"Ahora bien, hay diversos dones, pero el Espíritu es el mismo. Hay diversos ministerios, pero el Señor es el mismo; y hay diversas actividades, pero Dios, que efectúa todas las cosas en todos, es el mismo". (1 Corintios 12:4-6).
En cierta ocasión, un padre y su hijo viajaban en automóvil de regreso a su hogar. Para pasar el tiempo, el niño observaba los automóviles que pasaban. Entonces, el hombre señaló un vehículo y exclamó: «¡Ese es igual al primer automóvil que tuve!». Cuando llegaron a casa, el padre mostró a su hijo el manual de su primer automóvil y el del actual, señalando las características de cada vehículo y destacando las que eran similares y las que habían cambiado. Sin embargo, cuando el padre comparó los dos motores, se dio cuenta de que eran idénticos. Muchas cosas habían cambiado, pero no el motor.
Dios habló a través de los profetas en el Antiguo y en el Nuevo Testamento. La continuidad y la armonía entre ambos se deben a que el Espíritu Santo, la fuente o «motor» de la inspiración divina, ha permanecido invariable.
El Espíritu Santo siempre capacita a los verdaderos profetas mediante el don profético.
También coloca a Cristo en el centro de los mensajes de los profetas (Hebreos 1:1-3).
Hoy examinaremos el don profético en el Nuevo Testamento.
También veremos quiénes ministraban como profetas, en qué se diferenciaban de los apóstoles y el peligro de los falsos profetas.
I. JESÚS COMO PROFETA
Moisés predijo que «un Profeta de en medio de los tuyos, de tus hermanos, como yo, te levantará el Señor tu Dios; a él oirás» (Deuteronomio 18:15). ¿Quién era ese profeta? Las Escrituras dicen claramente que se trató de Jesús mismo: «Porque Moisés dijo: “El Señor vuestro Dios les levantará de entre sus hermanos a un profeta como yo. A él oirán en todo lo que les diga”» (Hechos 3:20-22; ver también Juan 6:14).
Jesús, el cumplimiento perfecto de las profecías bíblicas, es el mismo Dios eterno que existía desde siempre (Juan 1:1-5, 14; 1 Juan 1:1-3). No era un profeta más entre otros, era profeta y Dios en una sola persona. Por lo tanto, una de sus principales funciones proféticas fue unir a los seres humanos en él y guiarlos al Padre (Juan 17). A los profetas bíblicos se eles encomendó una misión similar (Éxodo 19:3, 4; Lucas 3:1-18; Efesios 4:11-13). Los escritos de Elena White tienen el mismo objetivo.
¿Cuál fue el papel profético de Jesús? ¿Cómo se respondía esta pregunta en la época de Jesús?
"Viniendo Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? 14 Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas. 15 Él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? 16 Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente". Mateo 16:13-16
"Salieron Jesús y sus discípulos por las aldeas de Cesarea de Filipo. Y en el camino preguntó a sus discípulos, diciéndoles: ¿Quién dicen los hombres que soy yo? 28 Ellos respondieron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los profetas. 29 Entonces él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy? Respondiendo Pedro, le dijo: Tú eres el Cristo". Marcos 8:27-29
"Aconteció que mientras Jesús oraba aparte, estaban con él los discípulos; y les preguntó, diciendo: ¿Quién dice la gente que soy yo? 19 Ellos respondieron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, que algún profeta de los antiguos ha resucitado. 20 Él les dijo: ¿Y vosotros, quién decís que soy? Entonces respondiendo Pedro, dijo: El Cristo de Dios". Lucas 9:18-20
Jesús es aquel a quien todos los profetas del Antiguo Testamento señalaban como el Cristo o Mesías venidero. En el Nuevo Testamento, él es reconocido como el cumplimiento de esas profecías mesiánicas. En Lucas 24:13-35, Jesús se identificó como aquel a quien señalaban las profecías mesiánicas.
De hecho, la descripción que se hace en Juan 1:1-5 del Verbo no se ajusta a ningún ser humano, profeta o no. El Verbo es identificado como el Creador, porque «todas las cosas fueron hechas por él. Nada de cuanto existe fue hecho sin él» (Juan 1:3). Es decir, él es el autor de todo lo creado; es decir, del cosmos entero, cuya extensión se estima en 93 000 millones de años luz.
En cada «dijo Dios» de Génesis 1 oímos hablar a Jesús. Aquel que dijo: «Haya luz» (Génesis 1:3) es también la «luz de los hombres» (Juan 1:4), quien estaba disipando las tinieblas de la tierra mediante el plan de salvación (Juan 1:4-5).
Las palabras proféticas de Dios son ciertas y confirmadas. Cuando se les presta atención, son una luz «que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el Lucero de la mañana salga en sus corazones» (2 Pedro 1:19). La profecía seguirá trayendo luz a nuestro mundo pecaminoso hasta que Jesús, «la Estrella de la mañana» y fuente de esa luz profética, inaugure su reino eterno.
El deseo más ferviente de Elena White era compartir vislumbres de Dios por medio de un mensaje cristocéntrico. En 1889 declaró:
"¡Lo amo! ¡Lo amo! Veo en Jesús un encanto sin igual. Veo en él todo lo que los seres humanos pueden desear. Acudamos al Cordero de Dios que quita el pecado del mundo... Obtengamos, por medio de sus méritos y su justicia la preparación necesaria para el cielo. Él no rechazará el alma quebrantada y contrita". (Elena White. Conditions of Acceptance With God. Review and Herald, 2 de Abril de 1889), 12.
Hacia 1850, por ejemplo, vio al amable Jesús en persona. Tras preguntarle 'si su Padre era una persona y tenía forma como él, dijo Jesús: "Soy la imagen expresa de la persona de mi Padre" (PE, 108).
En 1869 fue describiendo a Jesús de forma más detallada como: "El esplendor de la gloria del Padre, y la imagen expresa de su persona... era igual a Dios".
Dirigiéndose a los jóvenes en 1887, se refirió a Jesús como "el hijo eterno de Dios".
En los años posteriores a 1888. White se distanció de la posición antitrinitaria de sus contemporáneos.
Aa comienzos de 1890 declaró que: "Las palabras de Cristo estaban llenas de profundo significado cuando afirmó que él y el Padre eran de una misma sustancia, poseyendo los mismos atributos. (Elena White. 'The true Sheep Respond to the voice of the Shepherd'. Signs of the Times, 27/11/1983), 6.
Y agregó que Jesús era: "Igual a Dios, infinito y omnipotente... Él es el Hijo eterno y autoexistente" (Elena White. The true High Priest, manuscrito 101, 1987).
Estas reflexiones le llevaron a escribir El Deseado de Todas las Gentes en 1898.
Conforme se acercaba el nuevo siglo, los escritos de White adquirieron un carácter plenamente cristocéntrico. Publicaciones como El camino a Cristo (1892), El discurso Maestro de Jesucristo (1896), Palabras de Vida del Gran Maestro (1900), El ministerio de curación (1905) y Los Hechos de los Apóstoles (1911) ofrecen un panorama amplio y exhaustivo del Salvador. Defienden su naturaleza eterna y su autoexistencia, como Aquel que posee 'toda la plenitud de la Deidad' (6TI, 62).
Su doxología favorita era: "Cristo era Dios en esencia y en la más alta acepción. Era con Dios desde la eternidad, Dios sobre todas las cosas, bendito para siempre". (Elena White. The word made flesh. Review and Herald, 5/4/1906), 8.
Hasta entonces, Cristo ofrece la eternidad a todos en virtud de su vida, muerte y resurrección. La única pregunta es si la aceptaremos o no.
Reflexionemos sobre el hecho de que Jesús, el Creador (Juan 1:1-3), es también quien murió en la cruz por nuestros pecados. ¿Qué nos enseña esta asombrosa verdad acerca del amor de Dios para con nosotros?
II. APÓSTOLES Y PROFETAS
El Nuevo Testamento menciona la obra de los profetas y de los apóstoles, quienes eran «mensajeros» o «enviados» de Dios, que es el significado de la palabra griega apostolos. En los evangelios, la palabra «apóstol» se refiere a los doce discípulos. El resto del Nuevo Testamento respalda esta idea e incluye a otras personas que no formaban parte de ese grupo original.
Pablo se llama a sí mismo apóstol doce veces en sus epístolas. En Romanos 1:1-2, conecta su llamado apostólico y el contenido de su predicación con el mensaje de los profetas del Antiguo Testamento. Pablo se identifica como apóstol de los gentiles (Romanos 11:13) nombrado «por la voluntad de Dios» (1 Corintios 1:1).
A diferencia de los sacerdotes, cuya designación estaba determinada por su pertenencia a una familia específica, Dios eligió a los profetas y a los apóstoles según su voluntad. Cuando se cuestionó el apostolado de Pablo, él defendió su ministerio en esos términos (1 Corintios 9:1-2). Pablo consideraba que su apostolado se basaba en la obra de Cristo, quien es el fundamento de la iglesia (Efesios 2:20).
Como receptores de la revelación de Dios, los apóstoles poseyeron el mismo nivel de inspiración que los profetas (Efesios 3:1-5).
En 2 Pedro 3:1-2, el apóstol se refiere a los profetas como antecesores cuyas palabras eran importantes, pero los apóstoles son presentados como investidos de la misma autoridad. Esos versículos se refieren a los tiempos del Antiguo Testamento y del Nuevo Testamento. Los profetas actuaron como los mensajeros de Dios en la era del Antiguo Testamento, así como los apóstoles lo hicieron en la del Nuevo, pero hubo también personas que profetizaron o ejercieron el don profético sin ser apóstoles. El don de profecía no estaba limitado a los apóstoles en los tiempos del Nuevo Testamento. A su vez, no todos los profetas eran apóstoles (Hechos 15:32).
¿Cuál era la función de los apóstoles y los profetas en relación con Cristo y la iglesia según Efesios 2:20 y 3:5?
Jesús fue el centro de casi todo lo que los apóstoles escribieron en el Nuevo Testamento. De una forma u otra, su vida, muerte, resurrección, ministerio sumo sacerdotal y regreso eran su tema central.
La Biblia es el único registro oficial que tenemos de las palabras de los apóstoles y profetas sobre Jesús, su vida y sus obras. ¿Qué nos dice esto de por qué la Biblia debe ser la autoridad final en lo que creemos sobre Jesús y su muerte por nosotros?
III. FUNCIONES DE LOS PROFETAS DEL NT
¿Qué nos dicen 1 Corintios 14:3, Efesios 4:11-13 y Apocalipsis 22:6 sobre la función de los profetas del Nuevo Testamento?
"Pero el que profetiza habla a los hombres para edificación, exhortación y consolación" 1 Corintios 14:3.
"Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, 12 a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, 13 hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo" Efesios 4:11-13.
"Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto". Apocalipsis 22:6.
A pesar de su utilidad, estos versículos no presentan una visión completa de la tarea de los profetas del Nuevo Testamento. Sin embargo, gran parte de lo que hicieron refleja lo que fue también la labor de los profetas del Antiguo Testamento. Este hecho demuestra la continuidad del don profético.
La profecía aparece en 1 Corintios 12:10 entre otros dones espirituales. En la metáfora del cuerpo de Cristo (1 Corintios 12:27-28) se menciona a los profetas después de los apóstoles, quienes también recibieron revelaciones de Dios. Según 1 Corintios 14:3, «el que profetiza habla a los hombres para edificar, exhortar y consolar».
Efesios 4:11-13 enumera un conjunto de dones espirituales similar al que aparece en 1 Corintios 12. Los profetas son mencionados entre los apóstoles, evangelistas, pastores y maestros (Efesios 4:11). La tarea de estas personas consiste en «perfeccionar a los santos para desempeñar su ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un estado perfecto, a la madurez de la plenitud de Cristo» (Efesios 4:12-13). Como se ve aquí y en otros lugares, Jesús es el centro del mensaje.
El libro de los Hechos habla de dos profetas, Judas y Silas (ninguno de los cuales escribió un libro en la Biblia), que «consolaron y confirmaron a los hermanos con abundancia de palabra» (Hechos 15:32). Aunque es cierto que, en ocasiones, los profetas tienen que pronunciar advertencias, incluso severas, también ofrecen, dependiendo de las circunstancias, palabras de aliento, especialmente en tiempos difíciles, palabras que sin duda fueron muy apreciadas por quienes necesitaban escucharlas, por la esperanza y la promesa que contenían.
Alentar a las personas también es una obra mencionada en el contexto de la profecía (1 Corintios 14:31). En tiempos de tribulación y persecución, el don profético ha sido una fuente de aliento y esperanza. Sin duda alguna, no era una tarea fácil. Elena White recibió visiones de Dios y las compartió con su pueblo, pues no eran mensajes suyos. Sus mensajes han llevado a quienes los reciben 'de la certidumbre a la confianza'
"Camino temerosa ante Dios. No sé cómo hablar ni plasmar con la pluma el vasto tema del sacrificio expiatorio. No sé cómo presentar estos temas con el mismo poder vivo que los veo ante mí. Tiemblo ante el temor de rebajar el gran plan de la salvación con palabras vacías. Me inclino con temor y reverencia ante Dios y digo: ¿Quién es suficiente para estas cosas? (2 Corintios 2:16) ¿Cómo puedo hablar, cómo puedo escribir a mis hermanos para que capten los rayos de luz que destellan desde el cielo? ¿Qué diré?" (Elena White. Carta 40, 1892).
En Apocalipsis 22:6, Jesús se presenta como «el Señor Dios, que inspira a los profetas», cuyas «palabras son ciertas y verdaderas». Por supuesto, todo lo que proviene de los siervos de Dios, cuando hablan en nombre de él, también es «cierto y verdadero». En un mundo tan poco confiable, podemos confiar en lo que dicen los profetas del Señor, especialmente en las Escrituras, nuestra autoridad final y definitiva.
IV. PROFETISAS Y AYUDANTES PASTORALES
"Estaba también allí Ana, profetisa, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad muy avanzada, pues había vivido con su marido siete años desde su virginidad, 37 y era viuda hacía ochenta y cuatro años; y no se apartaba del templo, sirviendo de noche y de día con ayunos y oraciones. 38 Esta, presentándose en la misma hora, daba gracias a Dios, y hablaba del niño a todos los que esperaban la redención en Jerusalén. Lucas 2:36-38
"Este tenía cuatro hijas doncellas que profetizaban" Hechos 21:9.
¿Qué dicen estos textos acerca de las profetisas?
En los tiempos del Antiguo Testamento, Dios llamó tanto a hombres como a mujeres para que actuaran como sus mensajeros. En el Nuevo Testamento hay evidencias claras de la existencia de profetisas en el siglo primero. Ana fue la primera en ser llamada «profetisa» en el Nuevo Testamento. Ella era alguien que, en su ministerio de tiempo completo, «servía noche y día con ayuno y oración. […] Dio gracias a Dios y habló del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén» (Lucas 2:37-38).
Hechos 21:9 dice que Felipe tenía «cuatro hijas solteras que profetizaban». Los autores cristianos que se ocuparon de la historia del Nuevo Testamento, como Eusebio, tuvieron acceso a textos posteriores que mencionan dónde es posible que vivieran y dónde fueron sepultadas. En definitiva, esto confirma la existencia de mujeres, muy probablemente jóvenes, que tenían el don profético. No conocemos exactamente el contenido de sus mensajes proféticos ni el alcance de su ministerio, pero sabemos que, como en el caso de muchos otros profetas genuinos, sus palabras no llegaron a formar parte del canon bíblico.
Además de las profetisas, jóvenes pastores trabajaban en estrecha colaboración con los apóstoles, quienes los guiaban en el ministerio. Pablo, por ejemplo, se refirió a Timoteo como «verdadero hijo en la fe» (1 Timoteo 1:2; ver también 1 Timoteo 4:12). Pablo instruyó a Timoteo en los fundamentos del ministerio pastoral y afirmó lo siguiente acerca de su llamamiento: «Hijo Timoteo, te encargo este mandato conforme a las profecías que antes se hicieron acerca de ti. Milita por ellas la buena milicia» (1 Timoteo 1:18).
En Tito 1:4, Pablo presentó a Tito como «verdadero hijo en la común fe», le encomendó la tarea de nombrar líderes para la desafiante congregación de Creta, le ofreció orientación espiritual acerca de cómo abordar esta importante responsabilidad y concluyó: «Esto habla, exhorta y reprende con toda autoridad. ¡Nadie te menosprecie!» (Tito 2:15).
Como es posible ver, en el Nuevo Testamento había apóstoles y profetas canónicos y no canónicos. Teniendo en cuenta todo esto ¿Cómo podemos clasificar a Elena White? ¿A qué categoría de profetas pertenece?
Jóvenes, ancianos, hombres, mujeres: todos podemos desempeñar un papel en la obra de Dios. ¿Cuál es el tuyo y cómo puedes hacer aún más?
V. FALSOS PROFETAS MENCIONADOS EN EL NT
"Entonces, si alguno os dijere: Mirad, aquí está el Cristo, o mirad, allí está, no lo creáis. 24 Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos". Mateo 24:23-24.
¿Qué nos advierte Jesús aquí? ¿Por qué debemos prestar seria atención a esta advertencia?
Jesús no pudo haber sido más claro: «Porque se levantarán falsos cristos y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios para engañar, si fuere posible, aun a los elegidos» (Mateo 24:24).
Los engaños acerca de los que nos advierte son sin duda muy persuasivos, pues van acompañados de «grandes señales y prodigios». Las manifestaciones sobrenaturales no son en sí mismas una evidencia de la obra de Dios, por muy persuasivas que parezcan. Tenemos enemigos sobrenaturales. Como nos ha advertido Pablo: «Porque no tenemos lucha contra sangre y carne; sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de este mundo de tinieblas, contra malos espíritus de los aires» (Efesios 6:12). Estos poderes actúan por medio de falsos profetas, los cuales no son una novedad. El Nuevo Testamento se refiere a los falsos profetas de los tiempos del Antiguo Testamento (Lucas 6:26). En el Nuevo Testamento, los falsos profetas son comparados con «lobos rapaces» que están «disfrazados de ovejas» (Mateo 7:15), y se nos dice que «por sus frutos los conocerán» (Mateo 7:16).
Su principal ocupación es el engaño (Mateo 7:17-20). El mismo Jesús declaró que «se levantarán muchos falsos profetas y engañarán a muchos» (Mateo 24:11), incluso, «si fuere posible, aun a los elegidos» (Mateo 24:24; ver también Marcos 13:22; 1 Juan 4:1).
Según Efesios 6:10-18, ¿cómo podemos protegernos de cualquier tipo de engaño?
Vivir por fe, revestirnos de la «coraza de justicia», ceñirnos con la «verdad», rendirnos al Espíritu Santo por medio de la oración y estar arraigados en su Palabra. Así es como podemos protegernos de todo lo que, de otro modo, nos desviaría espiritual y teológicamente.
Elena White nunca presentó su obra como equivalente o superior a la Biblia. Por el contrario, ensalzo la palabra de Dios. En su primer folleto, por ejemplo, publicado en 1851, escribió: Le recomiendo querido lector, la Palabra de Dios como su norma de fe y de su práctica" (Elena White. A Sketch of the christian experience and views of Ellen White (Saratoga Springs, NY: James White, 1851), 64.
Luego de su última intervención ante el congreso de la AG celebrado en 1909, regresó al púlpito, levantó la Biblia con las manos temblorosas extendidas y declaró: "Hermanos y hermanas les recomiendo este libro" (Arthur White. Ellen White t. 6 The later Years: 1905-1915 R&H, 1982), 197.
Toda su vida, su ministerio y sus escritos enaltecieron las Escrituras por encima de sus propios escritos.
Entonces, si ya tenemos la Biblia como fuente autoritativa ¿por qué Dios le da a la iglesia el don del espíritu de profecía?
Su respuesta:
"Se presta poca atención a la Biblia, por lo que el Señor ha dado una luz menor para guiar a hombres y mujeres hacia la luz mayor" (R&H 20/01/1903), 14.
"No están familiarizados con las Escrituras. Si hubieran estudiado la Palabra de Dios con un deseo de alcanzar la norma bíblica y lograr la perfección cristiana, no habrían necesitado los Testimonios. Es porque han descuidado el conocimiento del Libro inspirado por Dios, por lo que él ha intentado alcanzarlos por medio de testimonios sencillos y directos, llamando su atención a las palabras inspiradas que no han obedecido, y urgiéndolos a armonizar su vida a sus puras y elevadas enseñanzas. El Señor tiene el propósito de advertirnos, reprendernos, aconsejarnos por medio de los Testimonios que ha dado, y de impresionar nuestra mente con la importancia de la verdad de su Palabra. El deber del ser humano hacia Dios y hacia sus semejantes ha sido claramente especificado en la Palabra de Dios; sin embargo, pocos obedecen la luz dada". 2TI, 535.
¿Qué puedes hacer para estar mejor equipado contra los engaños que azotan nuestro mundo?
CONCLUSIÓN
Como hemos aprendido, Dios llamó a profetas en momentos específicos y les encomendó tareas importantes. Su función principal era llevar a las personas al conocimiento de Dios y a una relación fiel con él. Esta fue la orientación que guio a Elena de White. Su ministerio tenía dos funciones principales: llevar a las personas a Jesús y dirigir la atención de ellas hacia la Biblia.
Elena de White amó profundamente a Jesús durante toda su vida, la cual estuvo dedicada a compartir el amor de Dios con los demás. Su famosa serie de cinco libros titulada «El gran conflicto» comienza y termina con las palabras «Dios es amor». En El camino a Cristo, quizá su libro más popular, escribió: «Nuestro crecimiento en la gracia, nuestro gozo, nuestra utilidad, todo depende de nuestra unión con Cristo. Debemos crecer en la gracia por medio de la comunión con él día a día, hora a hora —permaneciendo en él—. Él no solo es el autor, sino también el perfeccionador de la fe» (CC, 58).
Durante la década de 1890, cuando trabajaba en El Deseado de todas las gentes, escribió en su diario: «Al escribir sobre la vida de Cristo, me siento profundamente conmovida. Me olvido de respirar como debería. No puedo soportar la intensidad del sentimiento que me invade cuando pienso en lo que Cristo sufrió en nuestro mundo» (Manuscrito 70, 1897).
A Elena de White le encantaba hablar de Jesús. La Biblia fue el segundo eje de su ministerio. Ella consideraba sus escritos como una «luz menor» que guiaba a las personas hacia la «luz mayor»: la Biblia (3MS, 34). Siempre animaba a las personas a acudir a las Escrituras, donde Dios ha revelado su carácter amoroso y su plan de salvación. Como ella misma dijo al principio de su ministerio: «Recomiendo al amable lector la Palabra de Dios como regla de fe y práctica» (3MS, 33).
Años más tarde, escribiría: «El Señor desea que estudies la Biblia. No ha dado ninguna luz adicional que sustituya a su Palabra. [...] Si se asimila y se digiere, [su Palabra] es como la sangre vital del alma. Entonces, las buenas obras se verán como luz que brilla en la oscuridad» (Carta 130, 1901).
Elena de White también creía que todos los que reclaman el manto profético de Cristo deben enseñar «lo que Cristo había enseñado. Eso incluye lo que él había dicho, no solamente en persona, sino a través de todos los profetas y maestros del Antiguo Testamento. Excluye la enseñanza humana» (DTG, 766).
Elena de White mantuvo a Jesús y las Escrituras en el centro de su experiencia cristiana.