sábado, 24 de octubre de 2026

Los profetas del NT

"Ahora bien, hay diversos dones, pero el Espíritu es el mismo. Hay diversos ministerios, pero el Señor es el mismo; y hay diversas actividades, pero Dios, que efectúa todas las cosas en todos, es el mismo". (1 Corintios 12:4-6).

En cierta ocasión, un padre y su hijo viajaban en automóvil de regreso a su hogar. Para pasar el tiempo, el niño observaba los automóviles que pasaban. Entonces, el hombre señaló un vehículo y exclamó: «¡Ese es igual al primer automóvil que tuve!». Cuando llegaron a casa, el padre mostró a su hijo el manual de su primer automóvil y el del actual, señalando las características de cada vehículo y destacando las que eran similares y las que habían cambiado. Sin embargo, cuando el padre comparó los dos motores, se dio cuenta de que eran idénticos. Muchas cosas habían cambiado, pero no el motor.

Dios habló a través de los profetas en el Antiguo y en el Nuevo Testamento. La continuidad y la armonía entre ambos se deben a que el Espíritu Santo, la fuente o «motor» de la inspiración divina, ha permanecido invariable. 
El Espíritu Santo siempre capacita a los verdaderos profetas mediante el don profético. 
También coloca a Cristo en el centro de los mensajes de los profetas (Hebreos 1:1-3).

Hoy examinaremos el don profético en el Nuevo Testamento. 
También veremos quiénes ministraban como profetas, en qué se diferenciaban de los apóstoles y el peligro de los falsos profetas.

I. JESÚS COMO PROFETA

Moisés predijo que «un Profeta de en medio de los tuyos, de tus hermanos, como yo, te levantará el Señor tu Dios; a él oirás» (Deuteronomio 18:15). ¿Quién era ese profeta? Las Escrituras dicen claramente que se trató de Jesús mismo: «Porque Moisés dijo: “El Señor vuestro Dios les levantará de entre sus hermanos a un profeta como yo. A él oirán en todo lo que les diga”» (Hechos 3:20-22; ver también Juan 6:14).
Jesús, el cumplimiento perfecto de las profecías bíblicas, es el mismo Dios eterno que existía desde siempre (Juan 1:1-5, 14; 1 Juan 1:1-3). No era un profeta más entre otros, era profeta y Dios en una sola persona. Por lo tanto, una de sus principales funciones proféticas fue unir a los seres humanos en él y guiarlos al Padre (Juan 17). A los profetas bíblicos se eles encomendó una misión similar (Éxodo 19:3, 4; Lucas 3:1-18; Efesios  4:11-13). Los escritos de Elena White tienen el mismo objetivo.

¿Cuál fue el papel profético de Jesús? ¿Cómo se respondía esta pregunta en la época de Jesús? 

"Viniendo Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? 14 Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas. 15 Él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? 16 Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente". Mateo 16:13-16

"Salieron Jesús y sus discípulos por las aldeas de Cesarea de Filipo. Y en el camino preguntó a sus discípulos, diciéndoles: ¿Quién dicen los hombres que soy yo? 28 Ellos respondieron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los profetas. 29 Entonces él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy? Respondiendo Pedro, le dijo: Tú eres el Cristo". Marcos 8:27-29

"Aconteció que mientras Jesús oraba aparte, estaban con él los discípulos; y les preguntó, diciendo: ¿Quién dice la gente que soy yo? 19 Ellos respondieron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, que algún profeta de los antiguos ha resucitado. 20 Él les dijo: ¿Y vosotros, quién decís que soy? Entonces respondiendo Pedro, dijo: El Cristo de Dios". Lucas 9:18-20

Jesús es aquel a quien todos los profetas del Antiguo Testamento señalaban como el Cristo o Mesías venidero. En el Nuevo Testamento, él es reconocido como el cumplimiento de esas profecías mesiánicas. En Lucas 24:13-35, Jesús se identificó como aquel a quien señalaban las profecías mesiánicas.

De hecho, la descripción que se hace en Juan 1:1-5 del Verbo no se ajusta a ningún ser humano, profeta o no. El Verbo es identificado como el Creador, porque «todas las cosas fueron hechas por él. Nada de cuanto existe fue hecho sin él» (Juan 1:3). Es decir, él es el autor de todo lo creado; es decir, del cosmos entero, cuya extensión se estima en 93 000 millones de años luz.

En cada «dijo Dios» de Génesis 1 oímos hablar a Jesús. Aquel que dijo: «Haya luz» (Génesis 1:3) es también la «luz de los hombres» (Juan 1:4), quien estaba disipando las tinieblas de la tierra mediante el plan de salvación (Juan 1:4-5).

Las palabras proféticas de Dios son ciertas y confirmadas. Cuando se les presta atención, son una luz «que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el Lucero de la mañana salga en sus corazones» (2 Pedro 1:19). La profecía seguirá trayendo luz a nuestro mundo pecaminoso hasta que Jesús, «la Estrella de la mañana» y fuente de esa luz profética, inaugure su reino eterno.

El deseo más ferviente de Elena White era compartir vislumbres de Dios por medio de un mensaje cristocéntrico. En 1889 declaró:
"¡Lo amo! ¡Lo amo! Veo en Jesús un encanto sin igual. Veo en él todo lo que los seres humanos pueden desear. Acudamos al Cordero de Dios que quita el pecado del mundo... Obtengamos, por medio de sus méritos y su justicia la preparación necesaria para el cielo. Él no rechazará el alma quebrantada y contrita". (Elena White. Conditions of Acceptance With God. Review and Herald, 2 de Abril de 1889), 12. 
Hacia 1850, por ejemplo, vio al amable Jesús en persona. Tras preguntarle 'si su Padre era una persona y tenía forma como él, dijo Jesús: "Soy la imagen expresa de la persona de mi Padre" (PE, 108).
En 1869 fue describiendo a Jesús de forma más detallada como: "El esplendor de la gloria del Padre, y la imagen expresa de su persona... era igual a Dios".
Dirigiéndose a los jóvenes en 1887, se refirió a Jesús como "el hijo eterno de Dios".
En los años posteriores a 1888. White se distanció de la posición antitrinitaria de sus contemporáneos.
Aa comienzos de 1890 declaró que: "Las palabras de Cristo estaban llenas de profundo significado cuando afirmó que él y el Padre eran de una misma sustancia, poseyendo los mismos atributos. (Elena White. 'The true Sheep Respond to the voice of the Shepherd'. Signs of the Times, 27/11/1983), 6.
Y agregó que Jesús era: "Igual a Dios, infinito y omnipotente... Él es el Hijo eterno y autoexistente" (Elena White. The true High Priest, manuscrito 101, 1987).
Estas reflexiones le llevaron a escribir El Deseado de Todas las Gentes en 1898.
Conforme se acercaba el nuevo siglo, los escritos de White adquirieron un carácter plenamente cristocéntrico. Publicaciones como El camino a Cristo (1892), El discurso Maestro de Jesucristo (1896), Palabras de Vida del Gran Maestro (1900), El ministerio de curación (1905) y Los Hechos de los Apóstoles (1911) ofrecen un panorama amplio y exhaustivo del Salvador. Defienden su naturaleza eterna y su autoexistencia, como Aquel que posee 'toda la plenitud de la Deidad' (6TI, 62).
Su doxología favorita era: "Cristo era Dios en esencia y en la más alta acepción. Era con Dios desde la eternidad, Dios sobre todas las cosas, bendito para siempre". (Elena White. The word made flesh. Review and Herald, 5/4/1906), 8.
Hasta entonces, Cristo ofrece la eternidad a todos en virtud de su vida, muerte y resurrección. La única pregunta es si la aceptaremos o no.

Reflexionemos sobre el hecho de que Jesús, el Creador (Juan 1:1-3), es también quien murió en la cruz por nuestros pecados. ¿Qué nos enseña esta asombrosa verdad acerca del amor de Dios para con nosotros?

II. APÓSTOLES Y PROFETAS

El Nuevo Testamento menciona la obra de los profetas y de los apóstoles, quienes eran «mensajeros» o «enviados» de Dios, que es el significado de la palabra griega apostolos. En los evangelios, la palabra «apóstol» se refiere a los doce discípulos. El resto del Nuevo Testamento respalda esta idea e incluye a otras personas que no formaban parte de ese grupo original.

Pablo se llama a sí mismo apóstol doce veces en sus epístolas. En Romanos 1:1-2, conecta su llamado apostólico y el contenido de su predicación con el mensaje de los profetas del Antiguo Testamento. Pablo se identifica como apóstol de los gentiles (Romanos 11:13) nombrado «por la voluntad de Dios» (1 Corintios 1:1).

A diferencia de los sacerdotes, cuya designación estaba determinada por su pertenencia a una familia específica, Dios eligió a los profetas y a los apóstoles según su voluntad. Cuando se cuestionó el apostolado de Pablo, él defendió su ministerio en esos términos (1 Corintios 9:1-2). Pablo consideraba que su apostolado se basaba en la obra de Cristo, quien es el fundamento de la iglesia (Efesios 2:20).

Como receptores de la revelación de Dios, los apóstoles poseyeron el mismo nivel de inspiración que los profetas (Efesios 3:1-5).

En 2 Pedro 3:1-2, el apóstol se refiere a los profetas como antecesores cuyas palabras eran importantes, pero los apóstoles son presentados como investidos de la misma autoridad. Esos versículos se refieren a los tiempos del Antiguo Testamento y del Nuevo Testamento. Los profetas actuaron como los mensajeros de Dios en la era del Antiguo Testamento, así como los apóstoles lo hicieron en la del Nuevo, pero hubo también personas que profetizaron o ejercieron el don profético sin ser apóstoles. El don de profecía no estaba limitado a los apóstoles en los tiempos del Nuevo Testamento. A su vez, no todos los profetas eran apóstoles (Hechos 15:32).

¿Cuál era la función de los apóstoles y los profetas en relación con Cristo y la iglesia según Efesios 2:20 y 3:5?

Jesús fue el centro de casi todo lo que los apóstoles escribieron en el Nuevo Testamento. De una forma u otra, su vida, muerte, resurrección, ministerio sumo sacerdotal y regreso eran su tema central.

La Biblia es el único registro oficial que tenemos de las palabras de los apóstoles y profetas sobre Jesús, su vida y sus obras. ¿Qué nos dice esto de por qué la Biblia debe ser la autoridad final en lo que creemos sobre Jesús y su muerte por nosotros?

III. FUNCIONES DE LOS PROFETAS DEL NT

¿Qué nos dicen 1 Corintios 14:3, Efesios 4:11-13 y Apocalipsis 22:6 sobre la función de los profetas del Nuevo Testamento?

"Pero el que profetiza habla a los hombres para edificación, exhortación y consolación" 1 Corintios 14:3.

"Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, 12 a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, 13 hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo" Efesios 4:11-13.

"Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto". Apocalipsis 22:6.

A pesar de su utilidad, estos versículos no presentan una visión completa de la tarea de los profetas del Nuevo Testamento. Sin embargo, gran parte de lo que hicieron refleja lo que fue también la labor de los profetas del Antiguo Testamento. Este hecho demuestra la continuidad del don profético.

La profecía aparece en 1 Corintios 12:10 entre otros dones espirituales. En la metáfora del cuerpo de Cristo (1 Corintios 12:27-28) se menciona a los profetas después de los apóstoles, quienes también recibieron revelaciones de Dios. Según 1 Corintios 14:3, «el que profetiza habla a los hombres para edificar, exhortar y consolar».

Efesios 4:11-13 enumera un conjunto de dones espirituales similar al que aparece en 1 Corintios 12. Los profetas son mencionados entre los apóstoles, evangelistas, pastores y maestros (Efesios 4:11). La tarea de estas personas consiste en «perfeccionar a los santos para desempeñar su ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un estado perfecto, a la madurez de la plenitud de Cristo» (Efesios 4:12-13). Como se ve aquí y en otros lugares, Jesús es el centro del mensaje.

El libro de los Hechos habla de dos profetas, Judas y Silas (ninguno de los cuales escribió un libro en la Biblia), que «consolaron y confirmaron a los hermanos con abundancia de palabra» (Hechos 15:32). Aunque es cierto que, en ocasiones, los profetas tienen que pronunciar advertencias, incluso severas, también ofrecen, dependiendo de las circunstancias, palabras de aliento, especialmente en tiempos difíciles, palabras que sin duda fueron muy apreciadas por quienes necesitaban escucharlas, por la esperanza y la promesa que contenían.

Alentar a las personas también es una obra mencionada en el contexto de la profecía (1 Corintios 14:31). En tiempos de tribulación y persecución, el don profético ha sido una fuente de aliento y esperanza. Sin duda alguna, no era una tarea fácil. Elena White recibió visiones de Dios y las compartió con su pueblo, pues no eran mensajes suyos. Sus mensajes han llevado a quienes los reciben 'de la certidumbre a la confianza'
"Camino temerosa ante Dios. No sé cómo hablar ni plasmar con la pluma el vasto tema del sacrificio expiatorio. No sé cómo presentar estos temas con el mismo poder vivo que los veo ante mí. Tiemblo ante el temor de rebajar el gran plan de la salvación con palabras vacías. Me inclino con temor y reverencia ante Dios y digo: ¿Quién es suficiente para estas cosas? (2 Corintios 2:16) ¿Cómo puedo hablar, cómo puedo escribir a mis hermanos para que capten los rayos de luz que destellan desde el cielo? ¿Qué diré?" (Elena White. Carta 40, 1892).

En Apocalipsis 22:6, Jesús se presenta como «el Señor Dios, que inspira a los profetas», cuyas «palabras son ciertas y verdaderas». Por supuesto, todo lo que proviene de los siervos de Dios, cuando hablan en nombre de él, también es «cierto y verdadero». En un mundo tan poco confiable, podemos confiar en lo que dicen los profetas del Señor, especialmente en las Escrituras, nuestra autoridad final y definitiva.

IV. PROFETISAS Y AYUDANTES PASTORALES

"Estaba también allí Ana, profetisa, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad muy avanzada, pues había vivido con su marido siete años desde su virginidad, 37 y era viuda hacía ochenta y cuatro años; y no se apartaba del templo, sirviendo de noche y de día con ayunos y oraciones. 38 Esta, presentándose en la misma hora, daba gracias a Dios, y hablaba del niño a todos los que esperaban la redención en Jerusalén. Lucas 2:36-38 

"Este tenía cuatro hijas doncellas que profetizaban" Hechos 21:9. 

¿Qué dicen estos textos acerca de las profetisas?

En los tiempos del Antiguo Testamento, Dios llamó tanto a hombres como a mujeres para que actuaran como sus mensajeros. En el Nuevo Testamento hay evidencias claras de la existencia de profetisas en el siglo primero. Ana fue la primera en ser llamada «profetisa» en el Nuevo Testamento. Ella era alguien que, en su ministerio de tiempo completo, «servía noche y día con ayuno y oración. […] Dio gracias a Dios y habló del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén» (Lucas 2:37-38).

Hechos 21:9 dice que Felipe tenía «cuatro hijas solteras que profetizaban». Los autores cristianos que se ocuparon de la historia del Nuevo Testamento, como Eusebio, tuvieron acceso a textos posteriores que mencionan dónde es posible que vivieran y dónde fueron sepultadas. En definitiva, esto confirma la existencia de mujeres, muy probablemente jóvenes, que tenían el don profético. No conocemos exactamente el contenido de sus mensajes proféticos ni el alcance de su ministerio, pero sabemos que, como en el caso de muchos otros profetas genuinos, sus palabras no llegaron a formar parte del canon bíblico.

Además de las profetisas, jóvenes pastores trabajaban en estrecha colaboración con los apóstoles, quienes los guiaban en el ministerio. Pablo, por ejemplo, se refirió a Timoteo como «verdadero hijo en la fe» (1 Timoteo 1:2; ver también 1 Timoteo 4:12). Pablo instruyó a Timoteo en los fundamentos del ministerio pastoral y afirmó lo siguiente acerca de su llamamiento: «Hijo Timoteo, te encargo este mandato conforme a las profecías que antes se hicieron acerca de ti. Milita por ellas la buena milicia» (1 Timoteo 1:18).

En Tito 1:4, Pablo presentó a Tito como «verdadero hijo en la común fe», le encomendó la tarea de nombrar líderes para la desafiante congregación de Creta, le ofreció orientación espiritual acerca de cómo abordar esta importante responsabilidad y concluyó: «Esto habla, exhorta y reprende con toda autoridad. ¡Nadie te menosprecie!» (Tito 2:15).

Como es posible ver, en el Nuevo Testamento había apóstoles y profetas canónicos y no canónicos. Teniendo en cuenta todo esto ¿Cómo podemos clasificar a Elena White? ¿A qué categoría de profetas pertenece?

Jóvenes, ancianos, hombres, mujeres: todos podemos desempeñar un papel en la obra de Dios. ¿Cuál es el tuyo y cómo puedes hacer aún más?

V. FALSOS PROFETAS MENCIONADOS EN EL NT

"Entonces, si alguno os dijere: Mirad, aquí está el Cristo, o mirad, allí está, no lo creáis. 24 Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos". Mateo 24:23-24. 

¿Qué nos advierte Jesús aquí? ¿Por qué debemos prestar seria atención a esta advertencia?

Jesús no pudo haber sido más claro: «Porque se levantarán falsos cristos y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios para engañar, si fuere posible, aun a los elegidos» (Mateo 24:24).

Los engaños acerca de los que nos advierte son sin duda muy persuasivos, pues van acompañados de «grandes señales y prodigios». Las manifestaciones sobrenaturales no son en sí mismas una evidencia de la obra de Dios, por muy persuasivas que parezcan. Tenemos enemigos sobrenaturales. Como nos ha advertido Pablo: «Porque no tenemos lucha contra sangre y carne; sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de este mundo de tinieblas, contra malos espíritus de los aires» (Efesios 6:12). Estos poderes actúan por medio de falsos profetas, los cuales no son una novedad. El Nuevo Testamento se refiere a los falsos profetas de los tiempos del Antiguo Testamento (Lucas 6:26). En el Nuevo Testamento, los falsos profetas son comparados con «lobos rapaces» que están «disfrazados de ovejas» (Mateo 7:15), y se nos dice que «por sus frutos los conocerán» (Mateo 7:16).

Su principal ocupación es el engaño (Mateo 7:17-20). El mismo Jesús declaró que «se levantarán muchos falsos profetas y engañarán a muchos» (Mateo 24:11), incluso, «si fuere posible, aun a los elegidos» (Mateo 24:24; ver también Marcos 13:22; 1 Juan 4:1).

Según Efesios 6:10-18, ¿cómo podemos protegernos de cualquier tipo de engaño?

Vivir por fe, revestirnos de la «coraza de justicia», ceñirnos con la «verdad», rendirnos al Espíritu Santo por medio de la oración y estar arraigados en su Palabra. Así es como podemos protegernos de todo lo que, de otro modo, nos desviaría espiritual y teológicamente.

Elena White nunca presentó su obra como equivalente o superior a la Biblia. Por el contrario, ensalzo la palabra de Dios. En su primer folleto, por ejemplo, publicado en 1851, escribió: Le recomiendo querido lector, la Palabra de Dios como su norma de fe y de su práctica" (Elena White. A Sketch of the christian experience and views of Ellen White (Saratoga Springs, NY: James White, 1851), 64.
Luego de su última intervención ante el congreso de la AG celebrado en 1909, regresó al púlpito, levantó la Biblia con las manos temblorosas extendidas y declaró: "Hermanos y hermanas les recomiendo este libro" (Arthur White. Ellen White t. 6 The later Years: 1905-1915 R&H, 1982), 197.
Toda su vida, su ministerio y sus escritos enaltecieron las Escrituras por encima de sus propios escritos.

Entonces, si ya tenemos la Biblia como fuente autoritativa ¿por qué Dios le da a la iglesia el don del espíritu de profecía?
Su respuesta:
"Se presta poca atención a la Biblia, por lo que el Señor ha dado una luz menor para guiar a hombres y mujeres hacia la luz mayor" (R&H 20/01/1903), 14.
"No están familiarizados con las Escrituras. Si hubieran estudiado la Palabra de Dios con un deseo de alcanzar la norma bíblica y lograr la perfección cristiana, no habrían necesitado los Testimonios. Es porque han descuidado el conocimiento del Libro inspirado por Dios, por lo que él ha intentado alcanzarlos por medio de testimonios sencillos y directos, llamando su atención a las palabras inspiradas que no han obedecido, y urgiéndolos a armonizar su vida a sus puras y elevadas enseñanzas. El Señor tiene el propósito de advertirnos, reprendernos, aconsejarnos por medio de los Testimonios que ha dado, y de impresionar nuestra mente con la importancia de la verdad de su Palabra. El deber del ser humano hacia Dios y hacia sus semejantes ha sido claramente especificado en la Palabra de Dios; sin embargo, pocos obedecen la luz dada". 2TI, 535.

¿Qué puedes hacer para estar mejor equipado contra los engaños que azotan nuestro mundo?

CONCLUSIÓN

Como hemos aprendido, Dios llamó a profetas en momentos específicos y les encomendó tareas importantes. Su función principal era llevar a las personas al conocimiento de Dios y a una relación fiel con él. Esta fue la orientación que guio a Elena de White. Su ministerio tenía dos funciones principales: llevar a las personas a Jesús y dirigir la atención de ellas hacia la Biblia.

Elena de White amó profundamente a Jesús durante toda su vida, la cual estuvo dedicada a compartir el amor de Dios con los demás. Su famosa serie de cinco libros titulada «El gran conflicto» comienza y termina con las palabras «Dios es amor». En El camino a Cristo, quizá su libro más popular, escribió: «Nuestro crecimiento en la gracia, nuestro gozo, nuestra utilidad, todo depende de nuestra unión con Cristo. Debemos crecer en la gracia por medio de la comunión con él día a día, hora a hora —permaneciendo en él—. Él no solo es el autor, sino también el perfeccionador de la fe» (CC, 58).

Durante la década de 1890, cuando trabajaba en El Deseado de todas las gentes, escribió en su diario: «Al escribir sobre la vida de Cristo, me siento profundamente conmovida. Me olvido de respirar como debería. No puedo soportar la intensidad del sentimiento que me invade cuando pienso en lo que Cristo sufrió en nuestro mundo» (Manuscrito 70, 1897). 
A Elena de White le encantaba hablar de Jesús. La Biblia fue el segundo eje de su ministerio. Ella consideraba sus escritos como una «luz menor» que guiaba a las personas hacia la «luz mayor»: la Biblia (3MS, 34). Siempre animaba a las personas a acudir a las Escrituras, donde Dios ha revelado su carácter amoroso y su plan de salvación. Como ella misma dijo al principio de su ministerio: «Recomiendo al amable lector la Palabra de Dios como regla de fe y práctica» (3MS, 33).

Años más tarde, escribiría: «El Señor desea que estudies la Biblia. No ha dado ninguna luz adicional que sustituya a su Palabra. [...] Si se asimila y se digiere, [su Palabra] es como la sangre vital del alma. Entonces, las buenas obras se verán como luz que brilla en la oscuridad» (Carta 130, 1901).

Elena de White también creía que todos los que reclaman el manto profético de Cristo deben enseñar «lo que Cristo había enseñado. Eso incluye lo que él había dicho, no solamente en persona, sino a través de todos los profetas y maestros del Antiguo Testamento. Excluye la enseñanza humana» (DTG, 766).

Elena de White mantuvo a Jesús y las Escrituras en el centro de su experiencia cristiana.

Los profetas del AT

"Josafat se puso en pie y dijo: 'Óiganme, Judá y habitantes de Jerusalén: crean al Señor su Dios y estarán seguros; crean a sus profetas y serán prosperados'" (2 Crónicas 20:20).

El Sistema de Posicionamiento Global (GPS, por sus siglas en inglés) ayuda a los viajeros a saber dónde están, hacia dónde se dirigen, e incluso les advierte de los peligros durante el recorrido. Los viajeros espirituales que se dirigen al cielo también necesitan orientación de un «GPS» celestial para el presente y para el futuro. Una forma en que Dios orientó a su pueblo fue el ministerio de los profetas del Antiguo Testamento. En sus narraciones, consejos, profecías, poesía y expresiones de alabanza descubrimos mucho acerca de las docenas de profetas que presentaron los mensajes de Dios al pueblo.

Hoy exploraremos las descripciones de los profetas mencionados en el Antiguo Testamento, descripciones que nos ayudan a comprender el don profético y cómo se manifestó en algunos de estos siervos de Dios.

Como veremos, eran personas como nosotros, seres humanos frágiles que sentían temor, ira y desánimo. La vida no era fácil para ellos, sino que estaba, como la nuestra, repleta de desafíos y dificultades.

En vista de ello, ¿qué podemos aprender al observar a algunos de estos siervos de Dios especialmente llamados al ministerio profético?

I. LA HUMANIDAD DE LOS PROFETAS

Como vimos la semana pasada, el Señor utilizó al profeta Elías para realizar una grandiosa obra en Israel a pesar de la feroz oposición que debió enfrentar. Lo que el Señor había logrado por medio de él era increíble. Sin embargo, lo que sucedió después es difícil de creer.

Reflexiona acerca de cómo presenta Santiago al profeta Elías en Santiago 5:17-18. ¿Qué quiso decir al afirmar que Elías «era hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras»?

Elías tuvo un éxito notable en el monte Carmelo (1 Reyes 18), donde Dios obró de manera poderosa por medio de él y ocurrió uno de los milagros más asombrosos de la historia del Antiguo Testamento: en respuesta al clamor de Elías, ¡el fuego descendió del cielo! (1 Reyes 18:38). Se podría pensar que este hombre de Dios se sintió sumamente feliz después de algo así.

"Acab dio a Jezabel la nueva de todo lo que Elías había hecho, y de cómo había matado a espada a todos los profetas. 2 Entonces envió Jezabel a Elías un mensajero, diciendo: Así me hagan los dioses, y aun me añadan, si mañana a estas horas yo no he puesto tu persona como la de uno de ellos. 3 Viendo, pues, el peligro, se levantó y se fue para salvar su vida, y vino a Beerseba, que está en Judá, y dejó allí a su criado. 4 Y él se fue por el desierto un día de camino, y vino y se sentó debajo de un enebro; y deseando morirse, dijo: Basta ya, oh Jehová, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres. 5 Y echándose debajo del enebro, se quedó dormido; y he aquí luego un ángel le tocó, y le dijo: Levántate, come. 6 Entonces él miró, y he aquí a su cabecera una torta cocida sobre las ascuas, y una vasija de agua; y comió y bebió, y volvió a dormirse. 7 Y volviendo el ángel de Jehová la segunda vez, lo tocó, diciendo: Levántate y come, porque largo camino te resta". 1 Reyes 19:1-16. 

¿Qué dice el texto acerca del estado emocional del profeta de Dios?

«Basta ya, Señor, quita mi vida, que no soy mejor que mis padres» (1 Reyes 19:4). ¿Cómo se explica ese aparente episodio de depresión? Lo que ocurrió en el monte Carmelo sería difícil de superar.

Quizá la clave del estado de ánimo de Elías se encuentre en sus palabras: «Sentí un vivo celo por el Señor Dios Todopoderoso, porque los israelitas han dejado tu pacto, han derribado tus altares y han matado a tus profetas. Solo yo he quedado, y me buscan para quitarme la vida» (1 Reyes 19:10). Sus palabras parecen un lamento por lo que percibía como el fracaso en su ministerio. Es decir, la apostasía seguía presente a pesar de sus mejores esfuerzos. Sea lo que fuere que le estaba ocurriendo, resulta evidente la humanidad y fragilidad de este hombre de Dios. En otras palabras, Elías era un hombre que tenía una naturaleza como la nuestra (Santiago 5:17).

¿Por qué sentimos a veces que hemos fracasado en la vida o que nuestros esfuerzos han sido en vano? ¿Qué promesas bíblicas pueden ayudarnos a superar el desánimo?

II. IDENTIFICANDO A LOS VERDADEROS PROFETAS

Hubo falsos profetas en la etapa temprana de la historia de Israel (Deuteronomio 18:20), pero Dios no dejó a su pueblo sin orientación acerca de quiénes eran sus verdaderos profetas.

Como receptores de la revelación y la inspiración de Dios, los verdaderos profetas transmitían fiel, precisa y honestamente los mensajes divinos, aunque a veces eso los hiciera impopulares entre los poderosos.

"Tres años pasaron sin guerra entre los sirios e Israel. 2 Y aconteció al tercer año, que Josafat rey de Judá descendió al rey de Israel. 3 Y el rey de Israel dijo a sus siervos: ¿No sabéis que Ramot de Galaad es nuestra, y nosotros no hemos hecho nada para tomarla de mano del rey de Siria? 4 Y dijo a Josafat: ¿Quieres venir conmigo a pelear contra Ramot de Galaad? Y Josafat respondió al rey de Israel: Yo soy como tú, y mi pueblo como tu pueblo, y mis caballos como tus caballos. 5 Dijo luego Josafat al rey de Israel: Yo te ruego que consultes hoy la palabra de Jehová. 6 Entonces el rey de Israel reunió a los profetas, como cuatrocientos hombres, a los cuales dijo: ¿Iré a la guerra contra Ramot de Galaad, o la dejaré? Y ellos dijeron: Sube, porque Jehová la entregará en mano del rey. 7 Y dijo Josafat: ¿Hay aún aquí algún profeta de Jehová, por el cual consultemos? 8 El rey de Israel respondió a Josafat: Aún hay un varón por el cual podríamos consultar a Jehová, Micaías hijo de Imla; mas yo le aborrezco, porque nunca me profetiza bien, sino solamente mal. Y Josafat dijo: No hable el rey así. 9 Entonces el rey de Israel llamó a un oficial, y le dijo: Trae pronto a Micaías hijo de Imla. 10 Y el rey de Israel y Josafat rey de Judá estaban sentados cada uno en su silla, vestidos de sus ropas reales, en la plaza junto a la entrada de la puerta de Samaria; y todos los profetas profetizaban delante de ellos. 11 Y Sedequías hijo de Quenaana se había hecho unos cuernos de hierro, y dijo: Así ha dicho Jehová: Con estos acornearás a los sirios hasta acabarlos. 12 Y todos los profetas profetizaban de la misma manera, diciendo: Sube a Ramot de Galaad, y serás prosperado; porque Jehová la entregará en mano del rey. 13 Y el mensajero que había ido a llamar a Micaías, le habló diciendo: He aquí que las palabras de los profetas a una voz anuncian al rey cosas buenas; sea ahora tu palabra conforme a la palabra de alguno de ellos, y anuncia también buen éxito. 14 Y Micaías respondió: Vive Jehová, que lo que Jehová me hablare, eso diré". 1 Reyes 22:1-14. 

¿Qué nos dice esto acerca de cómo actúan los profetas fieles?

Que un rey diga de un profeta: «Lo aborrezco, porque nunca me profetiza el bien sino solo el mal» (1 Rey. 22:8) dice mucho de ese monarca, pero más aún del profeta, quien obviamente no temía decir la verdad, ni siquiera al propio rey, lo cual no era la mejor manera de obtener el favor real.

Micaías se enfrentó solo a cuatrocientos falsos profetas al presentar la verdad que se le había revelado. Pese a la presión para que alterara los mensajes negativos del Señor a fin de apaciguar así al malvado rey Acab y a su impía esposa Jezabel (1 Reyes 22:13-14), Micaías presentó la verdad de Dios sin importarle cómo fuera recibida.

"Y se habían perdido las asnas de Cis, padre de Saúl; por lo que dijo Cis a Saúl su hijo: Toma ahora contigo alguno de los criados, y levántate, y ve a buscar las asnas. 4 Y él pasó el monte de Efraín, y de allí a la tierra de Salisa, y no las hallaron. Pasaron luego por la tierra de Saalim, y tampoco. Después pasaron por la tierra de Benjamín, y no las encontraron. 5 Cuando vinieron a la tierra de Zuf, Saúl dijo a su criado que tenía consigo: Ven, volvámonos; porque quizá mi padre, abandonada la preocupación por las asnas, estará acongojado por nosotros. 6 Él le respondió: He aquí ahora hay en esta ciudad un varón de Dios, que es hombre insigne; todo lo que él dice acontece sin falta. Vamos, pues, allá; quizá nos dará algún indicio acerca del objeto por el cual emprendimos nuestro camino. 7 Respondió Saúl a su criado: Vamos ahora; pero ¿qué llevaremos al varón? Porque el pan de nuestras alforjas se ha acabado, y no tenemos qué ofrecerle al varón de Dios. ¿Qué tenemos? 8 Entonces volvió el criado a responder a Saúl, diciendo: He aquí se halla en mi mano la cuarta parte de un siclo de plata; esto daré al varón de Dios, para que nos declare nuestro camino. 9 (Antiguamente en Israel cualquiera que iba a consultar a Dios, decía así: Venid y vamos al vidente; porque al que hoy se llama profeta, entonces se le llamaba vidente.) 10 Dijo entonces Saúl a su criado: Dices bien; anda, vamos. Y fueron a la ciudad donde estaba el varón de Dios. 11 Y cuando subían por la cuesta de la ciudad, hallaron unas doncellas que salían por agua, a las cuales dijeron: ¿Está en este lugar el vidente? 12 Ellas, respondiéndoles, dijeron: Sí; helo allí delante de ti; date prisa, pues, porque hoy ha venido a la ciudad en atención a que el pueblo tiene hoy un sacrificio en el lugar alto. 13 Cuando entréis en la ciudad, le encontraréis luego, antes que suba al lugar alto a comer; pues el pueblo no comerá hasta que él haya llegado, por cuanto él es el que bendice el sacrificio; después de esto comen los convidados. Subid, pues, ahora, porque ahora le hallaréis. 14 Ellos entonces subieron a la ciudad; y cuando estuvieron en medio de ella, he aquí Samuel venía hacia ellos para subir al lugar alto. 1 Samuel 9:3-14. 

¿Qué nos dicen estos versículos acerca de cómo veían los demás a los profetas fieles de Dios?

La Biblia registra numerosos ejemplos del elevado concepto que las personas en general tenían de los profetas. En este caso, Saúl fue enviado por su padre, Cis, a buscar sus asnos perdidos. El siervo que viajaba con Saúl le sugirió que no abandonara la búsqueda, porque «en esta ciudad hay un hombre de Dios que es varón insigne» (1 Samuel 9:6). La descripción que se hace aquí del profeta Samuel refleja las cualidades que se esperan de los profetas de Dios. Los verdaderos profetas bíblicos eran reconocidos como «hombres de Dios», elegidos en parte para ejemplificar el carácter divino. Al mismo tiempo, el hecho de que algunos de los «hombres de Dios» fueran profetas no los convertía en seres humanos perfectos.

¿Has conocido algún verdadero «hombre de Dios» que sea perfecto?

III. FUNCIONES DE LOS PROFETAS

Lee 1 Samuel 8:4-22 y Levítico 8:10-13. ¿Cómo actuaban los profetas en relación con los reyes y los sacerdotes?

Los profetas interactuaban con los reyes tanto en situaciones agradables como desagradables. Cuando Israel exigió un monarca (1 Samuel 8:4-22), dijeron que querían «un rey que nos gobierne, como todas las naciones» (1 Samuel 8:5).

¡Cuán triste y poderoso ejemplo del peligro al que se ha enfrentado el pueblo de Dios en todas las épocas: el deseo de ser como quienes los rodean! En este caso, no tenían idea de lo que esta petición acarrearía, a pesar de que Dios les había advertido de ello (1 Samuel 8:11-18) por medio de su profeta. Basándose en esos deseos, y a pesar de su advertencia, Samuel pronto ungió a Saúl, el primer rey de Israel.

Los dos libros de Reyes y de Crónicas registran el tipo y la calidad del gobierno de los reyes de Israel y Judá. La historia sagrada muestra que los reyes que hicieron el mal superaron en número a los que hicieron el bien a los ojos de Dios. Una de las funciones principales de los profetas era ayudar a los reyes infieles a retornar a la obediencia de la ley de Dios. Como resultado, esos voceros del Señor se enfrentaron a amenazas, y algunos incluso fueron heridos y asesinados por reyes que alejaron de Dios a su pueblo (1 Reyes 18:4-19; 2 Crónicas 24:20-22).

Los profetas también interactuaban con los sacerdotes. Moisés, profeta de Dios, ungió a Aarón y a sus hijos, los primeros sacerdotes israelitas (Levítico 8:10-13). Hubo ocasiones en que los sacerdotes recibieron palabras de reprensión de Dios por medio de los profetas (Oseas 6:9; Malaquías 2:1-3). Un ejemplo llamativo de esto es toda la familia de Elí, que fue confrontada por sus prácticas corruptas (1 Samuel 2:27-36). Estas fueron reprimendas muy severas contra la corrupción rampante de quienes gozaban de privilegios especiales.

Además, los profetas eran maestros del pueblo (2 Crónicas 34). Como tales, presentaban mensajes de Dios a los sacerdotes, a los reyes y a la nación (Jeremías 5:31; Ezequiel 22:26). Los profetas también comunicaban a las naciones vecinas el plan de Dios para ellas, un tema que se repite varias veces en los mensajes proféticos del Antiguo Testamento (Isaías 60:1-3; 62:1-2). Se esperaba que los profetas no solo comunicaran fielmente los mensajes que Dios les confiaba, sino que a veces debían ponerlos por escrito y conservarlos (2 Crón. 13:22). Como se dijo anteriormente, por muy humanos e imperfectos que fueran, eran hombres y mujeres de oración, fieles a la Palabra, y servidores de Dios y de su pueblo (Jeremías 42:4; 2 Reyes 22:15-17).

IV. MUJERES PROFETAS

"Y María la profetisa, hermana de Aarón, tomó un pandero en su mano, y todas las mujeres salieron en pos de ella con panderos y danzas". Éxodo 15:20

"Gobernaba en aquel tiempo a Israel una mujer, Débora, profetisa, mujer de Lapidot". Jueces 4:4

"Entonces fueron el sacerdote Hilcías, y Ahicam, Acbor, Safán y Asaías, a la profetisa Hulda, mujer de Salum hijo de Ticva, hijo de Harhas, guarda de las vestiduras, la cual moraba en Jerusalén en la segunda parte de la ciudad, y hablaron con ella". 2 Reyes 22:14; 

"Acuérdate, Dios mío, de Tobías y de Sanbalat, conforme a estas cosas que hicieron; también acuérdate de Noadías profetisa, y de los otros profetas que procuraban infundirme miedo". Nehemías 6:14. 

¿Qué enseñan estos textos acerca del papel profético?

Hay abundante evidencia en las Escrituras de que Dios llamó a mujeres para que sirvieran como profetas (ver el uso de la palabra hebrea nevi’ah en Éxodo 15:20 y de la palabra griega profētis en Lucas 2:36). En Miqueas 6:4, María aparece junto a Moisés y Aarón como enviados por Dios al pueblo. María es presentada como una profetisa que entonó un canto de victoria cuando los israelitas cruzaron el Mar Rojo (Éxodo 15:20-21). Sin embargo, esta profetisa, al igual que sus colegas masculinos, no estaba exenta de culpa, como revela su vergonzosa actitud hacia Moisés y su esposa madianita, de tez más oscura, acciones por las que la profetisa fue debidamente disciplinada (ver Números 12:1-10).

Podemos ver la obra de otra profetisa en la historia de Débora, quien actuó como jueza en Israel (Jueces 4:1-4).

De hecho, hay pruebas claras de que Débora (Jueces 4:4) recibió una revelación de Dios (Jueces 4:4-9, 14-22). Su canto de victoria (Jueces 5:2-31) es un reconocimiento de la intervención de Dios y tuvo un profundo significado teológico para la nación en ese momento de la historia.

Lee 2 Reyes 22:11-14. ¿Por qué los hombres del rey Josías fueron a ver a Hulda? ¿Qué nos dice esto acerca de la importante función que cumplía en la nación?

Los principales consejeros del rey Josías consultaron a Hulda «la profetisa» (2 Reyes 22:14; 2 Crónicas 34:22) después de leer al rey las palabras del «libro de la ley» (2 Reyes 22:8) (que se cree que es Deuteronomio), quien, en respuesta, «rasgó su vestido» (2 Reyes 22:11).

Obviamente, se trataba de un asunto muy importante, y el rey lo tomó como tal, por lo que sus hombres acudieron directamente a Hulda. Ella había recibido un mensaje de Dios acerca del inminente juicio de Judá. Las reformas de Josías fueron el resultado de los mensajes proféticos de Hulda y evitaron que el juicio de Dios fuera ejecutado sobre su pueblo.

Aunque llamados por Dios, los profetas y las profetisas también eran pecadores que necesitaban la gracia divina. ¿Qué esperanza puedes obtener de sus historias?

V. FALSOS PROFETAS

Satanás falsifica todo lo que Dios hace. Eso incluye el ministerio profético. Israel tuvo ante sí a profetas verdaderos y falsos. La clave era saber distinguir entre unos y otros.

"Palabra de Jehová que vino a Jeremías, con motivo de la sequía. 2 Se enlutó Judá, y sus puertas se despoblaron; se sentaron tristes en tierra, y subió el clamor de Jerusalén. 3 Los nobles enviaron sus criados al agua; vinieron a las lagunas, y no hallaron agua; volvieron con sus vasijas vacías; se avergonzaron, se confundieron, y cubrieron sus cabezas. 4 Porque se resquebrajó la tierra por no haber llovido en el país, están confusos los labradores, cubrieron sus cabezas. 5 Aun las ciervas en los campos parían y dejaban la cría, porque no había hierba. 6 Y los asnos monteses se ponían en las alturas, aspiraban el viento como chacales; sus ojos se ofuscaron porque no había hierba. 7 Aunque nuestras iniquidades testifican contra nosotros, oh Jehová, actúa por amor de tu nombre; porque nuestras rebeliones se han multiplicado, contra ti hemos pecado. 8 Oh esperanza de Israel, Guardador suyo en el tiempo de la aflicción, ¿por qué te has hecho como forastero en la tierra, y como caminante que se retira para pasar la noche? 9 ¿Por qué eres como hombre atónito, y como valiente que no puede librar? Sin embargo, tú estás entre nosotros, oh Jehová, y sobre nosotros es invocado tu nombre; no nos desampares. 10 Así ha dicho Jehová acerca de este pueblo: Se deleitaron en vagar, y no dieron reposo a sus pies; por tanto, Jehová no se agrada de ellos; se acordará ahora de su maldad, y castigará sus pecados. 11 Me dijo Jehová: No ruegues por este pueblo para bien. 12 Cuando ayunen, yo no oiré su clamor, y cuando ofrezcan holocausto y ofrenda no lo aceptaré, sino que los consumiré con espada, con hambre y con pestilencia. 13 Y yo dije: ¡Ah! ¡Ah, Señor Jehová! He aquí que los profetas les dicen: No veréis espada, ni habrá hambre entre vosotros, sino que en este lugar os daré paz verdadera. 14 Me dijo entonces Jehová: Falsamente profetizan los profetas en mi nombre; no los envié, ni les mandé, ni les hablé; visión mentirosa, adivinación, vanidad y engaño de su corazón os profetizan". Jeremías 14:1-15. 

¿Qué sucedía según este texto y cómo consideraba el Señor a quienes hablaban en su nombre como «profetas» sin serlo?

En Jeremías 14, Dios encomendó a Jeremías un mensaje de juicio para Judá; es decir, una medida disciplinaria que se concretaría en forma de espada (guerra), hambruna y pestilencia. Los falsos profetas de la época contradecían el mensaje de Jeremías, quien los describe en términos muy claros: «Entonces el Señor me dijo: “Los profetas profetizan mentiras en mi nombre. No los envié, ni los mandé, ni les hablé. De su corazón les profetizan visión mentirosa, adivinación, vanidad y engaño”» (Jeremías 14:14).

Los falsos profetas eran corruptos porque la fuente de sus afirmaciones proféticas eran a menudo los falsos «dioses» a los que adoraban (Jeremías 23:13-14). Dios advierte: «No los envié, ni los mandé, ni les hablé» (Jeremías 14:14). Son «profetas que profetizan mentira, que profetizan el engaño de su corazón» (Jeremías 23:26). Ezequiel recibió la orden de profetizar contra «los profetas [...] que profetizan lo que hay en sus propios corazones» (Ezequiel 13:2, RVA-2015). Los falsos profetas suelen seguir las opiniones populares. Este fue el caso en 1 Reyes 22, cuando un grupo de cuatrocientos «profetas» se reunió por orden del rey Acab (1 Reyes 22:6) y le aconsejaron al unísono que luchara contra Ramot de Galaad. Acab consultó con Josafat, rey de Judá, después de escuchar ese consejo de los profetas de Asera. Josafat instó a Acab a consultar al profeta Micaías para saber si debían ir a la batalla o no. «Entonces el mensajero que había ido a llamar a Micaías le habló, diciendo: “Las palabras de los profetas a una anuncian el bien al rey. Sea ahora tu palabra como la de ellos y anuncia el bien”» (1 Reyes 22:13).

La presión que Micaías experimentó para que mintiera fue probablemente la misma que sintieron los falsos profetas de Asera, pero el hombre de Dios no acompañó la opinión popular, sino que esperó que Dios lo instruyera acerca de qué debía decir (1 Reyes 22:14).

Tanto en el caso de los profetas como en el de las personas en general, siempre es fácil concordar con lo que es popular. En vista de cuán corrupta puede ser la cultura, ¿por qué no es sabio proceder de esa manera?

CONCLUSIÓN

Como hemos visto, la experiencia de los profetas del Antiguo Testamento demuestra que nunca ha sido fácil ser un mensajero de Dios. Elena de White experimentó las mismas inquietudes que los profetas bíblicos. Como aprendimos el viernes pasado, era joven, tímida y no gozaba de buena salud cuando recibió el llamado de Dios. Aunque una segunda visión confirmó su llamado, Elena seguía preocupada por el llamado de Dios y escribió lo siguiente: «Aproximadamente una semana después, el Señor me concedió otra visión en la que me mostró las pruebas por las que debía pasar; que debía ir y contar a otros lo que él me había revelado; que encontraría gran oposición y sufriría angustia espiritual. […]

»Esta visión me turbó enormemente. Mi salud era muy delicada y solo tenía diecisiete años. […] Oré fervientemente para que esa carga recayera sobre otra persona. Pero la respuesta que obtuve fue: “Da a conocer a los demás lo que te he revelado”. No estaba dispuesta a ir al mundo. Por naturaleza, tenía poca confianza en mí misma. […] Deseé morir. La muerte me parecía preferible a las responsabilidades que tendría que asumir» (Spiritual Gifts, t. 2, pp. 35-36).

La joven Elena habría preferido morir antes que aceptar su misión como vocera de Dios. Tras mucha oración y ánimo de sus compañeros creyentes, accedió y dedicó el resto de su vida a obedecer «los mandatos de Dios» (Elena de White, Spiritual Gifts, t. 2, p. 38).

Como resultado de ello, llegaría a ser la voz más influyente de la futura Iglesia Adventista del Séptimo Día y para esta. Sin embargo, Elena era humana y tenía sus propios defectos, problemas de salud, desafíos familiares y conflictos interpersonales. Sin embargo, y a pesar de su humanidad, la gran lección que su caso nos enseña es que Dios elige a personas imperfectas dispuestas a servir.

Bajo la guía del Espíritu Santo, el ministerio profético de Elena de White animaría a los creyentes y los conectaría con las verdades bíblicas. En 1860, ella había desempeñado un papel destacado en el desarrollo de la entonces incipiente confesión adventista del séptimo día y su misión de proclamar los mensajes de los tres ángeles al mundo. Dios orientó a estos creyentes para organizar la Iglesia Adventista del Séptimo Día en 1863. En décadas posteriores, la voz profética de Elena de White fue determinante en el establecimiento de los sistemas adventistas de salud y educación a nivel mundial. Sin embargo, la contribución más importante de su ministerio son las aproximadamente cien mil páginas de sus escritos inspirados, que continúan comunicando la instrucción divina en todo el mundo.

El llamado de un profeta

Después oí la voz del Señor, que dijo: “¿A quién enviaré? ¿Quién irá de nuestra parte?”. Entonces respondí: “Aquí estoy, envíame a mí”» (Isaías 6:8).

Los profetas solían desempeñar un papel esencial en la historia del pueblo de Dios, y en ocasiones asumían posiciones relevantes o incluso cruciales en la vida de la comunidad. Sin embargo, la vida de los profetas no era fácil y a menudo no aceptaban fácilmente el llamado divino a desempeñarse como profetas. Y no es de extrañar. Muchos profetas enfrentaban una fuerte oposición de quienes deberían haber recibido con agrado sus mensajes. Eran ignorados, ridiculizados, golpeados, encarcelados o perseguidos como animales salvajes. Varios fueron incluso asesinados.

Actualmente, en una generación inundada de violencia, codicia, inmoralidad, explotación y todo tipo de influencias satánicas, la voz profética suele ser rechazada o simplemente ignorada. Estamos llamados a escuchar esa voz y a ser mensajeros de la esperanza que nos ha sido transmitida a través de ellos.

Ya vimos cómo Dios se esforzó por restablecer la comunicación con la humanidad tras la caída en el Edén. Hoy examinaremos algunos momentos trascendentales de la historia en los que Dios llamó a profetas para encaminar a su pueblo mediante sus mensajes en favor de un mundo caído.

I. ABRAHAM, EL DEFENSOR DE UN PACTO

Desde Génesis hasta Apocalipsis, Dios ha tenido un remanente fiel que ha aceptado el llamado a la obediencia en respuesta a su gracia (ver Jeremías 31:7, 31-34). Por ejemplo, años después de la dispersión de Babel, Dios eligió a Abram (más tarde Abraham) para que fuera un ejemplo de fe en el pacto, no solo para su familia, sino para todas las generaciones futuras. Rodeado de apostasía y ambivalencia moral, Abram demostró ser fiel al llamado de Dios (ver Génesis 12:1-9).

Dios comunicó los términos del pacto a Abraham y le mostró cómo se lograría la salvación de la humanidad mediante el sacrificio de Cristo (Génesis 15:6-17). Para poner a prueba la fe de Abraham e ilustrar el futuro sacrificio del Hijo de Dios, se pidió al patriarca que ofreciera a Isaac, su hijo, como sacrificio a Dios (Génesis 22:1-17). ¡Qué prueba tan dolorosa para el padre de los fieles! Piensa en todas las razones que Abraham pudo haber esgrimido para ignorar la orden explícita de Dios. Sin embargo, él obedeció fielmente. Dios detuvo la mano de Abraham antes de que matara a Isaac y le proveyó un carnero en su lugar.

No todos los profetas fueron llamados por Dios para advertir de una catástrofe inminente, pero todos fueron llamados para restaurar la fidelidad del pueblo y, a menudo, para advertir contra la apostasía, y contra la violación del pacto y sus estipulaciones.

Sin embargo, lo más importante de la tarea profética era revelar la promesa de la salvación por medio del Mesías. El testimonio perdurable de los profetas bíblicos y del Espíritu Santo en nuestra era posapostólica nos llama a reconocer y advertir a otros acerca de la crisis inminente que vendrá sobre el mundo. Sin embargo, lo fundamental de esa advertencia es la buena noticia de la redención para el pueblo fiel de Jesús, aquellos que han permanecido en una relación de pacto con él (Apocalipsis 12:17).

" Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia". Génesis 15:6
"Así Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia. 7 Sabed, por tanto, que los que son de fe, estos son hijos de Abraham. 8 Y la Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, dio de antemano la buena nueva a Abraham, diciendo: En ti serán benditas todas las naciones. 9 De modo que los de la fe son bendecidos con el creyente Abraham". Gálatas 3:6-9
"Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba". Hebreos 11:8.

¿Qué aspectos de la vida y el carácter de Abraham lo hacían apto para el servicio de Dios a pesar de sus imperfecciones?

Existen muchos paralelismos entre la época de Abraham y la nuestra. Así como el paganismo y la idolatría proliferaban en los días de Abraham, muchas de las ideologías actuales tienen por objeto eliminar o marginar al cristianismo. En contraste con la cultura predominante, el pueblo de Dios está hoy llamado a reflejar fielmente su imagen en sus interacciones diarias con los demás, incluyendo la proclamación de los mensajes de los tres ángeles (Apocalipsis 14:6-12).

Las Escrituras dicen que Abram «creyó al Señor, y eso se le contó por justicia» (Génesis 15:6). ¿Cómo ves la promesa del evangelio revelada en este texto? ¿Qué esperanza puedes obtener de esto para ti mismo?

El mismo profeta era invitado a probar de la gracia y misericordia divina para compartirla con ímpetu a los demás. 

II. EL MENSAJE DE ELÍAS

Lee 1 Reyes 18:19-39. ¿Qué podemos aprender de esta historia acerca de cómo puede operar el don profético?

El llamado y la forma de hablar de Elías reflejaban su papel como mensajero de Dios. Para detener la apostasía de Israel, Dios envió a Elías al rey Acab para anunciarle una sequía de varios años. El Señor utilizó esta aflicción para alejar a su pueblo de la idolatría y traerlo nuevamente a la obediencia. El rey y el pueblo culparon al profeta Elías por su desgracia y procuraron su muerte.

En el monte Carmelo, Elías se enfrentó a los profetas de Baal y Asera. El mensajero de Dios hizo un llamamiento lleno del Espíritu al idólatra Israel para que renunciara a sus dioses falsos y volviera al Señor. El pueblo sabía que sus decisiones los habían conducido a la apostasía nacional. Ahora estaban listos para abrazar de nuevo al Dios de Elías, que había demostrado ser superior a sus dioses falsos, que ni siquiera existían.

Justo antes de la segunda venida de Cristo, Dios ordena a su iglesia que proclame de nuevo el mensaje de Elías, y que el pueblo se aleje de sus «ídolos» y se prepare para el gran día del Señor. Dios sigue comunicándose con su pueblo a través de los canales que ha seleccionado. Su Palabra y el don profético proveen amonestación, advertencia, consejo y aliento.

"Este hecho hace resaltar la trascendental función de los profetas en el pueblo de Dios y la protección que proporcionaban si se atendían sus indicaciones. Este relato establece un contraste significativo con algunos episodios del resto del libro donde los profetas son a menudo desoídos y denigrados" 1CBAn, 543.

«La mayor y más urgente de todas nuestras necesidades es la de un reavivamiento de la verdadera piedad en nuestro medio. Procurarlo debiera ser nuestra primera obra. Debe haber esfuerzos fervientes para obtener las bendiciones del Señor, no porque Dios no esté dispuesto a conferirnos sus bendiciones, sino porque no estamos preparados para recibirlas» (1MS, 147).

Lee Malaquías 4:5-6. ¿Cómo influye el mensaje de Elías en los hogares de quienes siguen a Dios?

El verdadero avivamiento comienza en el corazón y en el hogar. La familia es la piedra angular de la iglesia y un elemento indispensable de la comunidad. El avivamiento en el hogar difunde el amor celestial en la iglesia, la comunidad y la nación. Este es el propósito de Dios para el hogar cristiano. El avivamiento también motiva al pueblo de Dios para el cumplimiento de la misión.

¿Qué tipo de ídolos, si los hay, existen en nuestros hogares, corazones e iglesias?

III. ISAÍAS, EL PROFETA PRECURSOR DEL EVANGELIO

Isaías, uno de los principales profetas del Antiguo Testamento, recibió su llamado al ministerio profético directamente de Dios (ver Isaías 6:1-8). Abrumado por la santidad y la majestad divinas, el profeta se dio cuenta de su indignidad. En ese momento, un serafín voló hacia Isaías con un carbón encendido tomado del altar celestial y Dios perdonó sus pecados. Entonces, Dios preguntó: «¿A quién enviaré? ¿Quién irá de nuestra parte?». La respuesta de Isaías debería ser la nuestra: «Aquí estoy, envíame a mí» (Isaías 6:8).

El llamado de Isaías llegó en un momento crucial de la historia de Israel. A pesar de sus propios defectos, la tarea de advertir a Israel y a sus líderes de sus pecados era muy importante. Las profecías de Isaías son pasajes clave de las Escrituras, pues revelan una profunda comprensión de la naturaleza divina y de la humana, y del plan de salvación que se está desarrollando. De hecho, la profecía más poderosa que describe no solo la muerte de Jesús, sino también lo que esa muerte significó para el mundo, se encuentra en el famoso capítulo 53 de Isaías.

¿De qué manera esta asombrosa profecía (Isaías 53) escrita más de medio milenio antes de la cruz, reveló tan poderosamente la muerte de Cristo por nosotros? ¿Qué nos enseña esta profecía acerca del don profético?

Las profecías de Isaías predijeron el propósito y la misión del Mesías (Isaías 53:3-5). Explicaban por qué Cristo fue «como cordero […] llevado al matadero» (Isaías 53:7) y cómo su sacrificio expiatorio salva del pecado. El aspecto sustitutivo de la muerte de Cristo es descrito allí de manera muy explícita, mostrando el fundamento de la expiación realizada en favor de toda la humanidad.

«Todos nos descarriamos como ovejas, cada cual se desvió por su camino. Pero el Señor cargó sobre él el pecado de todos nosotros» (Isaías 53:6). Aquí se describe la naturaleza universal del pecado y la naturaleza universal de la cruz, que es la solución al pecado. Este capítulo, quizá más que ningún otro en el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento, muestra el plan de salvación en términos sumamente claros e inequívocos.

Sin embargo, el ministerio profético de Isaías no fue fácil. La gente consideraba absurdas sus terribles predicciones acerca de su destrucción, al igual que muchos hoy cuando se les advierte acerca de las consecuencias del pecado (Romanos 6:23). La voz profética de Isaías para su época y la nuestra es clara (ver Isaías 2:4; 5:20). Fue la negativa de la nación a practicar la justicia y la reforma lo que llevó a la destrucción de Jerusalén. El mismo pecado marcará la destrucción de los habitantes malvados de la tierra cuando Cristo regrese.

Lee nuevamente Isaías 53 y anota todo lo que Jesús hace por nosotros según esos versículos. ¿Qué gran esperanza significa para ti lo que el profeta reveló acerca de la muerte de Cristo por nosotros?

IV. DANIEL EL PROFETA FIEL

La mayoría de los cristianos conoce la historia registrada en Daniel 1 acerca de la lealtad del profeta a los principios de salud que había aprendido en su niñez. Daniel fue un modelo de fidelidad (Daniel 1:8). Cuando se le presentaron manjares propios de la realeza, insistió en seguir una dieta basada en vegetales y en beber solo agua, en lugar de participar de la comida del rey (Daniel 1:12-16).

Esa fue una prueba pequeña en comparación con lo que vendría después, como en Daniel 6, cuando su fidelidad pudo haberle costado la vida.

Lee Daniel 2:46-48; 4:18; 5:13-14; 6:25-27. ¿Qué nos dicen estos versículos acerca del tipo de testimonio que Daniel daba a los paganos de su entorno?

Nota el testimonio de estos paganos acerca del poder del Dios de Daniel. Por muy singulares que sean estas historias, todas revelan un principio crucial: mediante nuestras vidas, nuestra fidelidad y el poder de Dios que obra en nosotros y por nuestro intermedio, los demás pueden y deben aprender acerca del Dios del cielo, y que él es «Dios de dioses y Señor de los reyes».

Las profecías de Daniel sirven como recordatorio e incentivo para permanecer siempre vigilantes y guardar los mandamientos de Dios, incluso en las «pequeñas» cosas de la vida.

Además, el profeta Daniel predijo el auge y la caída de las naciones y las consecuencias de su desobediencia a Dios. A través de sus visiones proféticas, Daniel reveló el plan divino y la victoria final del reino de Dios (Daniel 7:13-14).

Pensemos, por ejemplo, en Daniel 2, escrito medio milenio antes de Cristo. Daniel describió con precisión el auge y la caída de cuatro grandes imperios mundiales, llegando incluso hasta nuestros días (los de los pies y los dedos de la estatua, claramente referidos a las naciones de la Europa moderna que, como enseña tan claramente la profecía, «se mezclarán por medio de casamientos pero no se unirán el uno con el otro, así como el hierro no se mezcla con la arcilla» (Daniel 2:43). ¡Cuán asombrosa predicción acerca de Europa, incluso hasta hoy, cuando, a pesar de los matrimonios mixtos y todos los intentos de unidad, el continente es un conjunto de naciones separadas, con leyes, costumbres y tradiciones diferentes! Incluso pocos años antes de la caída de la Unión Soviética, ninguna agencia de inteligencia previó el colapso de ese poder. En vista de ello, el cumplimiento de la predicción de Daniel nos da razones poderosas para confiar en los profetas de Dios.

Todos los reinos de Daniel 2 surgieron y cayeron tal y como se predijo. ¿Qué confianza merece la profecía cuando se refiere a la llegada del reino eterno de Dios (Daniel 2:44)?

V. JUAN EL BAUTISTA Y LA PREPARACIÓN DE UN PUEBLO

Lee Marcos 1:2-5. ¿Cuál era el propósito del ministerio de Juan el Bautista?

La llegada de Juan el Bautista fue el cumplimiento de la profecía de Isaías 40:3. El desarrollo de Juan desde la infancia hasta su adultez estuvo marcado por la fidelidad a Dios. Satanás temía perder su dominio sobre la humanidad después de escuchar la voz de Juan en el desierto. La maldad de los oyentes de Juan quedó al descubierto de una manera que hizo temblar a Satanás. El dominio de este sobre Israel se veía amenazado. Intentó repetidamente disuadir a Juan el Bautista de su estilo de vida fiel y su confianza en el Mesías, pero fracasó.

Lee Mateo 11:1-6. ¿Cómo reafirmó Jesús la fe de Juan mientras este se encontraba en la prisión?

Satanás no pudo hacer pecar a Jesús, y el hecho de que este lo derrotara en el desierto lo enfureció. Cambió entonces de táctica e hizo que Juan, primo de Jesús, fuera encarcelado. El encarcelamiento de aquel entristeció a Jesús, pero Satanás no consiguió que pecara. Así, intentó quebrantar a Juan y agobió emocionalmente el corazón del Salvador. Pero Juan recibió una palabra de aliento de Jesús y, a pesar de sus terribles condiciones y sin entender por qué permanecía en prisión cuando Jesús era tan poderoso, se mantuvo fiel hasta la muerte.

Al igual que los profetas de antaño, estamos llamados a proclamar un mensaje de arrepentimiento y fe, y la perfección de la justicia de Cristo (Apocalipsis 14:6-12). Al igual que con Juan el Bautista, Satanás puede utilizar la incertidumbre para hacernos dudar de la misión que Dios tiene para nosotros. No seremos víctimas del desánimo si recordamos la conducción de Dios en nuestras vidas, especialmente en circunstancias adversas como las que vivió Juan. Sea lo que fuere que los seres humanos hagan para perjudicarnos, podemos acudir a Dios con fe y él nos responderá. Él nos ha prometido el poder para hacer su voluntad (Hech. 1:8). Es imperativo que seamos testigos fieles de Cristo en el mundo poscristiano y no cristiano en que vivimos, cualesquiera que sean nuestras circunstancias.

"Dios no conduce nunca a sus hijos de otra manera que la que ellos elegirían si pudiesen ver el fin desde el principio, y discernir la gloria del propósito que están cumpliendo como colaboradores suyos. Ni Enoc, que fué trasladado al cielo, ni Elías, que ascendió en un carro de fuego, fueron mayores o más honrados que Juan el Bautista, que pereció solo en la mazmorra, “A vosotros es concedido por Cristo, no sólo que creáis en él, sino también que padezcáis por él.”13 Y de todos los dones que el Cielo puede conceder a los hombres, la comunión con Cristo en sus sufrimientos es el más grave cometido y el más alto honor" DTG, 192).

¿Alguna vez te has sentido desconcertado, como Juan en la cárcel, a causa de una situación terrible que estabas atravesando? ¿Cómo mantuviste tu fe y tu confianza en Dios?

CONCLUSIÓN - LLAMADOS AL MINISTERIO PROFÉTICO

Dios llamó a los profetas en momentos específicos y con propósitos especiales. Ellos estaban allí con el mensaje necesario para ese momento. A la luz de ello, los adventistas del séptimo día creemos que Elena de White constituyó una manifestación moderna del don profético y actuó como una profetisa no canónica (veremos más acerca de esto en las lecciones venideras). Elena Harmon recibió su primer llamado al ministerio profético en diciembre de 1844, unas semanas después de que los adventistas milleritas esperaran el regreso de Jesús basándose en Daniel 8:14: «Hasta dos mil trescientas tardes y mañanas; luego el santuario será purificado» (RVA-2015).

Aunque Guillermo Miller nunca estableció una fecha exacta para el cumplimiento de esa profecía, sus seguidores señalaron el 22 de octubre de 1844 como la fecha en que Cristo volvería a la tierra basándose en el cálculo bíblico del Día de la Expiación. Esta creencia provocó una enorme expectación entre miles de personas en los Estados Unidos y otros lugares del mundo. En consecuencia, concluyeron que pronto se reunirían con su Salvador en el cielo. Miller también se llenó de emoción y entusiasmo a medida que se acercaba el esperado advenimiento.

Pero Cristo no apareció, y los creyentes milleritas experimentaron uno de los acontecimientos históricos más devastadores, «el gran chasco».

Ese fue el escenario histórico en el que Dios concedió a Elena Harmon su primera visión. El mensaje principal de esta era de ánimo para ella y los creyentes decepcionados, asegurándoles que Dios seguía con ellos a pesar de la interpretación errónea que habían hecho de la profecía. En esa visión, se mostró a Elena un camino que iba desde esta tierra hasta la Jerusalén celestial y a los creyentes adventistas que se dirigían hacia la Ciudad Santa. «Delante de ellos iba Jesús guiándolos hacia la ciudad, y si no apartaban los ojos de él, iban seguros» (Notas biográficas de Elena de White, p. 64).

Esa visión era una buena noticia. Dios estaba creando un nuevo movimiento a partir de la confusión resultante del chasco. Jesús seguía con ellos y volvería para buscarlos. Seguía guiándolos por el camino de la salvación. Solo tenían que mantener sus ojos «fijos» en él. Tenían grandes razones para no perder la esperanza, incluso en medio de tanta confusión y decepción.

Elena Harmon, una adolescente de 17 años, fue así llamada a su ministerio profético, que no fue fácil, especialmente al principio. Aunque este don fue gradualmente aceptado como genuino, Elena de White temía ser la mensajera de Dios. Ser profeta del Señor nunca fue fácil ni prestigioso.

El Creador habla

«En el pasado, Dios habló muchas veces y de muchas maneras a nuestros padres mediante los profetas; pero en estos últimos días nos habló por su Hijo, a quien constituyó heredero de todo, por medio de quien hizo el universo» (Hebreos 1:1-2).

La comunicación es de vital importancia. La tecnología digital nos permite comunicarnos con amigos y familiares que se encuentran en lugares lejanos. Aunque esto es maravilloso, nada es mejor que estar juntos. Algo especial sucede cuando nos reunimos, nos abrazamos y nos comunicamos cara a cara.

Hoy recordaremos que los seres humanos fuimos creados para relacionarnos cara a cara con nuestro Creador. Sin embargo, el pecado destruyó hace mucho tiempo esta conexión íntima. Para restaurar esa comunicación con sus amadas criaturas, Dios nos ha hablado de diversas formas. La más reconocida de las interacciones divinas con la humanidad son los portavoces cuidadosamente elegidos, conocidos como profetas, que transmiten sus mensajes. Los mensajes de esos profetas quedaron generalmente registrados en la Biblia, pero no siempre.

El plan de Dios es restaurar su imagen en nosotros, la imagen que el pecado malogró. El plan de salvación consiste precisamente en la restauración que se completará cuando Dios cree un «nuevo cielo y nueva tierra, donde mora la justicia» (2 Pedro 3:13).

Hasta entonces, Dios sigue hablándonos mediante profetas.

I. LA COMUNICACIÓN EN EL EDÉN

Génesis 1 y 2 narran la historia de la creación. Dios creó un mundo hermoso y puso en él a Adán y Eva, las obras maestras de la creación. Los seres humanos se diferenciaban de todas las demás criaturas de la tierra porque fueron creados «a imagen de Dios» (Génesis 1:27), algo que solo se dice de ellos y no, por ejemplo, de las aves o de otros animales. Como tales, debían vivir una vida plena y abundante, experimentar el amor en todas sus formas y vivir en comunión con Dios mismo.

Génesis 2:18-23 dice además que Dios creó a Eva para Adán porque vio que «no es bueno que el hombre esté solo» (Génesis 2:18). Desde el principio, pues, los seres humanos fueron creados como seres sociales. Los sociólogos sostienen que la interacción humana provee numerosos beneficios para el bienestar físico y mental, mientras que la soledad resulta mortal.

No es de extrañar, entonces, que después de la creación de Eva, Adán exclamara: «Esta es hueso de mis huesos y carne de mi carne. Esta será llamada “mujer”, porque fue tomada del hombre» (Génesis 2:23, RVA-2015). La estructura familiar constituida por un hombre y una mujer unidos en matrimonio es la primera institución social que Dios proveyó a los seres humanos para que experimentaran una relación y una comunión Integrales. No es de extrañar, pues, que uno de los principales objetivos de Satanás siempre haya sido destruir la dinámica fundamental de la familia original.

Lee Génesis 1:27-28; 2:15-17; 3:9. ¿Qué tipo de comunicación existía entre Dios y los seres humanos en el jardín del Edén?

Adán y Eva disfrutaban de una comunión personal con Dios. Como seres inteligentes, podían reunirse con él y escuchar sus instrucciones. Como administradores del maravilloso jardín de Dios, crecían en conocimiento y capacidad mientras cuidaban de la flora y la fauna. Disfrutaban también cada día de un tiempo especial con Dios «a la brisa del atardecer» (Génesis 3:8). El día de reposo en particular, una parte esencial de la actividad creadora de Dios, debía ser un tiempo especialmente dedicado a la comunión entre Dios y sus hijos (Génesis 2:2-3; Éxodo 20:8-11). En ese día, nuestros primeros padres experimentaban el amor y el cuidado de Dios de una manera especial.

Hoy, miles de años después del Edén, nos resulta difícil imaginar cómo fue todo antes del pecado. Sin embargo, incluso ahora, ¿cómo nos remite el mundo natural a la creación original de Dios?

II. ESCONDIÉNDOSE DE DIOS

Puesto que Dios es amor (1 Juan 4:8), él no crearía «robots» humanos. El amor implica conceder a la persona amada la libertad de elegir. Para poder amar, Adán y Eva tenían que ser creados con libre albedrío. De lo contrario, les sería imposible expresar verdadero amor.

Por lo tanto, Adán y Eva tenían la libertad de obedecer o no a su Creador. Esta libertad de elección se hace evidente en la orden de no comer del árbol del conocimiento del bien y del mal (ver Génesis 2:15-17). ¿Por qué advertirles que no comieran de él si no tenían la libertad de hacerlo?

«Nuestros primeros padres, a pesar de que fueron creados inocentes y santos, no fueron colocados fuera de la posibilidad de pecar. Dios los hizo entes morales libres, capaces de apreciar y comprender la sabiduría y benevolencia de su carácter y la justicia de sus requerimientos, y les dejó plena libertad para prestarle o negarle obediencia. Debían gozar de la comunión de Dios y de los santos ángeles. […] Sin libertad de elección, su obediencia no habría sido voluntaria, sino forzada» PP, 29-30.

¿Por qué Adán y Eva intentaron esconderse de su Creador después de desobedecerlo? Lee Génesis 3:1-8 (compáralo con Jeremías 23:24; Hebreos 4:13).

Génesis 3 describe una escena terrible: la caída de Adán y Eva. Después de la épica conversación entre la serpiente (Satanás) y Eva, nuestros primeros padres fueron tentados a comer del «árbol del conocimiento del bien y del mal», lo cual les estaba prohibido. Satanás utilizó el poder de las palabras, las emociones y las tentaciones placenteras para convencer a Eva, quien a su vez persuadió a Adán de que desobedecieran el mandato de Dios. Eva señaló que el árbol era «bueno para comer», «agradable a los ojos» y «codiciable para alcanzar sabiduría» (Génesis 3:6). La promesa de Satanás de que serían «como Dios, conocedores del bien y del mal» (Génesis 3:5) sonaba irresistible.

En realidad, el discurso de Satanás estaba plagado de falacias. Satanás les ocultó las consecuencias de la desobediencia. Después de desobedecer a Dios, sus ojos se «abrieron» y vieron que estaban «desnudos». La «vestidura» de esplendor y majestad provista por Dios (Salmos 104:1-2), que reflejaba la «imagen» divina, había desaparecido. Ya no estaban cubiertos por lo que Dios les había proporcionado. No es de extrañar que Adán y Eva se escondieran de su Creador (como si fuera realmente posible esconderse de Dios). Intentaron esconderse porque el pecado nos hace sentir culpables y, en consecuencia, rehuir la presencia de Dios.

¿Te has sentido avergonzado después de pecar y has intentado ocultarte de Dios?

¿Cómo podemos escuchar la voz de Dios y responder de manera positiva en medio del ajetreo de la vida?

III. DIOS BUSCA A LA HUMANIDAD

En Génesis 3:9-10 vemos que Dios tomó la iniciativa de buscar a sus hijos caídos. La pregunta «¿dónde estás?» era retórica, porque Dios sabía lo que Adán y Eva habían hecho y dónde estaban. Sin embargo, el pecado interrumpió la comunicación habitual entre él y la primera pareja humana.

La preocupación inmediata de Dios era restablecer la comunicación con sus hijos, reunirse con ellos y darles esperanza. De hecho, el verbo hebreo qara’ («llamar»), en Génesis 3:9, se utiliza a menudo para describir el llamado de Dios para comunicarse con su pueblo.

Lee Lucas 15:11-32. ¿Cómo refleja esta parábola lo que sucedió en Génesis 3:9-10?

El hecho de que Dios buscara a Adán y Eva revela su amor incondicional por sus hijos. Dios nunca se da por vencido (ver Lucas 15) y hace todo lo posible para restablecer su comunión con nosotros, incluso cuando nos ocultamos de él. Antes de la crucifixión de Jesús, cuando Pedro lo negó tres veces, Cristo «se volvió y lo miró» (Lucas 22:61). Incluso sin palabras, «habló» a Pedro y trató de llegar al corazón de su amigo descarriado.

Observa en Génesis 3:11-13 cómo el pecado afectó la relación entre Adán y Eva. En lugar de confesar su pecado individual, comenzaron a culpar a otros. Adán culpó a Eva e, indirectamente, a Dios, quien le había dado a Eva. «La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y comí», dijo (Génesis 3:12). Eva, por su parte, culpó a la serpiente por su desobediencia. «La serpiente me engañó, y comí», fue su excusa (Génesis 3:13). Ninguno de los dos, al menos cuando se los confrontó por primera vez con su pecado, reconoció su culpa. ¡Cuán poco ha cambiado esto en seis mil años!

El pecado ha afectado a todos los seres humanos. El apóstol Pablo describe bien nuestra condición en Romanos 7:15-24, donde se refiere al dolor resultante de pecar aunque se desea hacer lo correcto: «No entiendo lo que me pasa; porque no hago lo que quiero sino lo que aborrezco» (Romanos 7:15, NVI).

¿Quién no ha experimentado esta realidad? 
Lo que Pablo dice es profundo. Todos somos personas quebrantadas que hacemos cosas que sabemos que no debemos hacer.

Nuestra única esperanza, dice Pablo, es la liberación «por nuestro Señor Jesucristo» (Romanos 7:25). Por eso Dios sigue buscándonos para llevarnos a Jesús, el único que puede moldearnos a su imagen y salvarnos de la devastación causada por el pecado.

IV. EXPULSADOS DEL JARDÍN

Una de las consecuencias más devastadoras del pecado de Adán y de Eva fue la separación de Dios. Fueron expulsados del jardín y ya no pudieron hablar con Dios cara a cara. El profeta Isaías escribió de manera memorable acerca de esta penosa condición humana: «Las iniquidades de ustedes los separaron de su Dios, y sus pecados han hecho que su rostro se oculte de ustedes para no escuchar» (Isaías 59:2).

En realidad, Adán y Eva continuaban siendo hijos de Dios. Sin embargo, el resultado del pecado era inevitable y tuvieron que abandonar el Edén. Nada volvería a ser igual después de su desobediencia.

El pecado ha afectado a la humanidad de muchas maneras (ver Génesis 3:14-24). ¿Cómo ha modificado específicamente nuestra comunicación con Dios? (Ver también Éxodo 19:16-22).

El pecado cambió por completo la vida humana de maneras que no podemos imaginar, ya que ahora solo conocemos este mundo de pecado en el que vivimos. Debido al pecado, la tierra fue «maldita» y produciría «espinos y cardos». Los seres humanos ahora experimentarían dolor y tendrían que «sudar» para conseguir su alimento, solo para finalmente morir y volver a la tierra. De todos los recordatorios del pecado, la muerte sigue siendo el más poderoso. Al mismo tiempo, debido al pecado perdimos nuestra comunicación directa con Dios.

Sin embargo, se prometió a Adán y Eva una solución para contrarrestar los estragos resultantes del pecado. Aunque nuestros primeros padres no seguirían viendo a Dios ni hablando con él cara a cara, abandonaron el Edén con esperanza para el presente y el futuro. Dios tomó la iniciativa y les explicó su plan de rescate.

Génesis 3:15, el primer anuncio del evangelio, estaba lleno de esperanza para ellos (y para nosotros), a pesar de lo sucedido. La promesa de un Redentor venidero suscitaría enemistad presente contra el pecado y esperanza de salvación futura para la humanidad. El hecho mismo de que Dios proveyera ropa a Adán y a Eva antes de que abandonaran el Jardín fue un acto simbólico que representaba la futura redención de ellos. La futura muerte y resurrección de Jesús haría posible que la comunión con Dios fuera restaurada (Juan 14:1-3).

Esto significa que en el Edén mismo, después de la entrada del mal, se dio a la humanidad la esperanza y la promesa de que el problema del pecado finalmente sería resuelto. Tan pronto como surgió el pecado, surgió la promesa de un Salvador.

¿Qué sentiste después de hacer algo malo? ¿Culpa? ¿Vergüenza? ¿Odio contra ti mismo? ¿Cuáles fueron las consecuencias? ¿Cómo impidieron tu confianza en Dios y la promesa del evangelio que renunciaras por completo a la fe?

V. EL PUEBLO VOCERO DE DIOS

¿Qué revelan los siguientes textos acerca de cómo ha hablado Dios a la humanidad desde la entrada del pecado?  
"Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas. en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo". Hebreos 1:1-2.

"Porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. 20 Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa". Romanos 1:19-20; 

"Y él les dijo: Oíd ahora mis palabras. Cuando haya entre vosotros profeta de Jehová, le apareceré en visión, en sueños hablaré con él". Números 12:6

"Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, 17 a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra". 2 Timoteo 3:16-17

"Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le habéis visto. 8 Felipe le dijo: Señor, muéstranos el Padre, y nos basta. 9 Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre?" Juan 14:7-9

"Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, 28 y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. 29 Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. 30 Yo y el Padre uno somos". Juan 10:27-30.

A pesar del pecado, Dios encontró muchas maneras de comunicarse con los seres humanos caídos. Una de ellas es la creación. La naturaleza es una poderosa revelación de sus asombrosas obras. Los científicos se sorprenden por las maravillas de nuestro universo y por la complejidad incluso de la forma de vida más «simple». Sin embargo, la naturaleza también muestra las consecuencias de la caída, entre las que se destaca la muerte como la más terrible de ellas.

Dios ha hablado a la humanidad también por medio de los profetas elegidos por él como sus portavoces. Por ejemplo, habló a Noé, Abraham, Moisés y Daniel revelando su voluntad para su pueblo. En esencia, los mensajes proféticos de Dios son un recordatorio de que él no ha olvidado a sus hijos y sigue a su lado. Y, aunque los mensajes de algunos profetas quedaron registrados en la Biblia, no fue así con los de otros.

No obstante, muchas de las palabras de los profetas fueron comunicadas a través de las Escrituras (2 Tim. 3:16-17). La Biblia es una revelación de Dios mismo. Por medio de las palabras registradas en ella aprendemos quién es él, vemos su amor incansable y recibimos su orientación acerca de cómo debemos vivir.

Las Escrituras nos revelan, además, quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos. Allí encontramos el propósito de Dios para nuestra vida.

Pero la forma más eficaz en que Dios nos ha hablado es por medio de Jesucristo, quien, por supuesto, se nos revela en la Biblia. Así como Dios buscó a Adán y a Eva en el jardín del Edén, Cristo vino a «buscar y a salvar lo que se había perdido» (Lucas 19:10). «El que me ha visto a mí ha visto al Padre», declaró Jesús (Juan 14:9). A través de su vida, muerte y resurrección, Cristo cumplió la promesa hecha a Adán y a Eva en el Edén. Él vino y murió en nuestro lugar para que pudiéramos tener vida eterna por medio de él.

Después de que Jesús ascendió al cielo, el Espíritu Santo continuó guiándonos «a toda la verdad» y hablándonos de «lo que ha de venir» (Juan 16:13).

¿Cuánto consuelo te da saber que Jesús, su amor, su carácter y su sacrificio nos revelan cómo es realmente Dios el Padre?

VI. DIOS AÚN HABLA

Aunque existieron 400 años de silencio, Dios no se comunicó con su pueblo elegido hasta que levantó a Juan el Bautista, su mensajero. Juan fue el mensajero de Dios para un momento y lugar concretos; a través suyo, Dios anticipó algo grandioso que cambiaría el curso de la historia. Así pues, Juan el Bautista fue la voz para la primera venida de Jesús. Entonces ¿Es necesaria hoy una voz así, antes de la segunda venida de Cristo?

Ciertamente, una cosa es recibir el llamado de Dios, y otra, muy distinta, es responder a su llamado. En su esfuerzo por preparar a las personas para la segunda venida de Jesús, Dios eligió personas comunes y corrientes para surgieran y hablaran en su nombre, tal como lo hizo con el profeta Elías. Las primeras dos figuras a las que Dios llamó para esta sagrada misión, a mediados del siglo XIX, fueron Hazen Little Foss (1819-1983) y William Elis Foy (1818- 1893)

HAZEN FOSS
Profundamente influenciado por la sociedad de su época, y por un espíritu innatamente orgullos, Foss, se negó a compartir la visión que había recibido. Tras esta fatal decisión, Foss, se sintió abrumado por una extraña sensación y oyó una voz que le decía que había entristecido al Espíritu Santo. Alarmado, Foss convocó una reunión para relatar su visión, pero no puedo recordar nada de lo que se le había mostrado.
Al año siguiente cuando escuchó a Elena White relatar su visión, le reveló lo siguiente:
"Tenía orgullo; no podía aceptar el chasco. Me quejaba de Dios y quería morirme... Creo que me han sido retiradas las visiones y se te han concedido a ti. No te niegues a obedecer a Dios, pues eso pondría en peligro tu alma. Yo estoy perdido. Tú has sido elegida por Dios; sé fiel en el cumplimiento de tu labor, y recibirás la corona que yo puede haber tenido" Carta 37, 1890.

WILLIAM FOY
También recibió las visiones procedentes de Dios, las compartió fielmente con los demás. Durante casi cincuenta años. Foy fue un pastor millerita entre los afroamericanos. Dios habló a través de este humilde instrumento humano, aunque Foy 'nunca sugirió que su papel profético se prolongaría más allá de 1844, ni que recibiría más visiones. Nadie sabe por qué el ministerio profético de William Foy se cumplió antes de 1844, ni por qué Dios eligió otro instrumento para continuar su ministerio profético después de esa fecha.

CONCLUSIÓN

La comunicación de Dios no se limita a los tiempos bíblicos. Como veremos en las próximas semanas, Dios habla a los seres humanos de manera ininterrumpida y adecuada para cada momento de la historia hasta que Cristo regrese.

LA HERRAMIENTA MÁS DÉBIL: ELENA WHITE
Los caminos de Dios son únicos e insondables. Es posible que las respuestas de Dios no sean lo que esperamos. El puede rechazar lo que los seres humanos consideran destacado y prometedor. Lo que los seres humanos consideran indigno y sin valor, Dios puede utilizarlo para su gloria. Sin duda, el calificativo de la 'más débil entre los débiles' era una descripción acertada de la tercera persona que Dios eligió para desempeñar el papel de profeta en la primera mitad de la década de 1840.

Elena de White y su hermana gemela, Elizabeth, nacieron el 26 de noviembre de 1827 en Gorham, Maine, Estados Unidos. Eran las menores de los ocho hijos de Eunice y Robert Harmon. A los pocos años, la familia se mudó a la ciudad de Portland, Maine, donde Robert esperaba expandir su negocio de fabricación de sombreros. A los 9 años, Elena sufrió una lesión que la afectó física, emocional y socialmente. Mientras estaba en un parque cerca de su casa, una compañera de clase enfadada le lanzó una piedra que la hirió en el rostro, dejando a Elena en un estado semiconsciente durante varias semanas. Este accidente puso fin abruptamente a su educación formal y le produjo problemas de salud que la acompañaron a lo largo de su vida. Las lesiones faciales también hicieron que Elena se sintiera acomplejada por su apariencia, lo que limitó su interacción social.

El contexto cultural estadounidense de mediados del siglo XIX caracterizaba por una sociedad dominada por hombres blancos, a quienes se consideraba los únicos aptos para ejercer como portavoces públicos de relevancia. Las mujeres disponías de muy pocos derechos fuera del ámbito matrimonial. Tratándose de una mujer joven, enferma y sin una educación adecuada, Elena Harmon jamás habría sido considerada una buena candidata para convertirse en mensajera de Dios, pero Dios la veía de otra manera.

En este contexto de incertidumbre, la joven Elena comenzó a pensar en su destino espiritual. Sentía temor de Dios y se sentía indigna del cielo. Esos sentimientos se intensificaron cuando la familia Harmon aceptó la doctrina millerita del pronto regreso de Jesús. Incluso después de su bautismo por inmersión en la Iglesia Metodista en 1842, Elena no se sentía digna del amor de Dios. Creía que estaba eternamente perdida (Notas biográficas, p. 31; ver también las pp. 22-33).
"Me parecía que yo no era lo bastante buena para entrar en el cielo, y que no era posible en modo alguno esperar tan alta dicha" (Notas biográficas, 23).

Estos temas teológicos: el castigo eterno, nuestra indignidad para encontrarnos con Cristo en su segunda venida y la sensación de no estar santificada, dibujaban una imagen de un Dios al que Elena Harmon no podía amar ni en quien podía confiar. Esta lucha continuó durante un tiempo, lo que solo empeoró su estado físico.

En medio de estos pensamientos angustiosos, Elena tuvo dos sueños que comenzaron a cambiar su opinión acerca de Dios. En el segundo, Jesús, con una sonrisa, le puso la mano sobre la cabeza, diciendo: 'No temas'. El sonido de su voz llenó su corazón con una felicidad que nunca antes había experimentado.
Pero no fue hasta que conoció a Levi Stockman, un predicador metodista, cuando comprendió y sintió el amor y la gracia de Dios. Fue como si el Señor le hubiera hablado en medio de su desesperación. «La fe embargaba ahora mi corazón», escribió más tarde. «Sentía un inexplicable amor hacia Dios, y su Espíritu me daba testimonio de que mis pecados estaban perdonados. Cambié la opinión que tenía del Padre. Empecé a considerarlo como un padre bondadoso y tierno más bien que como un severo tirano que fuerza a los hombres a obedecerlo ciegamente. Mi corazón sentía un profundo y ferviente amor hacia él» (Notas biográficas de Elena G. de White, p. 40). Al mismo tiempo, Elena también comprendió la doctrina del «estado de los muertos» y poco a poco asimiló la idea de que no existía un infierno eterno. Su nueva comprensión de Dios y de su amor cambió por completo su actitud. Como aprenderemos cada viernes durante las próximas semanas, Elena de White se enamoró profundamente de Jesús y lo sirvió durante el resto de su vida.

De esta manera, en 1844 el Creador restableció una línea de comunicación con su pueblo, mostrando vislumbres de verdades bíblicas como la segunda venida de Cristo, el estado de los muertos, la justificación y la santificación. Dios eligió al 'más pequeño entre sus hermanos' para difundir su amor durante este período de la historia de la tierra.

¿Cómo podemos transmitir el amor de Dios a alguien de nuestro entorno hoy?