como yo, te levantará el Señor tu Dios; a él oirás» (Deuteronomio 18:15). ¿Quién era ese profeta? Las Escrituras dicen claramente que se trató de Jesús mismo: «Porque Moisés dijo: “El Señor vuestro Dios les levantará de entre sus hermanos a un profeta como yo. A él oirán en todo lo que les diga”» (Hechos 3:20-22; ver también Juan 6:14).
Jesús, el cumplimiento perfecto de las profecías bíblicas, es el mismo Dios eterno que existía desde siempre (Juan 1:1-5, 14; 1 Juan 1:1-3). No era un profeta más entre otros, era profeta y Dios en una sola persona. Por lo tanto, una de sus principales funciones proféticas fue unir a los seres humanos en él y guiarlos al Padre (Juan 17). A los profetas bíblicos se eles encomendó una misión similar (Éxodo 19:3, 4; Lucas 3:1-18; Efesios  4:11-13). Los escritos de Elena White tienen el mismo objetivo.

¿Cuál fue el papel profético de Jesús? ¿Cómo se respondía esta pregunta en la época de Jesús? 

"Viniendo Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? 14 Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas. 15 Él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? 16 Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente". Mateo 16:13-16

"Salieron Jesús y sus discípulos por las aldeas de Cesarea de Filipo. Y en el camino preguntó a sus discípulos, diciéndoles: ¿Quién dicen los hombres que soy yo? 28 Ellos respondieron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los profetas. 29 Entonces él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy? Respondiendo Pedro, le dijo: Tú eres el Cristo". Marcos 8:27-29

"Aconteció que mientras Jesús oraba aparte, estaban con él los discípulos; y les preguntó, diciendo: ¿Quién dice la gente que soy yo? 19 Ellos respondieron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, que algún profeta de los antiguos ha resucitado. 20 Él les dijo: ¿Y vosotros, quién decís que soy? Entonces respondiendo Pedro, dijo: El Cristo de Dios". Lucas 9:18-20

Jesús es aquel a quien todos los profetas del Antiguo Testamento señalaban como el Cristo o Mesías venidero. En el Nuevo Testamento, él es reconocido como el cumplimiento de esas profecías mesiánicas. En Lucas 24:13-35, Jesús se identificó como aquel a quien señalaban las profecías mesiánicas.

De hecho, la descripción que se hace en Juan 1:1-5 del Verbo no se ajusta a ningún ser humano, profeta o no. El Verbo es identificado como el Creador, porque «todas las cosas fueron hechas por él. Nada de cuanto existe fue hecho sin él» (Juan 1:3). Es decir, él es el autor de todo lo creado; es decir, del cosmos entero, cuya extensión se estima en 93 000 millones de años luz.

En cada «dijo Dios» de Génesis 1 oímos hablar a Jesús. Aquel que dijo: «Haya luz» (Génesis 1:3) es también la «luz de los hombres» (Juan 1:4), quien estaba disipando las tinieblas de la tierra mediante el plan de salvación (Juan 1:4-5).

Las palabras proféticas de Dios son ciertas y confirmadas. Cuando se les presta atención, son una luz «que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el Lucero de la mañana salga en sus corazones» (2 Pedro 1:19). La profecía seguirá trayendo luz a nuestro mundo pecaminoso hasta que Jesús, «la Estrella de la mañana» y fuente de esa luz profética, inaugure su reino eterno.

El deseo más ferviente de Elena White era compartir vislumbres de Dios por medio de un mensaje cristocéntrico. En 1889 declaró:
"¡Lo amo! ¡Lo amo! Veo en Jesús un encanto sin igual. Veo en él todo lo que los seres humanos pueden desear. Acudamos al Cordero de Dios que quita el pecado del mundo... Obtengamos, por medio de sus méritos y su justicia la preparación necesaria para el cielo. Él no rechazará el alma quebrantada y contrita". (Elena White. Conditions of Acceptance With God. Review and Herald, 2 de Abril de 1889), 12. 
Hacia 1850, por ejemplo, vio al amable Jesús en persona. Tras preguntarle 'si su Padre era una persona y tenía forma como él, dijo Jesús: "Soy la imagen expresa de la persona de mi Padre" (PE, 108).
En 1869 fue describiendo a Jesús de forma más detallada como: "El esplendor de la gloria del Padre, y la imagen expresa de su persona... era igual a Dios".
Dirigiéndose a los jóvenes en 1887, se refirió a Jesús como "el hijo eterno de Dios".
En los años posteriores a 1888. White se distanció de la posición antitrinitaria de sus contemporáneos.
Aa comienzos de 1890 declaró que: "Las palabras de Cristo estaban llenas de profundo significado cuando afirmó que él y el Padre eran de una misma sustancia, poseyendo los mismos atributos. (Elena White. 'The true Sheep Respond to the voice of the Shepherd'. Signs of the Times, 27/11/1983), 6.
Y agregó que Jesús era: "Igual a Dios, infinito y omnipotente... Él es el Hijo eterno y autoexistente" (Elena White. The true High Priest, manuscrito 101, 1987).
Estas reflexiones le llevaron a escribir El Deseado de Todas las Gentes en 1898.
Conforme se acercaba el nuevo siglo, los escritos de White adquirieron un carácter plenamente cristocéntrico. Publicaciones como El camino a Cristo (1892), El discurso Maestro de Jesucristo (1896), Palabras de Vida del Gran Maestro (1900), El ministerio de curación (1905) y Los Hechos de los Apóstoles (1911) ofrecen un panorama amplio y exhaustivo del Salvador. Defienden su naturaleza eterna y su autoexistencia, como Aquel que posee 'toda la plenitud de la Deidad' (6TI, 62).
Su doxología favorita era: "Cristo era Dios en esencia y en la más alta acepción. Era con Dios desde la eternidad, Dios sobre todas las cosas, bendito para siempre". (Elena White. The word made flesh. Review and Herald, 5/4/1906), 8.
Hasta entonces, Cristo ofrece la eternidad a todos en virtud de su vida, muerte y resurrección. La única pregunta es si la aceptaremos o no.

Reflexionemos sobre el hecho de que Jesús, el Creador (Juan 1:1-3), es también quien murió en la cruz por nuestros pecados. ¿Qué nos enseña esta asombrosa verdad acerca del amor de Dios para con nosotros?

II. APÓSTOLES Y PROFETAS

El Nuevo Testamento menciona la obra de los profetas y de los apóstoles, quienes eran «mensajeros» o «enviados» de Dios, que es el significado de la palabra griega apostolos. En los evangelios, la palabra «apóstol» se refiere a los doce discípulos. El resto del Nuevo Testamento respalda esta idea e incluye a otras personas que no formaban parte de ese grupo original.

Pablo se llama a sí mismo apóstol doce veces en sus epístolas. En Romanos 1:1-2, conecta su llamado apostólico y el contenido de su predicación con el mensaje de los profetas del Antiguo Testamento. Pablo se identifica como apóstol de los gentiles (Romanos 11:13) nombrado «por la voluntad de Dios» (1 Corintios 1:1).

A diferencia de los sacerdotes, cuya designación estaba determinada por su pertenencia a una familia específica, Dios eligió a los profetas y a los apóstoles según su voluntad. Cuando se cuestionó el apostolado de Pablo, él defendió su ministerio en esos términos (1 Corintios 9:1-2). Pablo consideraba que su apostolado se basaba en la obra de Cristo, quien es el fundamento de la iglesia (Efesios 2:20).

Como receptores de la revelación de Dios, los apóstoles poseyeron el mismo nivel de inspiración que los profetas (Efesios 3:1-5).

En 2 Pedro 3:1-2, el apóstol se refiere a los profetas como antecesores cuyas palabras eran importantes, pero los apóstoles son presentados como investidos de la misma autoridad. Esos versículos se refieren a los tiempos del Antiguo Testamento y del Nuevo Testamento. Los profetas actuaron como los mensajeros de Dios en la era del Antiguo Testamento, así como los apóstoles lo hicieron en la del Nuevo, pero hubo también personas que profetizaron o ejercieron el don profético sin ser apóstoles. El don de profecía no estaba limitado a los apóstoles en los tiempos del Nuevo Testamento. A su vez, no todos los profetas eran apóstoles (Hechos 15:32).

¿Cuál era la función de los apóstoles y los profetas en relación con Cristo y la iglesia según Efesios 2:20 y 3:5?

Jesús fue el centro de casi todo lo que los apóstoles escribieron en el Nuevo Testamento. De una forma u otra, su vida, muerte, resurrección, ministerio sumo sacerdotal y regreso eran su tema central.

La Biblia es el único registro oficial que tenemos de las palabras de los apóstoles y profetas sobre Jesús, su vida y sus obras. ¿Qué nos dice esto de por qué la Biblia debe ser la autoridad final en lo que creemos sobre Jesús y su muerte por nosotros?

III. FUNCIONES DE LOS PROFETAS DEL NT

¿Qué nos dicen 1 Corintios 14:3, Efesios 4:11-13 y Apocalipsis 22:6 sobre la función de los profetas del Nuevo Testamento?

"Pero el que profetiza habla a los hombres para edificación, exhortación y consolación" 1 Corintios 14:3.

"Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, 12 a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, 13 hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo" Efesios 4:11-13.

"Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto". Apocalipsis 22:6.

A pesar de su utilidad, estos versículos no presentan una visión completa de la tarea de los profetas del Nuevo Testamento. Sin embargo, gran parte de lo que hicieron refleja lo que fue también la labor de los profetas del Antiguo Testamento. Este hecho demuestra la continuidad del don profético.

La profecía aparece en 1 Corintios 12:10 entre otros dones espirituales. En la metáfora del cuerpo de Cristo (1 Corintios 12:27-28) se menciona a los profetas después de los apóstoles, quienes también recibieron revelaciones de Dios. Según 1 Corintios 14:3, «el que profetiza habla a los hombres para edificar, exhortar y consolar».

Efesios 4:11-13 enumera un conjunto de dones espirituales similar al que aparece en 1 Corintios 12. Los profetas son mencionados entre los apóstoles, evangelistas, pastores y maestros (Efesios 4:11). La tarea de estas personas consiste en «perfeccionar a los santos para desempeñar su ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un estado perfecto, a la madurez de la plenitud de Cristo» (Efesios 4:12-13). Como se ve aquí y en otros lugares, Jesús es el centro del mensaje.

El libro de los Hechos habla de dos profetas, Judas y Silas (ninguno de los cuales escribió un libro en la Biblia), que «consolaron y confirmaron a los hermanos con abundancia de palabra» (Hechos 15:32). Aunque es cierto que, en ocasiones, los profetas tienen que pronunciar advertencias, incluso severas, también ofrecen, dependiendo de las circunstancias, palabras de aliento, especialmente en tiempos difíciles, palabras que sin duda fueron muy apreciadas por quienes necesitaban escucharlas, por la esperanza y la promesa que contenían.

Alentar a las personas también es una obra mencionada en el contexto de la profecía (1 Corintios 14:31). En tiempos de tribulación y persecución, el don profético ha sido una fuente de aliento y esperanza. Sin duda alguna, no era una tarea fácil. Elena White recibió visiones de Dios y las compartió con su pueblo, pues no eran mensajes suyos. Sus mensajes han llevado a quienes los reciben 'de la certidumbre a la confianza'
"Camino temerosa ante Dios. No sé cómo hablar ni plasmar con la pluma el vasto tema del sacrificio expiatorio. No sé cómo presentar estos temas con el mismo poder vivo que los veo ante mí. Tiemblo ante el temor de rebajar el gran plan de la salvación con palabras vacías. Me inclino con temor y reverencia ante Dios y digo: ¿Quién es suficiente para estas cosas? (2 Corintios 2:16) ¿Cómo puedo hablar, cómo puedo escribir a mis hermanos para que capten los rayos de luz que destellan desde el cielo? ¿Qué diré?" (Elena White. Carta 40, 1892).

En Apocalipsis 22:6, Jesús se presenta como «el Señor Dios, que inspira a los profetas», cuyas «palabras son ciertas y verdaderas». Por supuesto, todo lo que proviene de los siervos de Dios, cuando hablan en nombre de él, también es «cierto y verdadero». En un mundo tan poco confiable, podemos confiar en lo que dicen los profetas del Señor, especialmente en las Escrituras, nuestra autoridad final y definitiva.

IV. PROFETISAS Y AYUDANTES PASTORALES

"Estaba también allí Ana, profetisa, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad muy avanzada, pues había vivido con su marido siete años desde su virginidad, 37 y era viuda hacía ochenta y cuatro años; y no se apartaba del templo, sirviendo de noche y de día con ayunos y oraciones. 38 Esta, presentándose en la misma hora, daba gracias a Dios, y hablaba del niño a todos los que esperaban la redención en Jerusalén. Lucas 2:36-38 

"Este tenía cuatro hijas doncellas que profetizaban" Hechos 21:9. 

¿Qué dicen estos textos acerca de las profetisas?

En los tiempos del Antiguo Testamento, Dios llamó tanto a hombres como a mujeres para que actuaran como sus mensajeros. En el Nuevo Testamento hay evidencias claras de la existencia de profetisas en el siglo primero. Ana fue la primera en ser llamada «profetisa» en el Nuevo Testamento. Ella era alguien que, en su ministerio de tiempo completo, «servía noche y día con ayuno y oración. […] Dio gracias a Dios y habló del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén» (Lucas 2:37-38).

Hechos 21:9 dice que Felipe tenía «cuatro hijas solteras que profetizaban». Los autores cristianos que se ocuparon de la historia del Nuevo Testamento, como Eusebio, tuvieron acceso a textos posteriores que mencionan dónde es posible que vivieran y dónde fueron sepultadas. En definitiva, esto confirma la existencia de mujeres, muy probablemente jóvenes, que tenían el don profético. No conocemos exactamente el contenido de sus mensajes proféticos ni el alcance de su ministerio, pero sabemos que, como en el caso de muchos otros profetas genuinos, sus palabras no llegaron a formar parte del canon bíblico.

Además de las profetisas, jóvenes pastores trabajaban en estrecha colaboración con los apóstoles, quienes los guiaban en el ministerio. Pablo, por ejemplo, se refirió a Timoteo como «verdadero hijo en la fe» (1 Timoteo 1:2; ver también 1 Timoteo 4:12). Pablo instruyó a Timoteo en los fundamentos del ministerio pastoral y afirmó lo siguiente acerca de su llamamiento: «Hijo Timoteo, te encargo este mandato conforme a las profecías que antes se hicieron acerca de ti. Milita por ellas la buena milicia» (1 Timoteo 1:18).

En Tito 1:4, Pablo presentó a Tito como «verdadero hijo en la común fe», le encomendó la tarea de nombrar líderes para la desafiante congregación de Creta, le ofreció orientación espiritual acerca de cómo abordar esta importante responsabilidad y concluyó: «Esto habla, exhorta y reprende con toda autoridad. ¡Nadie te menosprecie!» (Tito 2:15).

Como es posible ver, en el Nuevo Testamento había apóstoles y profetas canónicos y no canónicos. Teniendo en cuenta todo esto ¿Cómo podemos clasificar a Elena White? ¿A qué categoría de profetas pertenece?

Jóvenes, ancianos, hombres, mujeres: todos podemos desempeñar un papel en la obra de Dios. ¿Cuál es el tuyo y cómo puedes hacer aún más?

V. FALSOS PROFETAS MENCIONADOS EN EL NT

"Entonces, si alguno os dijere: Mirad, aquí está el Cristo, o mirad, allí está, no lo creáis. 24 Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos". Mateo 24:23-24. 

¿Qué nos advierte Jesús aquí? ¿Por qué debemos prestar seria atención a esta advertencia?

Jesús no pudo haber sido más claro: «Porque se levantarán falsos cristos y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios para engañar, si fuere posible, aun a los elegidos» (Mateo 24:24).

Los engaños acerca de los que nos advierte son sin duda muy persuasivos, pues van acompañados de «grandes señales y prodigios». Las manifestaciones sobrenaturales no son en sí mismas una evidencia de la obra de Dios, por muy persuasivas que parezcan. Tenemos enemigos sobrenaturales. Como nos ha advertido Pablo: «Porque no tenemos lucha contra sangre y carne; sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de este mundo de tinieblas, contra malos espíritus de los aires» (Efesios 6:12). Estos poderes actúan por medio de falsos profetas, los cuales no son una novedad. El Nuevo Testamento se refiere a los falsos profetas de los tiempos del Antiguo Testamento (Lucas 6:26). En el Nuevo Testamento, los falsos profetas son comparados con «lobos rapaces» que están «disfrazados de ovejas» (Mateo 7:15), y se nos dice que «por sus frutos los conocerán» (Mateo 7:16).

Su principal ocupación es el engaño (Mateo 7:17-20). El mismo Jesús declaró que «se levantarán muchos falsos profetas y engañarán a muchos» (Mateo 24:11), incluso, «si fuere posible, aun a los elegidos» (Mateo 24:24; ver también Marcos 13:22; 1 Juan 4:1).

Según Efesios 6:10-18, ¿cómo podemos protegernos de cualquier tipo de engaño?

Vivir por fe, revestirnos de la «coraza de justicia», ceñirnos con la «verdad», rendirnos al Espíritu Santo por medio de la oración y estar arraigados en su Palabra. Así es como podemos protegernos de todo lo que, de otro modo, nos desviaría espiritual y teológicamente.

Elena White nunca presentó su obra como equivalente o superior a la Biblia. Por el contrario, ensalzo la palabra de Dios. En su primer folleto, por ejemplo, publicado en 1851, escribió: Le recomiendo querido lector, la Palabra de Dios como su norma de fe y de su práctica" (Elena White. A Sketch of the christian experience and views of Ellen White (Saratoga Springs, NY: James White, 1851), 64.
Luego de su última intervención ante el congreso de la AG celebrado en 1909, regresó al púlpito, levantó la Biblia con las manos temblorosas extendidas y declaró: "Hermanos y hermanas les recomiendo este libro" (Arthur White. Ellen White t. 6 The later Years: 1905-1915 R&H, 1982), 197.
Toda su vida, su ministerio y sus escritos enaltecieron las Escrituras por encima de sus propios escritos.

Entonces, si ya tenemos la Biblia como fuente autoritativa ¿por qué Dios le da a la iglesia el don del espíritu de profecía?
Su respuesta:
"Se presta poca atención a la Biblia, por lo que el Señor ha dado una luz menor para guiar a hombres y mujeres hacia la luz mayor" (R&H 20/01/1903), 14.
"No están familiarizados con las Escrituras. Si hubieran estudiado la Palabra de Dios con un deseo de alcanzar la norma bíblica y lograr la perfección cristiana, no habrían necesitado los Testimonios. Es porque han descuidado el conocimiento del Libro inspirado por Dios, por lo que él ha intentado alcanzarlos por medio de testimonios sencillos y directos, llamando su atención a las palabras inspiradas que no han obedecido, y urgiéndolos a armonizar su vida a sus puras y elevadas enseñanzas. El Señor tiene el propósito de advertirnos, reprendernos, aconsejarnos por medio de los Testimonios que ha dado, y de impresionar nuestra mente con la importancia de la verdad de su Palabra. El deber del ser humano hacia Dios y hacia sus semejantes ha sido claramente especificado en la Palabra de Dios; sin embargo, pocos obedecen la luz dada". 2TI, 535.

¿Qué puedes hacer para estar mejor equipado contra los engaños que azotan nuestro mundo?

CONCLUSIÓN

Como hemos aprendido, Dios llamó a profetas en momentos específicos y les encomendó tareas importantes. Su función principal era llevar a las personas al conocimiento de Dios y a una relación fiel con él. Esta fue la orientación que guio a Elena de White. Su ministerio tenía dos funciones principales: llevar a las personas a Jesús y dirigir la atención de ellas hacia la Biblia.

Elena de White amó profundamente a Jesús durante toda su vida, la cual estuvo dedicada a compartir el amor de Dios con los demás. Su famosa serie de cinco libros titulada «El gran conflicto» comienza y termina con las palabras «Dios es amor». En El camino a Cristo, quizá su libro más popular, escribió: «Nuestro crecimiento en la gracia, nuestro gozo, nuestra utilidad, todo depende de nuestra unión con Cristo. Debemos crecer en la gracia por medio de la comunión con él día a día, hora a hora —permaneciendo en él—. Él no solo es el autor, sino también el perfeccionador de la fe» (CC, 58).

Durante la década de 1890, cuando trabajaba en El Deseado de todas las gentes, escribió en su diario: «Al escribir sobre la vida de Cristo, me siento profundamente conmovida. Me olvido de respirar como debería. No puedo soportar la intensidad del sentimiento que me invade cuando pienso en lo que Cristo sufrió en nuestro mundo» (Manuscrito 70, 1897). 
A Elena de White le encantaba hablar de Jesús. La Biblia fue el segundo eje de su ministerio. Ella consideraba sus escritos como una «luz menor» que guiaba a las personas hacia la «luz mayor»: la Biblia (3MS, 34). Siempre animaba a las personas a acudir a las Escrituras, donde Dios ha revelado su carácter amoroso y su plan de salvación. Como ella misma dijo al principio de su ministerio: «Recomiendo al amable lector la Palabra de Dios como regla de fe y práctica» (3MS, 33).

Años más tarde, escribiría: «El Señor desea que estudies la Biblia. No ha dado ninguna luz adicional que sustituya a su Palabra. [...] Si se asimila y se digiere, [su Palabra] es como la sangre vital del alma. Entonces, las buenas obras se verán como luz que brilla en la oscuridad» (Carta 130, 1901).

Elena de White también creía que todos los que reclaman el manto profético de Cristo deben enseñar «lo que Cristo había enseñado. Eso incluye lo que él había dicho, no solamente en persona, sino a través de todos los profetas y maestros del Antiguo Testamento. Excluye la enseñanza humana» (DTG, 766).

Elena de White mantuvo a Jesús y las Escrituras en el centro de su experiencia cristiana.

Los profetas del AT

"Josafat se puso en pie y dijo: 'Óiganme, Judá y habitantes de Jerusalén: crean al Señor su Dios y estarán seguros; crean a sus profetas y serán prosperados'" (2 Crónicas 20:20).

El Sistema de Posicionamiento Global (GPS, por sus siglas en inglés) ayuda a los viajeros a saber dónde están, hacia dónde se dirigen, e incluso les advierte de los peligros durante el recorrido. Los viajeros espirituales que se dirigen al cielo también necesitan orientación de un «GPS» celestial para el presente y para el futuro. Una forma en que Dios orientó a su pueblo fue el ministerio de los profetas del Antiguo Testamento. En sus narraciones, consejos, profecías, poesía y expresiones de alabanza descubrimos mucho acerca de las docenas de profetas que presentaron los mensajes de Dios al pueblo.

Hoy exploraremos las descripciones de los profetas mencionados en el Antiguo Testamento, descripciones que nos ayudan a comprender el don profético y cómo se manifestó en algunos de estos siervos de Dios.

Como veremos, eran personas como nosotros, seres humanos frágiles que sentían temor, ira y desánimo. La vida no era fácil para ellos, sino que estaba, como la nuestra, repleta de desafíos y dificultades.

En vista de ello, ¿qué podemos aprender al observar a algunos de estos siervos de Dios especialmente llamados al ministerio profético?

I. LA HUMANIDAD DE LOS PROFETAS

Como vimos la semana pasada, el Señor utilizó al profeta Elías para realizar una grandiosa obra en Israel a pesar de la feroz oposición que debió enfrentar. Lo que el Señor había logrado por medio de él era increíble. Sin embargo, lo que sucedió después es difícil de creer.

Reflexiona acerca de cómo presenta Santiago al profeta Elías en Santiago 5:17-18. ¿Qué quiso decir al afirmar que Elías «era hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras»?

Elías tuvo un éxito notable en el monte Carmelo (1 Reyes 18), donde Dios obró de manera poderosa por medio de él y ocurrió uno de los milagros más asombrosos de la historia del Antiguo Testamento: en respuesta al clamor de Elías, ¡el fuego descendió del cielo! (1 Reyes 18:38). Se podría pensar que este hombre de Dios se sintió sumamente feliz después de algo así.

"Acab dio a Jezabel la nueva de todo lo que Elías había hecho, y de cómo había matado a espada a todos los profetas. 2 Entonces envió Jezabel a Elías un mensajero, diciendo: Así me hagan los dioses, y aun me añadan, si mañana a estas horas yo no he puesto tu persona como la de uno de ellos. 3 Viendo, pues, el peligro, se levantó y se fue para salvar su vida, y vino a Beerseba, que está en Judá, y dejó allí a su criado. 4 Y él se fue por el desierto un día de camino, y vino y se sentó debajo de un enebro; y deseando morirse, dijo: Basta ya, oh Jehová, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres. 5 Y echándose debajo del enebro, se quedó dormido; y he aquí luego un ángel le tocó, y le dijo: Levántate, come. 6 Entonces él miró, y he aquí a su cabecera una torta cocida sobre las ascuas, y una vasija de agua; y comió y bebió, y volvió a dormirse. 7 Y volviendo el ángel de Jehová la segunda vez, lo tocó, diciendo: Levántate y come, porque largo camino te resta". 1 Reyes 19:1-16. 

¿Qué dice el texto acerca del estado emocional del profeta de Dios?

«Basta ya, Señor, quita mi vida, que no soy mejor que mis padres» (1 Reyes 19:4). ¿Cómo se explica ese aparente episodio de depresión? Lo que ocurrió en el monte Carmelo sería difícil de superar.

Quizá la clave del estado de ánimo de Elías se encuentre en sus palabras: «Sentí un vivo celo por el Señor Dios Todopoderoso, porque los israelitas han dejado tu pacto, han derribado tus altares y han matado a tus profetas. Solo yo he quedado, y me buscan para quitarme la vida» (1 Reyes 19:10). Sus palabras parecen un lamento por lo que percibía como el fracaso en su ministerio. Es decir, la apostasía seguía presente a pesar de sus mejores esfuerzos. Sea lo que fuere que le estaba ocurriendo, resulta evidente la humanidad y fragilidad de este hombre de Dios. En otras palabras, Elías era un hombre que tenía una naturaleza como la nuestra (Santiago 5:17).

¿Por qué sentimos a veces que hemos fracasado en la vida o que nuestros esfuerzos han sido en vano? ¿Qué promesas bíblicas pueden ayudarnos a superar el desánimo?

II. IDENTIFICANDO A LOS VERDADEROS PROFETAS

Hubo falsos profetas en la etapa temprana de la historia de Israel (Deuteronomio 18:20), pero Dios no dejó a su pueblo sin orientación acerca de quiénes eran sus verdaderos profetas.

Como receptores de la revelación y la inspiración de Dios, los verdaderos profetas transmitían fiel, precisa y honestamente los mensajes divinos, aunque a veces eso los hiciera impopulares entre los poderosos.

"Tres años pasaron sin guerra entre los sirios e Israel. 2 Y aconteció al tercer año, que Josafat rey de Judá descendió al rey de Israel. 3 Y el rey de Israel dijo a sus siervos: ¿No sabéis que Ramot de Galaad es nuestra, y nosotros no hemos hecho nada para tomarla de mano del rey de Siria? 4 Y dijo a Josafat: ¿Quieres venir conmigo a pelear contra Ramot de Galaad? Y Josafat respondió al rey de Israel: Yo soy como tú, y mi pueblo como tu pueblo, y mis caballos como tus caballos. 5 Dijo luego Josafat al rey de Israel: Yo te ruego que consultes hoy la palabra de Jehová. 6 Entonces el rey de Israel reunió a los profetas, como cuatrocientos hombres, a los cuales dijo: ¿Iré a la guerra contra Ramot de Galaad, o la dejaré? Y ellos dijeron: Sube, porque Jehová la entregará en mano del rey. 7 Y dijo Josafat: ¿Hay aún aquí algún profeta de Jehová, por el cual consultemos? 8 El rey de Israel respondió a Josafat: Aún hay un varón por el cual podríamos consultar a Jehová, Micaías hijo de Imla; mas yo le aborrezco, porque nunca me profetiza bien, sino solamente mal. Y Josafat dijo: No hable el rey así. 9 Entonces el rey de Israel llamó a un oficial, y le dijo: Trae pronto a Micaías hijo de Imla. 10 Y el rey de Israel y Josafat rey de Judá estaban sentados cada uno en su silla, vestidos de sus ropas reales, en la plaza junto a la entrada de la puerta de Samaria; y todos los profetas profetizaban delante de ellos. 11 Y Sedequías hijo de Quenaana se había hecho unos cuernos de hierro, y dijo: Así ha dicho Jehová: Con estos acornearás a los sirios hasta acabarlos. 12 Y todos los profetas profetizaban de la misma manera, diciendo: Sube a Ramot de Galaad, y serás prosperado; porque Jehová la entregará en mano del rey. 13 Y el mensajero que había ido a llamar a Micaías, le habló diciendo: He aquí que las palabras de los profetas a una voz anuncian al rey cosas buenas; sea ahora tu palabra conforme a la palabra de alguno de ellos, y anuncia también buen éxito. 14 Y Micaías respondió: Vive Jehová, que lo que Jehová me hablare, eso diré". 1 Reyes 22:1-14. 

¿Qué nos dice esto acerca de cómo actúan los profetas fieles?

Que un rey diga de un profeta: «Lo aborrezco, porque nunca me profetiza el bien sino solo el mal» (1 Rey. 22:8) dice mucho de ese monarca, pero más aún del profeta, quien obviamente no temía decir la verdad, ni siquiera al propio rey, lo cual no era la mejor manera de obtener el favor real.

Micaías se enfrentó solo a cuatrocientos falsos profetas al presentar la verdad que se le había revelado. Pese a la presión para que alterara los mensajes negativos del Señor a fin de apaciguar así al malvado rey Acab y a su impía esposa Jezabel (1 Reyes 22:13-14), Micaías presentó la verdad de Dios sin importarle cómo fuera recibida.

"Y se habían perdido las asnas de Cis, padre de Saúl; por lo que dijo Cis a Saúl su hijo: Toma ahora contigo alguno de los criados, y levántate, y ve a buscar las asnas. 4 Y él pasó el monte de Efraín, y de allí a la tierra de Salisa, y no las hallaron. Pasaron luego por la tierra de Saalim, y tampoco. Después pasaron por la tierra de Benjamín, y no las encontraron. 5 Cuando vinieron a la tierra de Zuf, Saúl dijo a su criado que tenía consigo: Ven, volvámonos; porque quizá mi padre, abandonada la preocupación por las asnas, estará acongojado por nosotros. 6 Él le respondió: He aquí ahora hay en esta ciudad un varón de Dios, que es hombre insigne; todo lo que él dice acontece sin falta. Vamos, pues, allá; quizá nos dará algún indicio acerca del objeto por el cual emprendimos nuestro camino. 7 Respondió Saúl a su criado: Vamos ahora; pero ¿qué llevaremos al varón? Porque el pan de nuestras alforjas se ha acabado, y no tenemos qué ofrecerle al varón de Dios. ¿Qué tenemos? 8 Entonces volvió el criado a responder a Saúl, diciendo: He aquí se halla en mi mano la cuarta parte de un siclo de plata; esto daré al varón de Dios, para que nos declare nuestro camino. 9 (Antiguamente en Israel cualquiera que iba a consultar a Dios, decía así: Venid y vamos al vidente; porque al que hoy se llama profeta, entonces se le llamaba vidente.) 10 Dijo entonces Saúl a su criado: Dices bien; anda, vamos. Y fueron a la ciudad donde estaba el varón de Dios. 11 Y cuando subían por la cuesta de la ciudad, hallaron unas doncellas que salían por agua, a las cuales dijeron: ¿Está en este lugar el vidente? 12 Ellas, respondiéndoles, dijeron: Sí; helo allí delante de ti; date prisa, pues, porque hoy ha venido a la ciudad en atención a que el pueblo tiene hoy un sacrificio en el lugar alto. 13 Cuando entréis en la ciudad, le encontraréis luego, antes que suba al lugar alto a comer; pues el pueblo no comerá hasta que él haya llegado, por cuanto él es el que bendice el sacrificio; después de esto comen los convidados. Subid, pues, ahora, porque ahora le hallaréis. 14 Ellos entonces subieron a la ciudad; y cuando estuvieron en medio de ella, he aquí Samuel venía hacia ellos para subir al lugar alto. 1 Samuel 9:3-14. 

¿Qué nos dicen estos versículos acerca de cómo veían los demás a los profetas fieles de Dios?

La Biblia registra numerosos ejemplos del elevado concepto que las personas en general tenían de los profetas. En este caso, Saúl fue enviado por su padre, Cis, a buscar sus asnos perdidos. El siervo que viajaba con Saúl le sugirió que no abandonara la búsqueda, porque «en esta ciudad hay un hombre de Dios que es varón insigne» (1 Samuel 9:6). La descripción que se hace aquí del profeta Samuel refleja las cualidades que se esperan de los profetas de Dios. Los verdaderos profetas bíblicos eran reconocidos como «hombres de Dios», elegidos en parte para ejemplificar el carácter divino. Al mismo tiempo, el hecho de que algunos de los «hombres de Dios» fueran profetas no los convertía en seres humanos perfectos.

¿Has conocido algún verdadero «hombre de Dios» que sea perfecto?

III. FUNCIONES DE LOS PROFETAS

Lee 1 Samuel 8:4-22 y Levítico 8:10-13. ¿Cómo actuaban los profetas en relación con los reyes y los sacerdotes?

Los profetas interactuaban con los reyes tanto en situaciones agradables como desagradables. Cuando Israel exigió un monarca (1 Samuel 8:4-22), dijeron que querían «un rey que nos gobierne, como todas las naciones» (1 Samuel 8:5).

¡Cuán triste y poderoso ejemplo del peligro al que se ha enfrentado el pueblo de Dios en todas las épocas: el deseo de ser como quienes los rodean! En este caso, no tenían idea de lo que esta petición acarrearía, a pesar de que Dios les había advertido de ello (1 Samuel 8:11-18) por medio de su profeta. Basándose en esos deseos, y a pesar de su advertencia, Samuel pronto ungió a Saúl, el primer rey de Israel.

Los dos libros de Reyes y de Crónicas registran el tipo y la calidad del gobierno de los reyes de Israel y Judá. La historia sagrada muestra que los reyes que hicieron el mal superaron en número a los que hicieron el bien a los ojos de Dios. Una de las funciones principales de los profetas era ayudar a los reyes infieles a retornar a la obediencia de la ley de Dios. Como resultado, esos voceros del Señor se enfrentaron a amenazas, y algunos incluso fueron heridos y asesinados por reyes que alejaron de Dios a su pueblo (1 Reyes 18:4-19; 2 Crónicas 24:20-22).

Los profetas también interactuaban con los sacerdotes. Moisés, profeta de Dios, ungió a Aarón y a sus hijos, los primeros sacerdotes israelitas (Levítico 8:10-13). Hubo ocasiones en que los sacerdotes recibieron palabras de reprensión de Dios por medio de los profetas (Oseas 6:9; Malaquías 2:1-3). Un ejemplo llamativo de esto es toda la familia de Elí, que fue confrontada por sus prácticas corruptas (1 Samuel 2:27-36). Estas fueron reprimendas muy severas contra la corrupción rampante de quienes gozaban de privilegios especiales.

Además, los profetas eran maestros del pueblo (2 Crónicas 34). Como tales, presentaban mensajes de Dios a los sacerdotes, a los reyes y a la nación (Jeremías 5:31; Ezequiel 22:26). Los profetas también comunicaban a las naciones vecinas el plan de Dios para ellas, un tema que se repite varias veces en los mensajes proféticos del Antiguo Testamento (Isaías 60:1-3; 62:1-2). Se esperaba que los profetas no solo comunicaran fielmente los mensajes que Dios les confiaba, sino que a veces debían ponerlos por escrito y conservarlos (2 Crón. 13:22). Como se dijo anteriormente, por muy humanos e imperfectos que fueran, eran hombres y mujeres de oración, fieles a la Palabra, y servidores de Dios y de su pueblo (Jeremías 42:4; 2 Reyes 22:15-17).

IV. MUJERES PROFETAS

"Y María la profetisa, hermana de Aarón, tomó un pandero en su mano, y todas las mujeres salieron en pos de ella con panderos y danzas". Éxodo 15:20

"Gobernaba en aquel tiempo a Israel una mujer, Débora, profetisa, mujer de Lapidot". Jueces 4:4

"Entonces fueron el sacerdote Hilcías, y Ahicam, Acbor, Safán y Asaías, a la profetisa Hulda, mujer de Salum hijo de Ticva, hijo de Harhas, guarda de las vestiduras, la cual moraba en Jerusalén en la segunda parte de la ciudad, y hablaron con ella". 2 Reyes 22:14; 

"Acuérdate, Dios mío, de Tobías y de Sanbalat, conforme a estas cosas que hicieron; también acuérdate de Noadías profetisa, y de los otros profetas que procuraban infundirme miedo". Nehemías 6:14. 

¿Qué enseñan estos textos acerca del papel profético?

Hay abundante evidencia en las Escrituras de que Dios llamó a mujeres para que sirvieran como profetas (ver el uso de la palabra hebrea nevi’ah en Éxodo 15:20 y de la palabra griega profētis en Lucas 2:36). En Miqueas 6:4, María aparece junto a Moisés y Aarón como enviados por Dios al pueblo. María es presentada como una profetisa que entonó un canto de victoria cuando los israelitas cruzaron el Mar Rojo (Éxodo 15:20-21). Sin embargo, esta profetisa, al igual que sus colegas masculinos, no estaba exenta de culpa, como revela su vergonzosa actitud hacia Moisés y su esposa madianita, de tez más oscura, acciones por las que la profetisa fue debidamente disciplinada (ver Números 12:1-10).

Podemos ver la obra de otra profetisa en la historia de Débora, quien actuó como jueza en Israel (Jueces 4:1-4).

De hecho, hay pruebas claras de que Débora (Jueces 4:4) recibió una revelación de Dios (Jueces 4:4-9, 14-22). Su canto de victoria (Jueces 5:2-31) es un reconocimiento de la intervención de Dios y tuvo un profundo significado teológico para la nación en ese momento de la historia.

Lee 2 Reyes 22:11-14. ¿Por qué los hombres del rey Josías fueron a ver a Hulda? ¿Qué nos dice esto acerca de la importante función que cumplía en la nación?

Los principales consejeros del rey Josías consultaron a Hulda «la profetisa» (2 Reyes 22:14; 2 Crónicas 34:22) después de leer al rey las palabras del «libro de la ley» (2 Reyes 22:8) (que se cree que es Deuteronomio), quien, en respuesta, «rasgó su vestido» (2 Reyes 22:11).

Obviamente, se trataba de un asunto muy importante, y el rey lo tomó como tal, por lo que sus hombres acudieron directamente a Hulda. Ella había recibido un mensaje de Dios acerca del inminente juicio de Judá. Las reformas de Josías fueron el resultado de los mensajes proféticos de Hulda y evitaron que el juicio de Dios fuera ejecutado sobre su pueblo.

Aunque llamados por Dios, los profetas y las profetisas también eran pecadores que necesitaban la gracia divina. ¿Qué esperanza puedes obtener de sus historias?

V. FALSOS PROFETAS

Satanás falsifica todo lo que Dios hace. Eso incluye el ministerio profético. Israel tuvo ante sí a profetas verdaderos y falsos. La clave era saber distinguir entre unos y otros.

"Palabra de Jehová que vino a Jeremías, con motivo de la sequía. 2 Se enlutó Judá, y sus puertas se despoblaron; se sentaron tristes en tierra, y subió el clamor de Jerusalén. 3 Los nobles enviaron sus criados al agua; vinieron a las lagunas, y no hallaron agua; volvieron con sus vasijas vacías; se avergonzaron, se confundieron, y cubrieron sus cabezas. 4 Porque se resquebrajó la tierra por no haber llovido en el país, están confusos los labradores, cubrieron sus cabezas. 5 Aun las ciervas en los campos parían y dejaban la cría, porque no había hierba. 6 Y los asnos monteses se ponían en las alturas, aspiraban el viento como chacales; sus ojos se ofuscaron porque no había hierba. 7 Aunque nuestras iniquidades testifican contra nosotros, oh Jehová, actúa por amor de tu nombre; porque nuestras rebeliones se han multiplicado, contra ti hemos pecado. 8 Oh esperanza de Israel, Guardador suyo en el tiempo de la aflicción, ¿por qué te has hecho como forastero en la tierra, y como caminante que se retira para pasar la noche? 9 ¿Por qué eres como hombre atónito, y como valiente que no puede librar? Sin embargo, tú estás entre nosotros, oh Jehová, y sobre nosotros es invocado tu nombre; no nos desampares. 10 Así ha dicho Jehová acerca de este pueblo: Se deleitaron en vagar, y no dieron reposo a sus pies; por tanto, Jehová no se agrada de ellos; se acordará ahora de su maldad, y castigará sus pecados. 11 Me dijo Jehová: No ruegues por este pueblo para bien. 12 Cuando ayunen, yo no oiré su clamor, y cuando ofrezcan holocausto y ofrenda no lo aceptaré, sino que los consumiré con espada, con hambre y con pestilencia. 13 Y yo dije: ¡Ah! ¡Ah, Señor Jehová! He aquí que los profetas les dicen: No veréis espada, ni habrá hambre entre vosotros, sino que en este lugar os daré paz verdadera. 14 Me dijo entonces Jehová: Falsamente profetizan los profetas en mi nombre; no los envié, ni les mandé, ni les hablé; visión mentirosa, adivinación, vanidad y engaño de su corazón os profetizan". Jeremías 14:1-15. 

¿Qué sucedía según este texto y cómo consideraba el Señor a quienes hablaban en su nombre como «profetas» sin serlo?

En Jeremías 14, Dios encomendó a Jeremías un mensaje de juicio para Judá; es decir, una medida disciplinaria que se concretaría en forma de espada (guerra), hambruna y pestilencia. Los falsos profetas de la época contradecían el mensaje de Jeremías, quien los describe en términos muy claros: «Entonces el Señor me dijo: “Los profetas profetizan mentiras en mi nombre. No los envié, ni los mandé, ni les hablé. De su corazón les profetizan visión mentirosa, adivinación, vanidad y engaño”» (Jeremías 14:14).

Los falsos profetas eran corruptos porque la fuente de sus afirmaciones proféticas eran a menudo los falsos «dioses» a los que adoraban (Jeremías 23:13-14). Dios advierte: «No los envié, ni los mandé, ni les hablé» (Jeremías 14:14). Son «profetas que profetizan mentira, que profetizan el engaño de su corazón» (Jeremías 23:26). Ezequiel recibió la orden de profetizar contra «los profetas [...] que profetizan lo que hay en sus propios corazones» (Ezequiel 13:2, RVA-2015). Los falsos profetas suelen seguir las opiniones populares. Este fue el caso en 1 Reyes 22, cuando un grupo de cuatrocientos «profetas» se reunió por orden del rey Acab (1 Reyes 22:6) y le aconsejaron al unísono que luchara contra Ramot de Galaad. Acab consultó con Josafat, rey de Judá, después de escuchar ese consejo de los profetas de Asera. Josafat instó a Acab a consultar al profeta Micaías para saber si debían ir a la batalla o no. «Entonces el mensajero que había ido a llamar a Micaías le habló, diciendo: “Las palabras de los profetas a una anuncian el bien al rey. Sea ahora tu palabra como la de ellos y anuncia el bien”» (1 Reyes 22:13).

La presión que Micaías experimentó para que mintiera fue probablemente la misma que sintieron los falsos profetas de Asera, pero el hombre de Dios no acompañó la opinión popular, sino que esperó que Dios lo instruyera acerca de qué debía decir (1 Reyes 22:14).

Tanto en el caso de los profetas como en el de las personas en general, siempre es fácil concordar con lo que es popular. En vista de cuán corrupta puede ser la cultura, ¿por qué no es sabio proceder de esa manera?

CONCLUSIÓN

Como hemos visto, la experiencia de los profetas del Antiguo Testamento demuestra que nunca ha sido fácil ser un mensajero de Dios. Elena de White experimentó las mismas inquietudes que los profetas bíblicos. Como aprendimos el viernes pasado, era joven, tímida y no gozaba de buena salud cuando recibió el llamado de Dios. Aunque una segunda visión confirmó su llamado, Elena seguía preocupada por el llamado de Dios y escribió lo siguiente: «Aproximadamente una semana después, el Señor me concedió otra visión en la que me mostró las pruebas por las que debía pasar; que debía ir y contar a otros lo que él me había revelado; que encontraría gran oposición y sufriría angustia espiritual. […]

»Esta visión me turbó enormemente. Mi salud era muy delicada y solo tenía diecisiete años. […] Oré fervientemente para que esa carga recayera sobre otra persona. Pero la respuesta que obtuve fue: “Da a conocer a los demás lo que te he revelado”. No estaba dispuesta a ir al mundo. Por naturaleza, tenía poca confianza en mí misma. […] Deseé morir. La muerte me parecía preferible a las responsabilidades que tendría que asumir» (Spiritual Gifts, t. 2, pp. 35-36).

La joven Elena habría preferido morir antes que aceptar su misión como vocera de Dios. Tras mucha oración y ánimo de sus compañeros creyentes, accedió y dedicó el resto de su vida a obedecer «los mandatos de Dios» (Elena de White, Spiritual Gifts, t. 2, p. 38).

Como resultado de ello, llegaría a ser la voz más influyente de la futura Iglesia Adventista del Séptimo Día y para esta. Sin embargo, Elena era humana y tenía sus propios defectos, problemas de salud, desafíos familiares y conflictos interpersonales. Sin embargo, y a pesar de su humanidad, la gran lección que su caso nos enseña es que Dios elige a personas imperfectas dispuestas a servir.

Bajo la guía del Espíritu Santo, el ministerio profético de Elena de White animaría a los creyentes y los conectaría con las verdades bíblicas. En 1860, ella había desempeñado un papel destacado en el desarrollo de la entonces incipiente confesión adventista del séptimo día y su misión de proclamar los mensajes de los tres ángeles al mundo. Dios orientó a estos creyentes para organizar la Iglesia Adventista del Séptimo Día en 1863. En décadas posteriores, la voz profética de Elena de White fue determinante en el establecimiento de los sistemas adventistas de salud y educación a nivel mundial. Sin embargo, la contribución más importante de su ministerio son las aproximadamente cien mil páginas de sus escritos inspirados, que continúan comunicando la instrucción divina en todo el mundo.

El llamado de un profeta

Después oí la voz del Señor, que dijo: “¿A quién enviaré? ¿Quién irá de nuestra parte?”. Entonces respondí: “Aquí estoy, envíame a mí”» (Isaías 6:8).

Los profetas solían desempeñar un papel esencial en la historia del pueblo de Dios, y en ocasiones asumían posiciones relevantes o incluso cruciales en la vida de la comunidad. Sin embargo, la vida de los profetas no era fácil y a menudo no aceptaban fácilmente el llamado divino a desempeñarse como profetas. Y no es de extrañar. Muchos profetas enfrentaban una fuerte oposición de quienes deberían haber recibido con agrado sus mensajes. Eran ignorados, ridiculizados, golpeados, encarcelados o perseguidos como animales salvajes. Varios fueron incluso asesinados.

Actualmente, en una generación inundada de violencia, codicia, inmoralidad, explotación y todo tipo de influencias satánicas, la voz profética suele ser rechazada o simplemente ignorada. Estamos llamados a escuchar esa voz y a ser mensajeros de la esperanza que nos ha sido transmitida a través de ellos.

Ya vimos cómo Dios se esforzó por restablecer la comunicación con la humanidad tras la caída en el Edén. Hoy examinaremos algunos momentos trascendentales de la historia en los que Dios llamó a profetas para encaminar a su pueblo mediante sus mensajes en favor de un mundo caído.

I. ABRAHAM, EL DEFENSOR DE UN PACTO

Desde Génesis hasta Apocalipsis, Dios ha tenido un remanente fiel que ha aceptado el llamado a la obediencia en respuesta a su gracia (ver Jeremías 31:7, 31-34). Por ejemplo, años después de la dispersión de Babel, Dios eligió a Abram (más tarde Abraham) para que fuera un ejemplo de fe en el pacto, no solo para su familia, sino para todas las generaciones futuras. Rodeado de apostasía y ambivalencia moral, Abram demostró ser fiel al llamado de Dios (ver Génesis 12:1-9).

Dios comunicó los términos del pacto a Abraham y le mostró cómo se lograría la salvación de la humanidad mediante el sacrificio de Cristo (Génesis 15:6-17). Para poner a prueba la fe de Abraham e ilustrar el futuro sacrificio del Hijo de Dios, se pidió al patriarca que ofreciera a Isaac, su hijo, como sacrificio a Dios (Génesis 22:1-17). ¡Qué prueba tan dolorosa para el padre de los fieles! Piensa en todas las razones que Abraham pudo haber esgrimido para ignorar la orden explícita de Dios. Sin embargo, él obedeció fielmente. Dios detuvo la mano de Abraham antes de que matara a Isaac y le proveyó un carnero en su lugar.

No todos los profetas fueron llamados por Dios para advertir de una catástrofe inminente, pero todos fueron llamados para restaurar la fidelidad del pueblo y, a menudo, para advertir contra la apostasía, y contra la violación del pacto y sus estipulaciones.

Sin embargo, lo más importante de la tarea profética era revelar la promesa de la salvación por medio del Mesías. El testimonio perdurable de los profetas bíblicos y del Espíritu Santo en nuestra era posapostólica nos llama a reconocer y advertir a otros acerca de la crisis inminente que vendrá sobre el mundo. Sin embargo, lo fundamental de esa advertencia es la buena noticia de la redención para el pueblo fiel de Jesús, aquellos que han permanecido en una relación de pacto con él (Apocalipsis 12:17).

" Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia". Génesis 15:6
"Así Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia. 7 Sabed, por tanto, que los que son de fe, estos son hijos de Abraham. 8 Y la Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, dio de antemano la buena nueva a Abraham, diciendo: En ti serán benditas todas las naciones. 9 De modo que los de la fe son bendecidos con el creyente Abraham". Gálatas 3:6-9
"Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba". Hebreos 11:8.

¿Qué aspectos de la vida y el carácter de Abraham lo hacían apto para el servicio de Dios a pesar de sus imperfecciones?

Existen muchos paralelismos entre la época de Abraham y la nuestra. Así como el paganismo y la idolatría proliferaban en los días de Abraham, muchas de las ideologías actuales tienen por objeto eliminar o marginar al cristianismo. En contraste con la cultura predominante, el pueblo de Dios está hoy llamado a reflejar fielmente su imagen en sus interacciones diarias con los demás, incluyendo la proclamación de los mensajes de los tres ángeles (Apocalipsis 14:6-12).

Las Escrituras dicen que Abram «creyó al Señor, y eso se le contó por justicia» (Génesis 15:6). ¿Cómo ves la promesa del evangelio revelada en este texto? ¿Qué esperanza puedes obtener de esto para ti mismo?

El mismo profeta era invitado a probar de la gracia y misericordia divina para compartirla con ímpetu a los demás. 

II. EL MENSAJE DE ELÍAS

Lee 1 Reyes 18:19-39. ¿Qué podemos aprender de esta historia acerca de cómo puede operar el don profético?

El llamado y la forma de hablar de Elías reflejaban su papel como mensajero de Dios. Para detener la apostasía de Israel, Dios envió a Elías al rey Acab para anunciarle una sequía de varios años. El Señor utilizó esta aflicción para alejar a su pueblo de la idolatría y traerlo nuevamente a la obediencia. El rey y el pueblo culparon al profeta Elías por su desgracia y procuraron su muerte.

En el monte Carmelo, Elías se enfrentó a los profetas de Baal y Asera. El mensajero de Dios hizo un llamamiento lleno del Espíritu al idólatra Israel para que renunciara a sus dioses falsos y volviera al Señor. El pueblo sabía que sus decisiones los habían conducido a la apostasía nacional. Ahora estaban listos para abrazar de nuevo al Dios de Elías, que había demostrado ser superior a sus dioses falsos, que ni siquiera existían.

Justo antes de la segunda venida de Cristo, Dios ordena a su iglesia que proclame de nuevo el mensaje de Elías, y que el pueblo se aleje de sus «ídolos» y se prepare para el gran día del Señor. Dios sigue comunicándose con su pueblo a través de los canales que ha seleccionado. Su Palabra y el don profético proveen amonestación, advertencia, consejo y aliento.

"Este hecho hace resaltar la trascendental función de los profetas en el pueblo de Dios y la protección que proporcionaban si se atendían sus indicaciones. Este relato establece un contraste significativo con algunos episodios del resto del libro donde los profetas son a menudo desoídos y denigrados" 1CBAn, 543.

«La mayor y más urgente de todas nuestras necesidades es la de un reavivamiento de la verdadera piedad en nuestro medio. Procurarlo debiera ser nuestra primera obra. Debe haber esfuerzos fervientes para obtener las bendiciones del Señor, no porque Dios no esté dispuesto a conferirnos sus bendiciones, sino porque no estamos preparados para recibirlas» (1MS, 147).

Lee Malaquías 4:5-6. ¿Cómo influye el mensaje de Elías en los hogares de quienes siguen a Dios?

El verdadero avivamiento comienza en el corazón y en el hogar. La familia es la piedra angular de la iglesia y un elemento indispensable de la comunidad. El avivamiento en el hogar difunde el amor celestial en la iglesia, la comunidad y la nación. Este es el propósito de Dios para el hogar cristiano. El avivamiento también motiva al pueblo de Dios para el cumplimiento de la misión.

¿Qué tipo de ídolos, si los hay, existen en nuestros hogares, corazones e iglesias?

III. ISAÍAS, EL PROFETA PRECURSOR DEL EVANGELIO

Isaías, uno de los principales profetas del Antiguo Testamento, recibió su llamado al ministerio profético directamente de Dios (ver Isaías 6:1-8). Abrumado por la santidad y la majestad divinas, el profeta se dio cuenta de su indignidad. En ese momento, un serafín voló hacia Isaías con un carbón encendido tomado del altar celestial y Dios perdonó sus pecados. Entonces, Dios preguntó: «¿A quién enviaré? ¿Quién irá de nuestra parte?». La respuesta de Isaías debería ser la nuestra: «Aquí estoy, envíame a mí» (Isaías 6:8).

El llamado de Isaías llegó en un momento crucial de la historia de Israel. A pesar de sus propios defectos, la tarea de advertir a Israel y a sus líderes de sus pecados era muy importante. Las profecías de Isaías son pasajes clave de las Escrituras, pues revelan una profunda comprensión de la naturaleza divina y de la humana, y del plan de salvación que se está desarrollando. De hecho, la profecía más poderosa que describe no solo la muerte de Jesús, sino también lo que esa muerte significó para el mundo, se encuentra en el famoso capítulo 53 de Isaías.

¿De qué manera esta asombrosa profecía (Isaías 53) escrita más de medio milenio antes de la cruz, reveló tan poderosamente la muerte de Cristo por nosotros? ¿Qué nos enseña esta profecía acerca del don profético?

Las profecías de Isaías predijeron el propósito y la misión del Mesías (Isaías 53:3-5). Explicaban por qué Cristo fue «como cordero […] llevado al matadero» (Isaías 53:7) y cómo su sacrificio expiatorio salva del pecado. El aspecto sustitutivo de la muerte de Cristo es descrito allí de manera muy explícita, mostrando el fundamento de la expiación realizada en favor de toda la humanidad.

«Todos nos descarriamos como ovejas, cada cual se desvió por su camino. Pero el Señor cargó sobre él el pecado de todos nosotros» (Isaías 53:6). Aquí se describe la naturaleza universal del pecado y la naturaleza universal de la cruz, que es la solución al pecado. Este capítulo, quizá más que ningún otro en el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento, muestra el plan de salvación en términos sumamente claros e inequívocos.

Sin embargo, el ministerio profético de Isaías no fue fácil. La gente consideraba absurdas sus terribles predicciones acerca de su destrucción, al igual que muchos hoy cuando se les advierte acerca de las consecuencias del pecado (Romanos 6:23). La voz profética de Isaías para su época y la nuestra es clara (ver Isaías 2:4; 5:20). Fue la negativa de la nación a practicar la justicia y la reforma lo que llevó a la destrucción de Jerusalén. El mismo pecado marcará la destrucción de los habitantes malvados de la tierra cuando Cristo regrese.

Lee nuevamente Isaías 53 y anota todo lo que Jesús hace por nosotros según esos versículos. ¿Qué gran esperanza significa para ti lo que el profeta reveló acerca de la muerte de Cristo por nosotros?

IV. DANIEL EL PROFETA FIEL

La mayoría de los cristianos conoce la historia registrada en Daniel 1 acerca de la lealtad del profeta a los principios de salud que había aprendido en su niñez. Daniel fue un modelo de fidelidad (Daniel 1:8). Cuando se le presentaron manjares propios de la realeza, insistió en seguir una dieta basada en vegetales y en beber solo agua, en lugar de participar de la comida del rey (Daniel 1:12-16).

Esa fue una prueba pequeña en comparación con lo que vendría después, como en Daniel 6, cuando su fidelidad pudo haberle costado la vida.

Lee Daniel 2:46-48; 4:18; 5:13-14; 6:25-27. ¿Qué nos dicen estos versículos acerca del tipo de testimonio que Daniel daba a los paganos de su entorno?

Nota el testimonio de estos paganos acerca del poder del Dios de Daniel. Por muy singulares que sean estas historias, todas revelan un principio crucial: mediante nuestras vidas, nuestra fidelidad y el poder de Dios que obra en nosotros y por nuestro intermedio, los demás pueden y deben aprender acerca del Dios del cielo, y que él es «Dios de dioses y Señor de los reyes».

Las profecías de Daniel sirven como recordatorio e incentivo para permanecer siempre vigilantes y guardar los mandamientos de Dios, incluso en las «pequeñas» cosas de la vida.

Además, el profeta Daniel predijo el auge y la caída de las naciones y las consecuencias de su desobediencia a Dios. A través de sus visiones proféticas, Daniel reveló el plan divino y la victoria final del reino de Dios (Daniel 7:13-14).

Pensemos, por ejemplo, en Daniel 2, escrito medio milenio antes de Cristo. Daniel describió con precisión el auge y la caída de cuatro grandes imperios mundiales, llegando incluso hasta nuestros días (los de los pies y los dedos de la estatua, claramente referidos a las naciones de la Europa moderna que, como enseña tan claramente la profecía, «se mezclarán por medio de casamientos pero no se unirán el uno con el otro, así como el hierro no se mezcla con la arcilla» (Daniel 2:43). ¡Cuán asombrosa predicción acerca de Europa, incluso hasta hoy, cuando, a pesar de los matrimonios mixtos y todos los intentos de unidad, el continente es un conjunto de naciones separadas, con leyes, costumbres y tradiciones diferentes! Incluso pocos años antes de la caída de la Unión Soviética, ninguna agencia de inteligencia previó el colapso de ese poder. En vista de ello, el cumplimiento de la predicción de Daniel nos da razones poderosas para confiar en los profetas de Dios.

Todos los reinos de Daniel 2 surgieron y cayeron tal y como se predijo. ¿Qué confianza merece la profecía cuando se refiere a la llegada del reino eterno de Dios (Daniel 2:44)?

V. JUAN EL BAUTISTA Y LA PREPARACIÓN DE UN PUEBLO

Lee Marcos 1:2-5. ¿Cuál era el propósito del ministerio de Juan el Bautista?

La llegada de Juan el Bautista fue el cumplimiento de la profecía de Isaías 40:3. El desarrollo de Juan desde la infancia hasta su adultez estuvo marcado por la fidelidad a Dios. Satanás temía perder su dominio sobre la humanidad después de escuchar la voz de Juan en el desierto. La maldad de los oyentes de Juan quedó al descubierto de una manera que hizo temblar a Satanás. El dominio de este sobre Israel se veía amenazado. Intentó repetidamente disuadir a Juan el Bautista de su estilo de vida fiel y su confianza en el Mesías, pero fracasó.

Lee Mateo 11:1-6. ¿Cómo reafirmó Jesús la fe de Juan mientras este se encontraba en la prisión?

Satanás no pudo hacer pecar a Jesús, y el hecho de que este lo derrotara en el desierto lo enfureció. Cambió entonces de táctica e hizo que Juan, primo de Jesús, fuera encarcelado. El encarcelamiento de aquel entristeció a Jesús, pero Satanás no consiguió que pecara. Así, intentó quebrantar a Juan y agobió emocionalmente el corazón del Salvador. Pero Juan recibió una palabra de aliento de Jesús y, a pesar de sus terribles condiciones y sin entender por qué permanecía en prisión cuando Jesús era tan poderoso, se mantuvo fiel hasta la muerte.

Al igual que los profetas de antaño, estamos llamados a proclamar un mensaje de arrepentimiento y fe, y la perfección de la justicia de Cristo (Apocalipsis 14:6-12). Al igual que con Juan el Bautista, Satanás puede utilizar la incertidumbre para hacernos dudar de la misión que Dios tiene para nosotros. No seremos víctimas del desánimo si recordamos la conducción de Dios en nuestras vidas, especialmente en circunstancias adversas como las que vivió Juan. Sea lo que fuere que los seres humanos hagan para perjudicarnos, podemos acudir a Dios con fe y él nos responderá. Él nos ha prometido el poder para hacer su voluntad (Hech. 1:8). Es imperativo que seamos testigos fieles de Cristo en el mundo poscristiano y no cristiano en que vivimos, cualesquiera que sean nuestras circunstancias.

"Dios no conduce nunca a sus hijos de otra manera que la que ellos elegirían si pudiesen ver el fin desde el principio, y discernir la gloria del propósito que están cumpliendo como colaboradores suyos. Ni Enoc, que fué trasladado al cielo, ni Elías, que ascendió en un carro de fuego, fueron mayores o más honrados que Juan el Bautista, que pereció solo en la mazmorra, “A vosotros es concedido por Cristo, no sólo que creáis en él, sino también que padezcáis por él.”13 Y de todos los dones que el Cielo puede conceder a los hombres, la comunión con Cristo en sus sufrimientos es el más grave cometido y el más alto honor" DTG, 192).

¿Alguna vez te has sentido desconcertado, como Juan en la cárcel, a causa de una situación terrible que estabas atravesando? ¿Cómo mantuviste tu fe y tu confianza en Dios?

CONCLUSIÓN - LLAMADOS AL MINISTERIO PROFÉTICO

Dios llamó a los profetas en momentos específicos y con propósitos especiales. Ellos estaban allí con el mensaje necesario para ese momento. A la luz de ello, los adventistas del séptimo día creemos que Elena de White constituyó una manifestación moderna del don profético y actuó como una profetisa no canónica (veremos más acerca de esto en las lecciones venideras). Elena Harmon recibió su primer llamado al ministerio profético en diciembre de 1844, unas semanas después de que los adventistas milleritas esperaran el regreso de Jesús basándose en Daniel 8:14: «Hasta dos mil trescientas tardes y mañanas; luego el santuario será purificado» (RVA-2015).

Aunque Guillermo Miller nunca estableció una fecha exacta para el cumplimiento de esa profecía, sus seguidores señalaron el 22 de octubre de 1844 como la fecha en que Cristo volvería a la tierra basándose en el cálculo bíblico del Día de la Expiación. Esta creencia provocó una enorme expectación entre miles de personas en los Estados Unidos y otros lugares del mundo. En consecuencia, concluyeron que pronto se reunirían con su Salvador en el cielo. Miller también se llenó de emoción y entusiasmo a medida que se acercaba el esperado advenimiento.

Pero Cristo no apareció, y los creyentes milleritas experimentaron uno de los acontecimientos históricos más devastadores, «el gran chasco».

Ese fue el escenario histórico en el que Dios concedió a Elena Harmon su primera visión. El mensaje principal de esta era de ánimo para ella y los creyentes decepcionados, asegurándoles que Dios seguía con ellos a pesar de la interpretación errónea que habían hecho de la profecía. En esa visión, se mostró a Elena un camino que iba desde esta tierra hasta la Jerusalén celestial y a los creyentes adventistas que se dirigían hacia la Ciudad Santa. «Delante de ellos iba Jesús guiándolos hacia la ciudad, y si no apartaban los ojos de él, iban seguros» (Notas biográficas de Elena de White, p. 64).

Esa visión era una buena noticia. Dios estaba creando un nuevo movimiento a partir de la confusión resultante del chasco. Jesús seguía con ellos y volvería para buscarlos. Seguía guiándolos por el camino de la salvación. Solo tenían que mantener sus ojos «fijos» en él. Tenían grandes razones para no perder la esperanza, incluso en medio de tanta confusión y decepción.

Elena Harmon, una adolescente de 17 años, fue así llamada a su ministerio profético, que no fue fácil, especialmente al principio. Aunque este don fue gradualmente aceptado como genuino, Elena de White temía ser la mensajera de Dios. Ser profeta del Señor nunca fue fácil ni prestigioso.