martes, 20 de junio de 2023

La Biblia: Fuente autoritativa de nuestra teología - Cómo interpretar la Biblia

“¡A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido” (Isaías 8:20). 

Textos clave: Isaías 8:20; Marcos 7:1–13; 1 Corintios 11:2; 2 Tesalonicenses 3:6; Romanos 2:4; Tito 3:4, 5; 1 Juan 2:15–17; 2 Corintios 10:5, 6; Proverbios 1:7; 9:10; Juan 5:46–48; 7:38. 

"La vida de Cristo, que da vida al mundo, está en su palabra. Fue por su palabra como Jesús sanó la enfermedad y echó los demonios; por su palabra calmó el mar y resucitó los muertos; y la gente dio testimonio de que su palabra era con autoridad. Él hablaba la palabra de Dios, como había hablado por medio de todos los profetas y los maestros del Antiguo Testamento. Toda la Biblia es una manifestación de Cristo, y el Salvador deseaba fijar la fe de sus seguidores en la Palabra. Cuando su presencia visible se hubiese retirado, la Palabra sería fuente de poder para ellos. Como su Maestro, habían de vivir ‘con toda palabra que sale de la boca de Dios... “Así como nuestra vida física es sostenida por el alimento, nuestra vida espiritual es sostenida por la palabra de Dios. Y cada alma ha de recibir vida de la Palabra de Dios para sí. Como debemos comer por nosotros mismos a fin de recibir alimento, así hemos de recibir la Palabra por nosotros mismos. No hemos de obtenerla simplemente por medio de otra mente. Debemos estudiar cuidadosamente la Biblia, pidiendo a Dios la ayuda del Espíritu Santo a fin de comprender su Palabra". DTG, 360.

Muchas veces no somos conscientes de la influencia de otras fuentes en nuestro pensamiento y nuestra teología. Incluso si queremos vivir solo de acuerdo con la Biblia, nuestra comprensión de la Escritura está significativamente moldeada e influenciada por una serie de factores: las tradiciones a las que estamos acostumbrados y con las que crecimos, la forma en que se nos educó para pensar y usar la razón para explicar las cosas, nuestra experiencia con ciertas personas e ideas, y la cultura formativa que nos rodea. La prioridad dada a cualquier fuente o combinación de fuentes tiene una influencia significativa en nuestra teología; finalmente determinará la dirección de toda la tarea teológica. En las iglesias católicas y ortodoxas, la tradición a menudo juega un papel importante y decisivo. En las iglesias carismáticas y pentecostales, la experiencia a menudo cuenta como autoridad final. En la teología liberal, la razón humana a menudo asume la última palabra, que decide qué es aceptable y qué no. Además, cada iglesia se ve afectada hasta cierto punto por la cultura local. Y ninguna iglesia existe sin la Biblia. No queremos una fe desprovista de experiencia, ni una fe en la que no pensemos (una fe irracional y no bendecida por las tradiciones positivas). Es importante estar al tanto de todas esas influencias y comprender la contribución positiva que cada fuente tiene en nuestra fe. Pero también es de vital importancia ver claramente las limitaciones de cada fuente. La cuestión determinante es esta: ¿a qué fuente otorgamos la autoridad suprema y final en materia de fe y práctica?

No hay ninguna iglesia cristiana que no utilice la Biblia para respaldar sus creencias. Sin embargo, el papel y la autoridad de la Escritura en la teología no son iguales en todas las iglesias. 
Este es un tema importante pero complejo que exploraremos al estudiar cinco fuentes influyentes diferentes que intervienen en nuestra interpretación de las Escrituras: la tradición, la experiencia, la cultura, la razón y la Biblia misma. 
Estas fuentes desempeñan un papel importante en cada teología y en cada iglesia. Todos somos parte de varias tradiciones y culturas que nos impactan. Todos tenemos experiencias que dan forma a nuestro pensamiento e influyen en nuestra comprensión. Todos tenemos una mente para pensar y evaluar las cosas. 
¿Cuál de estas fuentes, o combinaciones de ellas, tiene la autoridad final en nuestra forma de interpretar la Biblia? La prioridad que se le da a cualquier fuente o fuentes ocasiona énfasis y resultados muy diferentes y, en última instancia, determinará la dirección de toda nuestra teología.

¿Qué papel debería cumplir la tradición en nuestra iglesia? ¿Qué bendiciones y desafíos hay en las tradiciones religiosas? 

I. LA TRADICIÓN

La tradición La tradición a menudo tiene mala reputación. Se la asocia con una mentalidad estrecha que se apega servilmente a la rígida repetición y ejecución de ciertos rituales y prácticas. Pero la tradición no es del todo mala. Piensa en algunos aspectos positivos que cualquier tradición podría tener. Brinda actos recurrentes de estructura y estabilidad. Nos conecta con nuestro pasado y quizá incluso con nuestros orígenes. Transmite valores y cosas que son importantes para nosotros. Ayuda a mantener vivo el recuerdo de acontecimientos y cosas importantes. Todo esto es bueno. El problema surge cuando esas tradiciones cobran vida propia y finalmente se vuelven más importantes que las cosas originales que intentan preservar. Las tradiciones también tienden a crecer con el tiempo y a agregar aspectos que van más allá de lo que inicialmente desencadenó la tradición.

En Gálatas 1:9, Pablo exhorta a los creyentes a no predicar otro evangelio que el que habían recibido. Por lo tanto, existe una tradición que Dios inició, pero también hay tradiciones humanas que originalmente no forman parte del plan de Dios ni de la Palabra de Dios. 

La tradición en sí no es mala. Da a los actos recurrentes de nuestra vida cotidiana una cierta rutina y estructura. Nos puede ayudar a mantenernos conectados con nuestras raíces. Por lo tanto, no es de extrañar que la tradición también juegue un papel importante en la religión. Pero, también hay algunos peligros relacionados con la tradición. 

¿Qué nos enseña Marcos 7:1 al 13 sobre cómo reaccionó Jesús ante algunas tradiciones humanas de su época? 

La tradición que Jesús confrontó era cuidadosamente transmitida en la comunidad judía de maestro a alumno. En los días de Jesús, había asumido un lugar a la par de las Escrituras. Sin embargo, la tradición tiende a crecer durante largos períodos, acumulando así cada vez más detalles y aspectos que originalmente no formaban parte de la Palabra ni del plan de Dios. Estas tradiciones humanas, aunque eran promovidas por “ancianos” respetados (ver Marcos 7:3, 5), es decir, por los líderes religiosos de la comunidad judía, no son iguales a los mandamientos de Dios (ver Marcos 7:8, 9). Eran tradiciones humanas y, a la larga, llegaron a un punto en el que “invalidaron la palabra de Dios” (Marcos 7:13). 

Lee 1 Corintios 11:2 y 2 Tesalonicenses 3:6. ¿Cómo distinguimos entre la Palabra de Dios y la tradición humana? ¿Por qué es tan importante que hagamos esta distinción? 

La Palabra viva de Dios origina en nosotros una actitud reverente y fiel hacia ella. Esta fidelidad genera una cierta tradición. Nuestra fidelidad, sin embargo, siempre necesita ser leal al Dios vivo, que ha revelado su voluntad en la Palabra escrita de Dios. Por lo tanto, la Biblia ostenta un papel único que reemplaza a todas las tradiciones humanas. La Biblia está por encima y por sobre todas las tradiciones, incluso las buenas. Las tradiciones que surgen de nuestra experiencia con Dios y su Palabra constantemente deben cotejarse con la vara de medir de la santa Escritura. 

¿Cuáles son las cosas que hacemos como iglesia que podrían ponerse bajo el rótulo de “tradición”? 
¿Por qué siempre es importante distinguirlas de un precepto bíblico?
¿Cómo podemos asegurarnos de que la tradición, por más buena que sea, no sustituya la Palabra escrita de Dios como nuestra norma y autoridad final? 
¿Por qué es más fácil respetar los detalles de algunas tradiciones humanas que vivir el espíritu de la Ley de Dios: amar al Señor nuestro Dios con todo mi corazón, alma y mente, y a mi prójimo como a mí mismo (ver Mateo 22:37-40)? 

II. LA EXPERIENCIA

Lee Romanos 2:4; y Tito 3:4 y 5. ¿Cómo percibimos la benignidad, la paciencia, el perdón, la longanimidad y el amor de Dios? ¿Por qué es importante que nuestra fe no sea solo un conocimiento abstracto e intelectual, sino algo que realmente experimentemos? Al mismo tiempo, nuestras experiencias, ¿de qué manera pueden entrar en conflicto con la Biblia e incluso engañarnos en nuestra fe? 

Los seres humanos fueron creados con la capacidad de experimentar amor. Podemos experimentar la belleza, la armonía, la música y el arte, y podemos relacionarnos con cosas y otras relaciones mucho más que de una manera racional. La experiencia es parte de nuestra vida y también forma parte importante de nuestra vida espiritual con Dios. Piensa en aspectos de tu fe donde el hecho de experimentar alegría, perdón, una conciencia limpia y actos de bondad y amor ha impactado positivamente en tu relación con Dios y con otros creyentes. Tu experiencia de rechazo, prejuicio, odio, sospecha, duda, envidia y celos ¿cómo impactó negativamente en tu relación con Dios y en tu comprensión de él? ¿Qué nos enseña eso sobre nuestra responsabilidad de ser cartas vivas de Cristo (2 Cor. 3:2, 3) que otras personas podrían leer cuando quisieran aprender algo acerca de Dios? 

Ilustración 
Nuestra experiencia humana es poderosa pero también puede ser engañosa y errónea. ¿Cómo reaccionarías si un cristiano carismático te dijera que, según su experiencia, Dios le ha dicho que adore a Dios en domingo, mientras que la Biblia establece claramente que el séptimo día es el día santo de descanso para Dios? ¿Qué debemos hacer si la experiencia de un don espiritual específico se convierte en la norma de lo que significa vivir una vida llena del Espíritu?

La experiencia es parte de nuestra existencia humana. Afecta nuestros sentimientos y pensamientos de una manera poderosa. Dios nos ha diseñado de modo que nuestra relación con su creación, e incluso con Dios mismo, está tan conectada a nuestra experiencia que esta la determina. Dios desea que experimentemos la belleza de las relaciones, del arte, la música y las maravillas de la Creación, así como el gozo de su salvación y el poder de las promesas de su Palabra. Nuestra religión y nuestra fe son más que solo doctrina y decisiones racionales. Lo que experimentamos moldea significativamente nuestra visión de Dios e incluso nuestra comprensión de su Palabra. Pero, también necesitamos ver claramente las limitaciones e insuficiencias de nuestras experiencias a la hora de conocer la voluntad de Dios. 

¿Qué advertencia se encuentra en 2 Corintios 11:1 al 3? ¿Qué debería decirnos esto sobre los límites de confiar en nuestras experiencias? 

Las experiencias pueden ser muy engañosas. Bíblicamente hablando, la experiencia necesita tener su propia esfera. Necesita que la Escritura la inspire y la forme, y también que la interprete. A veces queremos experimentar algo que no está en armonía con la Palabra y la voluntad de Dios. 
Aquí, debemos aprender a confiar en la Palabra de Dios incluso por encima de nuestra experiencia y deseos. Debemos estar atentos para cerciorarnos de que incluso nuestra experiencia esté siempre en armonía con la Palabra de Dios y no contradiga las claras enseñanzas de la Biblia. Una fe en la que el amor a Dios y el amor a los demás (ver Marcos 12:28-31) son los mandamientos principales es, obviamente, una fe en la que la experiencia importa. Al mismo tiempo, ¿por qué es indispensable que siempre analicemos nuestra experiencia teniendo la Palabra de Dios como parámetro?

III. LA CULTURA

La palabra cultura deriva del latín cultūra, procedente, a su vez, de colere, que significa cultivar. La cultura abarca, entre otras cosas, el conjunto de costumbres, valores, el comportamiento social y las normas que se encuentran en las sociedades humanas. Dios nos ha dado la capacidad de darle forma a la cultura, pero al mismo tiempo todos estamos influenciados por las respectivas culturas en las que vivimos. La Biblia llegó a la existencia en una cultura específica. Es de gran ayuda familiarizarse con la cultura de las Escrituras para comprender mejor algunas de sus declaraciones. La cultura bíblica no hace que la Escritura sea relativa a la cultura. Al fin y al cabo, la Escritura es la Palabra revelada de Dios. Como tal, la Biblia puede tener un impacto positivo en la cultura humana y elevar cualquier sociedad. Enumeren ejemplos en los que el pensamiento bíblico haya cambiado tu sociedad y tu cultura para mejor o donde podría tener un impacto positivo. Piensen con los miembros de la Escuela Sabática sobre las estrategias para presentar la Biblia y las ideas bíblicas de manera que sean bien recibidas, creando una contracultura bíblica positiva en nuestra sociedad. Ninguna cultura es perfecta, y cada cultura se ve afectada por el pecado. Por lo tanto, no todo en la cultura es positivo. 

Algunos aspectos culturales pueden tener un impacto negativo en nuestra fe o incluso pueden ser de origen demoníaco. ¿Cómo podemos distinguir entre los aspectos positivos y los negativos de nuestra cultura? ¿Cómo podemos evitar simplemente copiar nuestra cultura en nuestra adoración? ¿Por qué tenemos que ser culturalmente relevantes para llegar a otras personas? ¿Cómo puede la Biblia ser la norma final en esta búsqueda? 

Todos pertenecemos a una cultura (o culturas) concreta y somos parte de ella. Todos somos influenciados y moldeados por la cultura, también. Nadie escapa de ella. De hecho, piensa en cuántos relatos del Antiguo Testamento detallan que el antiguo Israel se corrompió por las culturas circundantes. ¿Qué nos hace pensar que hoy somos diferentes o mejores? La Palabra de Dios también se da en una cultura específica, aunque no se limita a esa cultura. Si bien los factores culturales influyen inevitablemente en nuestra comprensión de la Biblia, no debemos perder de vista el hecho de que la Biblia también trasciende las categorías culturales establecidas de etnicidad, imperio y estatus social. Esta es una de las razones por las que la Biblia supera cualquier cultura humana e incluso es capaz de transformar y corregir los elementos pecaminosos que encontramos en todas las culturas. 

Lee 1 Juan 2:15 al 17. ¿Qué quiere decir Juan cuando declara que no debemos amar las cosas del mundo? ¿Cómo podemos vivir en el mundo y, no obstante, no tener una mentalidad mundana? 

La cultura, como cualquier otra faceta de la creación de Dios, se ve afectada por el pecado. Por consiguiente, también está bajo el juicio de Dios. Sí, algunos aspectos de nuestra cultura podrían alinearse muy bien con nuestra fe, pero siempre debemos tener cuidado de distinguir entre ambas. Idealmente, la fe bíblica debería desafiar la cultura existente si es necesario, y crear una contracultura que sea fiel a la Palabra de Dios. A menos que tengamos algo arraigado en nosotros que provenga de lo Alto, pronto cederemos a lo que nos rodea. 

“Los seguidores de Cristo han de estar separados del mundo en sus principios e intereses; pero no deben aislarse del mundo. El Salvador trataba constantemente con los hombres, no para alentarlos en cosa alguna que no estuviese de acuerdo con la voluntad de Dios, sino para elevarlos y ennoblecerlos” (CM 306). 

¿Qué aspectos de tu cultura están en total oposición a la fe bíblica? Más aún, ¿cómo nos mantenemos firmes en esos aspectos que intentan echar a perder nuestra fe?

 ¿Cómo afecta la cultura en que estamos inmersos a tu fe? ¿Qué ejemplos podemos encontrar en la historia donde la cultura haya tenido un impacto considerable sobre el accionar de los miembros de la iglesia, a tal punto que, al mirar hacia atrás ahora, los consideramos negativos? ¿Qué lecciones personales podemos sacar de esto para no cometer errores similares?

IV. LA RAZÓN

Dios nos creó con la capacidad de pensar. Gran parte de la Biblia nos llama a reflexionar sobre lo que está escrito en ella, y estimula nuestros pensamientos y el razonamiento. La repetición de la pregunta: “¿Qué te parece?” (Mat. 17:25; 18:12; 21:28; 22:17; 22:42; 26:66; y otros) o la de la pregunta conexa: “¿No habéis leído?” (Mat. 12:3, 5; 19:4; 21:16; 21:42; 22:31; y otros) implica que Dios quiere que usemos nuestra mente para entenderlo a él y su Palabra. Si bien podemos entender a Dios adecuadamente y con sinceridad, debemos reconocer que nunca comprenderemos plenamente todo acerca de Dios. A fin de cuentas, somos seres creados. ¡No somos Dios! Además, nuestro pensamiento está oscurecido y se ve afectado por el pecado. Por lo tanto, necesitamos incluso llevar “cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo” (2 Cor. 10:5). Si no estamos dispuestos a someter nuestro pensamiento a la autoridad superior de la Escritura, rápidamente comenzaremos a juzgar cada vez más partes de la Escritura de acuerdo con lo que creemos que es razonable y verdadero, convirtiendo así nuestra razón en la norma de lo que podemos aceptar o no. Esta mentalidad eliminará los milagros de la Biblia y afectará verdades bíblicas como la doctrina de Dios y su naturaleza trina o la divinidad de Cristo, la personalidad del Espíritu Santo, la resurrección corporal, la relación entre los seres humanos, el libre albedrío y la soberanía de Dios, por mencionar solo algunas enseñanzas. Al fin y al cabo, “un método crítico está destinado al fracaso, porque presenta una imposibilidad interna. Porque lo correlativo o el contrapunto de la revelación no es la crítica sino la obediencia; no es corregir [...] sino un ‘permítanme ser corregido’ ” (G. Maier, The End of the Historical-Critical Method, p. 23). 

Lee 2 Corintios 10:5 y 6; y Proverbios 1:7 y 9:10. ¿Por qué es tan importante la obediencia a Cristo en nuestros pensamientos? ¿Por qué el temor de Jehová es el principio de la sabiduría? 

Dios nos ha dado la capacidad de pensar y razonar. Cada actividad humana y cada argumento teológico suponen nuestra capacidad de pensar y sacar conclusiones. Nosotros no respaldamos una fe irracional. Sin embargo, como consecuencia de la Ilustración del siglo XVIII, la razón humana asumió un papel nuevo y dominante, especialmente en la sociedad occidental, que va mucho más allá de nuestra capacidad de pensar y llegar a conclusiones correctas. En contraste con la idea de que todo nuestro conocimiento se basa en la experiencia sensorial, otro enfoque considera que la razón humana es la principal fuente de conocimiento. Esta perspectiva, llamada racionalismo, es la idea de que la verdad no es sensorial sino intelectual, y deriva de la razón. 

En otras palabras, existen ciertas verdades y solo nuestra razón puede captarlas directamente. Esto hace que la razón humana sea la prueba y el criterio para la verdad. La razón se convirtió en la nueva autoridad ante la cual todo lo demás debía inclinarse, incluyendo la autoridad de la iglesia y, lo que es más grave, hasta la autoridad de la Biblia como la Palabra de Dios. Se descartó todo lo que no era evidente para la razón humana y se cuestionó su legitimidad. Esta actitud afectó la interpretación de grandes partes de la Escritura. Todos los milagros y los actos sobrenaturales de Dios, como la resurrección corporal de Jesús, el nacimiento virginal o la Creación de seis días, por mencionar solo algunos, ya no se consideraban verdaderos ni confiables. 

La verdad es que debemos recordar el hecho de que incluso nuestro poder de razonamiento se ve afectado por el pecado y debe ser sometido al reinado de Cristo. Los seres humanos tienen el entendimiento entenebrecido y están alienados de Dios (Efesios 4:18). Necesitamos que la Palabra de Dios nos ilumine. Además, el hecho de que Dios sea nuestro Creador indica que, bíblicamente hablando, la razón humana no se crea como algo que funcione de manera independiente o autónoma de Dios. Al contrario, “el temor de Jehová es el principio de la sabiduría” (Proverbios 9:10; comparar con Proverbios 1:7). 

Recién cuando en nuestra vida aceptamos la supremacía de la revelación de Dios (encarnada en la Palabra escrita de Dios), y estamos dispuestos a cumplir lo que está escrito en la Biblia, podemos razonar correctamente. 

Hace siglos, el presidente estadounidense Thomas Jefferson hizo su propia versión del Nuevo Testamento eliminando todo lo que, en su opinión, iba en contra de la razón. Desaparecieron casi todos los milagros de Jesús, incluida su resurrección. 
¿Qué debería enseñarnos esto acerca de los límites de la razón humana para entender la verdad?

V. LA BIBLIA

La Biblia La Biblia es nuestra autoridad suprema y definitiva en todos los asuntos de fe y práctica, porque creemos que el Espíritu Santo ha inspirado a los autores bíblicos para escribir de manera confiable lo que Dios quería comunicar a través de ellos. Jesús y los apóstoles abordaron las Escrituras partiendo de esta premisa. Para Jesús, la Palabra de Dios es verdad (Juan 17:17). En lo que respecta a Jesús, si no le creemos a Moisés, no creeremos sus palabras (Juan 5:46, 47). Para Jesús, las Escrituras son la norma de nuestra fe: “El que cree en mí, como dice la Escritura” (Juan 7:38). De igual modo, los apóstoles repetidamente hicieron referencia a las Escrituras como la norma de sus enseñanzas (Hech. 17:11; Rom. 10:11; y otros) y creían en las Escrituras, “porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza” (Rom. 15:4). No podemos ser más apostólicos en nuestro abordaje de las Escrituras que los apóstoles mismos, y no podemos ser más cristianos que el mismo Cristo. Él es nuestro ejemplo. Hacemos bien en seguir sus pasos en su forma de usar y referirse constantemente a las Escrituras como la norma decisiva para su fe. 

El Espíritu Santo, quien reveló e inspiró el contenido de la Biblia a los seres humanos, nunca nos guiará en contra de la Palabra de Dios ni nos extraviará de ella
Para los Adventistas del Séptimo Día, la Biblia tiene una autoridad superior a la tradición humana, la experiencia, la razón o la cultura. La Biblia sola es la norma por la que todo lo demás necesita comprobarse. Lee Juan 5:46 y 47; y 7:38. 
Para Jesucristo, la Biblia es la fuente suprema para interpretar las cuestiones espirituales. 

¿Cómo confirma la Biblia que Jesús es el verdadero Mesías? 
Algunos afirman haber recibido “revelaciones” e instrucciones especiales de parte del Espíritu Santo, pero estas contradicen el claro mensaje de la Biblia. Para ellos, el Espíritu Santo ha alcanzado una autoridad superior a la Palabra de Dios. Quien anula la Palabra de Dios, escrita e inspirada, y evade su claro mensaje está pisando sobre terreno peligroso y no está siguiendo la conducción del Espíritu de Dios. La Biblia es nuestra única salvaguardia espiritual. Solo la Biblia es una norma confiable para todas las cuestiones de fe y práctica. 

“El Espíritu Santo habla a la mente y graba la verdad en el corazón a través de las Escrituras. Así expone el error y lo expulsa del alma. Es por medio del Espíritu de verdad, obrando a través de la Palabra de Dios, como Cristo subyuga a sí mismo a su pueblo escogido” (DTG, 625). 

Supongamos que alguien dice haber tenido un sueño en el que el Señor le habló, diciéndole que el domingo es el verdadero día de descanso y adoración para la era neotestamentaria. ¿Cómo le responderías a esa persona? ¿Qué nos enseña una historia así en cuanto a que la Palabra de Dios siempre debe comprobar la experiencia? 

Nunca debe interpretarse que el Espíritu Santo reemplaza la Palabra de Dios, sino que él obra en armonía con la Biblia y a través de ella para acercarnos a Cristo, por lo que la Biblia es la única norma para la auténtica espiritualidad bíblica. La Biblia brinda una sana doctrina (ver 1 Timoteo 4:6) y, como Palabra de Dios, es confiable y merece aceptación plena. No es nuestra tarea emitir juicio sobre las Escrituras. Al contrario, la Palabra de Dios, más bien, tiene el derecho y la autoridad de juzgarnos a nosotros y nuestro pensamiento. Al fin y al cabo, es la Palabra Escrita del mismo Dios. 

¿Por qué la Biblia es una guía más segura en cuestiones espirituales que las impresiones subjetivas? ¿Cuáles son las consecuencias cuando no aceptamos la Biblia como la norma con la cual contrastar todas las enseñanzas e incluso nuestra experiencia espiritual? 
Si la revelación privada tuviese la última palabra en cuestiones espirituales, ¿por qué esto no conduciría más que al caos y al error?

CONCLUSIÓN

Cuando amamos a otra persona, entran en juego varios de los factores que hemos analizado esta semana. En el amor experimentamos algunos sentimientos fuertes. Sin embargo, el amor es más que un sentimiento. Cuando amamos a otra persona, normalmente tenemos algunas buenas razones de por qué nuestro amor por esa persona es real y por qué la otra persona nos ama. Sin embargo, no es sabio basar nuestro amor solo en la razón. Cuando comenzamos una relación amorosa, tendemos a desarrollar algunas prácticas o tradiciones comunes que nos recuerdan momentos significativos que pasamos juntos. Pero, cuando esas tradiciones se vuelven más importantes que la relación en sí, hemos ido por mal camino y perdimos algo esencial. Cuando mostramos nuestro amor por otra persona, normalmente lo hacemos de una manera que se asemeje y refleje las costumbres y normas comunes de nuestra cultura. Pero, cuando permitimos que solo la cultura defina cómo se debe practicar el amor, podemos ser conducidos rápidamente a hacer cosas que están explícitamente prohibidas en las Escrituras. Por esta razón, necesitamos una fuente que guíe e informe nuestro amor y nuestra vida que no sea solo de origen humano. Necesitamos una fuente confiable que sea más profunda de lo que sentimos, más elevada de lo que pensamos y más significativa que cualquier tradición o cultura humanas. Gracias a Dios por su Palabra duradera y confiable que encontramos en la Biblia.

Lee "El conflicto de los siglos", “Nuestra única salvaguardia”, pp. 579-587. En nuestra reflexión sobre la Palabra de Dios hemos analizado la tradición, la experiencia, la cultura, la razón y la Biblia. La pregunta concluyente es: ¿Cuál de estas fuentes tiene la última palabra y la máxima autoridad en nuestra teología? 

Una cosa es decir “la Biblia”, pero es completamente diferente permitir que la Biblia, a través del ministerio del Espíritu Santo, impacte y cambie la vida. En cierto sentido, la cultura, la experiencia, la razón e incluso la tradición en sí tal vez no sean necesariamente malas. Se transforman en problemas cuando contradicen lo que las Escrituras enseñan. Pero, a menudo es de esperarse. No obstante, lo peor es cuando estas cosas se anteponen a la Palabra de Dios. Mayormente, las historias de apostasía del Antiguo Testamento y del Nuevo Testamento tuvieron lugar cuando las influencias externas primaron sobre la revelación divina.

Cómo consideraban la Biblia Jesús y los apóstoles - Cómo interpretar la Biblia

“El respondió y dijo: Escrito está: No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mateo 4:4). P or desdicha, en esta era posmoderna, la Biblia se ha reinterpretado principalmente desde la óptica de una filosofía que cuestiona tanto su inspiración como su autoridad. De hecho, la Biblia se entiende simplemente como un conjunto de ideas de gente que vivió en una cultura relativamente primitiva y que posiblemente no podría entender el mundo como lo entendemos hoy. Al mismo tiempo, el elemento sobrenatural se ha minimizado o hasta eliminado del cuadro. Esto convierte a la Biblia en un documento que, en vez de ser la opinión de Dios sobre el hombre, se ha transformado en la opinión del hombre acerca de Dios. Y el resultado es que, para muchos, la Biblia se ha vuelto prácticamente irrelevante en una época de pensamiento darwiniano y de filosofía moderna. Sin embargo, nosotros rechazamos totalmente esa postura. Al contrario, en el Nuevo Testamento podemos ver la forma inspirada de considerar toda la Escritura al estudiar de qué manera Jesús y los apóstoles la interpretaron.

I. ESTÁ ESCRITO

El bautismo de Jesús por parte de Juan el Bautista marcó el comienzo del ministerio del Salvador, tras lo cual el Espíritu guio a Jesús al desierto de Judea donde, en su condición humana más débil, fue tentado por Satanás. Lee Mateo 4:1 al 11. ¿Cómo se defiende Jesús contra las tentaciones de Satanás en el desierto? A través de este relato, ¿qué debemos aprender de la Biblia? Al sentirse tentado por el apetito, Jesús responde: “Escrito está: No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mateo 4:4). Jesús apunta hacia la Palabra de vida y su fuente suprema y divina. De esta manera, confirma la autoridad de la Escritura. Al verse tentado con los reinos y la gloria del mundo, Jesús responde: “Escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás” (Mateo 4:10; Lucas 4:8). Cristo nos recuerda que la verdadera adoración se centra en Dios y en nadie más, y que la sumisión a su Palabra es verdadera adoración. Finalmente, ante la tentación del amor a la ostentación y a la presunción, Jesús responde: “Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios” (Mateo 4:7; ver además Lucas 4:12). En las tres tentaciones, Jesús responde con las palabras “Escrito está”. Es decir, Jesús va directo a la Palabra de Dios sin más para enfrentar los ataques y los engaños de Satanás. Esta debería ser una lección poderosa para todos nosotros: la Biblia, y solo la Biblia, es la norma y el fundamento definitivos de nuestra creencia. Sí, la Biblia y solo la Biblia fue el método de defensa de Jesús contra los ataques del adversario. Jesús es Dios, pero en su defensa contra Satanás, él se sometió únicamente a la Palabra de Dios. No es opinión; no es un argumento elaborado y complicado; no son palabras de animosidad personal; sino las palabras simples pero profundas de la Escritura. Para Cristo, la Escritura tiene la máxima autoridad y el máximo poder. De esta manera, su ministerio comienza con un seguro fundamento y continúa construyendo sobre la confiabilidad de la Biblia. ¿Cómo podemos aprender a ser tan dependientes de la Palabra de Dios y tan sumisos a ella como Jesús?

II. JESÚS Y LA LEY

Lee Mateo 5:17 al 20; 22:29; y 23:2 y 3. ¿Qué está enseñando Jesús en estos contextos? Jesús les enseñó a sus discípulos a obedecer la Palabra de Dios y la Ley. No hay ningún indicio de que él haya dudado de la autoridad ni de la relevancia de la Escritura. Al contrario, él acudía constantemente a ella como la fuente de la autoridad divina. Y a los saduceos, les dijo: “Erráis, ignorando las Escrituras y el poder de Dios” (Mateo 22:29). Jesús enseñó que un mero conocimiento intelectual de la Biblia y sus enseñanzas era insuficiente para conocer la verdad y, sobre todo, para conocer al Señor, quien es esa verdad. ¿Qué nos dice Mateo 22:37 al 40 sobre la postura de Jesús en cuanto a la ley de Moisés? En esta declaración al intérprete de la Ley, Jesús resume los Diez Mandamientos, dados a Moisés casi mil quinientos años antes. Deberíamos reconocer el hincapié que Jesús hace en la ley del Antiguo Testamento y cómo la eleva al más alto nivel. Muchos cristianos han inferido erróneamente que este es un mandamiento nuevo, y que por eso de alguna manera el evangelio del Nuevo Testamento reemplaza la ley del Antiguo Testamento. Pero, el hecho es que lo que Jesús está enseñando se basa en la ley del Antiguo Testamento. Cristo dio a conocer y reveló la Ley más plenamente para que “de estos dos mandamientos” (que resumen los Diez Mandamientos: los primeros cuatro se centran en la relación divino-humana, y los posteriores seis se centran en las relaciones interpersonales humanas) depende “toda la ley y los profetas” (Mateo 22:40). De esta manera, Jesús también exalta todo el Antiguo Testamento cuando dice “la ley y los profetas”, ya que esta es una forma abreviada de referirse a la Ley, los Profetas y los Escritos, las tres divisiones del Antiguo Testamento hechas por los judíos en aquel entonces. Cristo “señaló las Escrituras como algo de autoridad incuestionable, y nosotros debemos hacer lo mismo. La Biblia debe ser presentada como la Palabra del Dios infinito, como el fin de toda controversia y el fundamento de toda fe” (PVGM 21, 22). ¿Qué fuentes de autoridad (familia, filosofía, cultura) es posible que compitan o se opongan a tu sumisión a la Palabra de Dios?

III. JESÚS Y TODA LA ESCRITURA

Lee Lucas 24:13 al 35, 44 y 45. ¿Cómo usa Jesús la Escritura para enseñar a los discípulos el mensaje del evangelio? Después de la muerte de Cristo, sus seguidores estaban confundidos y con dudas. ¿Cómo pudo haber ocurrido esto? ¿Qué significaba? En este capítulo de Lucas, vemos que Jesús se les aparece dos veces, primero a dos que van camino a Emaús, y luego a los demás. En dos ocasiones diferentes, Jesús explica cómo se ha cumplido todo a partir de las profecías del Antiguo Testamento: “Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían” (Lucas 24:27). Nuevamente en Lucas 24:44 y 45, dice: “Estas son las palabras que os hablé [...] que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos”. Jesús “entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras”. Observa la referencia específica en Lucas 24:27 a “todas las Escrituras”. Esto se vuelve a enfatizar en el segundo pasaje como “la ley de Moisés”, “los profetas” y “los salmos” (Lucas 24:44); y establece claramente que Jesús, el Verbo hecho carne (Juan 1:1-3, 14), se vale de la autoridad de las Escrituras para explicar cómo se predijeron estas cosas cientos de años antes. Al mencionar la totalidad de las Escrituras, Jesús les enseña con el ejemplo a los discípulos. A medida que avanzaran en la difusión del mensaje evangélico, también debían exponer todas las Escrituras para brindarles entendimiento y poder a los nuevos conversos de todo el mundo. Fíjate, también, que en Mateo 28:18 al 20, Jesús les dice a los discípulos de aquel entonces (y a nosotros hoy) que “toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra”. Pero, esa autoridad permanece arraigada en su Padre y en toda la Deidad, porque él les dice: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”. Luego viene el pasaje clave: “enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”. ¿Qué enseña y manda Jesús? Sus enseñanzas se basan en todas las Escrituras. Es sobre la base de la autoridad profética de la Palabra como él vino, y es en cumplimiento de las profecías de las Escrituras como se sometió a su Padre. Si Jesús acepta todas las Escrituras, ¿por qué nosotros debemos hacer lo mismo? Es decir, ¿cómo podemos aprender a aceptar la autoridad de todas las Escrituras, incluso cuando comprendemos que no todo se aplica a nosotros hoy necesariamente? Lleva tu respuesta a la clase el sábado.

IV. JESÚS Y EL ORIGEN DE LA HISTORIA DE LA BIBLIA

Jesús enseñó que la Biblia es la Palabra de Dios en el sentido de que lo que esta dice es sinónimo de lo que Dios dice. Su origen se encuentra en Dios y, por lo tanto, contiene la máxima autoridad para todos los aspectos de la vida. Dios obró a lo largo de la historia para revelar su voluntad a la humanidad a través de la Biblia. Por ejemplo, en Mateo 19:4 y 5, Jesús menciona una referencia escrita por Moisés. Pero Jesús toma este pasaje y dice: “El que los hizo al principio [...] dijo: Por esto el hombre dejará padre y madre”. En vez de decir “la Escritura dice”, Jesús dice: “El que los hizo al principio [...] dijo”, atribuyendo a la palabra del Creador lo que escribió el narrador del Génesis. De hecho, Jesús considera que Dios es el autor de esta declaración, aunque la haya escrito Moisés. Lee los siguientes pasajes. ¿Cómo concebía Jesús a los personajes y los acontecimientos históricos de la Biblia?

Mateo 12:3, 4 ....................................................................................................................................
Marcos 10:6-8 ...................................................................................................................................
Lucas 4:25-27 ....................................................................................................................................
Lucas 11:51 ........................................................................................................................................
Mateo 24:38 ......................................................................................................................................

Jesús sistemáticamente considera a las personas, los lugares y los hechos del Antiguo Testamento como verdades históricas. Se refiere a Génesis 1 y 2, a Abel en Génesis 4, a David comiéndose el pan de la proposición y a Eliseo, entre otras figuras históricas. Habla repetidas veces de los sufrimientos de los profetas de la antigüedad (Mateo 5:12; 13:57; 23:34-36; Marcos 6:4). En un mensaje de advertencia, Jesús también describe los días de Noé: “Estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca, y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del Hombre” (Mateo 24:38, 39). Todo indica que Jesús se estaba refiriendo a este acto poderoso del juicio de Dios como un hecho histórico. Debido a que Jesús mismo menciona a estos personajes históricos como reales, ¿qué nos dice sobre el poder de los engaños de Satanás el hecho de que muchos en la actualidad, incluso los cristianos profesos, a menudo nieguen su existencia? ¿Por qué nunca debemos caer en esa trampa?

V. LOS APÓSTOLES Y LA BIBLIA

Los escritores del Nuevo Testamento abordan la Biblia de la misma forma que Jesús. En cuestiones de doctrina, ética y cumplimiento profético, el Antiguo Testamento, para ellos, era la Palabra autoritativa de Dios. No encontramos nada, en ninguna parte, que estos hombres hayan hecho o dicho que desafíe la autoridad o la autenticidad de cualquier parte de la Biblia. ¿Qué nos enseñan los siguientes pasajes sobre cómo entendían los apóstoles la autoridad de la Palabra de Dios?

Hechos 4:24-26 ...........................................................................................
Hechos 13:32-36 ......................................................................................................
Romanos 9:17 ................................................................................................................
Gálatas 3:8 ................................................................................................................... 

Observa en estos pasajes cuán estrechamente relacionada está la Escritura con la voz misma de Dios. En Hechos 4, justo antes de ser llenos del Espíritu Santo, los discípulos alaban a Dios por la liberación de Pedro y Juan. En su alabanza, elevan sus voces, reconociendo a Dios como el Creador y por hablar a través de David su siervo. Es decir, las palabras de David son las palabras de Dios. En Hechos 13:32 al 36, Pablo cita nuevamente a David, pero atribuye esas palabras a Dios, porque el versículo 32 se refiere a “la promesa que Dios hizo a nuestros antepasados” (BLP). En Romanos 9:17, donde uno esperaría que el sujeto fuese Dios, Pablo utiliza el término “Escritura”, diciendo: “porque la Escritura dice a Faraón”, que en realidad podría decirse, “porque Dios dice a Faraón”. En Gálatas 3:8, el sujeto “Escritura” se utiliza en lugar de “Dios”, y muestra cuán estrechamente relacionada está la Palabra de Dios con Dios mismo. Por cierto, los autores del Nuevo Testamento invariablemente confían en el Antiguo Testamento como la Palabra de Dios. Hay cientos de referencias veterotestamentarias en el Nuevo Testamento. Un erudito ha compilado una lista de 2.688 referencias específicas: 400 de Isaías, 370 de los Salmos, 220 de Éxodo, y otras. Si a esta lista se agregaran alusiones, temáticas y motivos, la cantidad aumentaría considerablemente. Los libros están repletos de referencias a las profecías del Antiguo Testamento que a menudo se presentan con la frase “Está escrito” (Mateo 2:5; Marcos 1:2; 7:6; Lucas 2:23; 3:4; Romanos 3:4; 8:36; 9:33; 1 Corintios 1:19; Gálatas 4:27; 1 Pedro 1:16). Todo esto confirma que las Escrituras del Antiguo Testamento son el fundamento sobre el que descansan las enseñanzas de Jesús y los apóstoles. ¿Qué deberían enseñarnos estos ejemplos sobre cuán peligrosas son las ideas que menoscaban nuestra confianza en la autoridad de las Escrituras?

Lee Elena de White, El Deseado de todas las gentes, “La niñez de Cristo”, pp. 49-55, y “La tentación”, pp. 89-99. “Los hombres se creen más sabios que la Palabra de Dios, más sabios incluso que Dios; y en vez de poner los pies sobre el fundamento inamovible y confrontar todo con la Palabra de Dios, someten esta palabra a sus propias ideas de ciencia y naturaleza, y si resulta que aquella no concuerda con sus ideas científicas, la descartan por falta de credibilidad” (Signs of the Times, 27 de marzo de 1884, p. 1). “Los que mejor logran familiarizarse con la sabiduría y el propósito de Dios tal como se revela en su Palabra llegan a ser hombres y mujeres de fortaleza mental, y pueden hacerse obreros eficientes con el gran Educador, Jesucristo. [...] Cristo ha dado a su pueblo las palabras de verdad, y todos están llamados a cumplir su parte en darlas a conocer al mundo. [...] No hay santificación aparte de la verdad: la Palabra. Entonces, ¡cuán esencial es que ella sea comprendida por todos!” (FEC, 478, 479). 

PREGUNTAS PARA DIALOGAR

1. Si Jesús, los autores de los evangelios y Pablo consideraban que las Escrituras del Antiguo Testamento eran la Palabra de Dios, ¿qué debería decirnos esto acerca de por qué actualmente hay muchas perspectivas modernas sobre las Escrituras que están erradas, y por qué no debemos dejarnos engañar por estos argumentos, sin importar quién los inculque? 
2. Solo para dar una idea de hasta dónde han llegado muchos eruditos bíblicos modernos con su escepticismo, estas son algunas de las cosas que muchos eruditos modernos niegan: Rechazan una Creación literal de seis días, y en cambio aceptan que hubo miles de millones de años de Evolución. Rechazan a un Adán sin pecado en un mundo no caído. Rechazan un diluvio universal. Algunos rechazan la existencia literal de Abraham. Algunos rechazan la historia del Éxodo. Algunos rechazan los milagros de Jesús, incluso su resurrección corporal. Algunos rechazan la idea de la profecía predictiva, en la que los profetas vaticinan el futuro, a veces siglos o incluso milenios antes. ¿Qué deberían decirnos estas conclusiones sobre lo que sucede cuando la gente comienza a dudar de la autoridad y la autenticidad de las Escrituras? Además, ¿de qué manera se podría ayudar a estas personas a llegar a tener una comprensión clara de la verdad? 
3. En respuesta a la pregunta al final del estudio del martes, ¿cómo entendemos el hecho de que toda la Escritura sea inspirada, incluso las partes que no necesariamente se aplican a nosotros hoy?

COMENTARIO

Textos clave: Mateo 4:1–11; 22:37–40; Lucas 24:13–35, 44, 45; 4:25–27; Hechos 4:24–26. 

RESEÑA 
El clamor de la Reforma era mayúsculo: “Volver a las fuentes”. En el contexto de la Ilustración, este lema implicaba que los reformadores decidieron volver a las Escrituras como la fuente original para comprender verdaderamente la naturaleza del cristianismo y los deberes del cristiano. Los reformadores rechazaron basar su comprensión de la Escritura en las tradiciones y los abusos que habían llegado a caracterizar a la iglesia medieval. En la actualidad, las presuposiciones modernas provenientes de una cosmovisión secular minimizan la Biblia y consideran que esta se basa en ideas erróneas y primitivas que hay que adecuar o rechazar. Por lo tanto, los cristianos también debemos “volver a las fuentes”. El principal ejemplo con el que debemos orientarnos es Jesucristo. ¿Cómo consideraba él las Escrituras? ¿Expresó dudas sobre ciertas partes de las Escrituras o, al contrario, citó la Biblia (el Antiguo Testamento, en su época) como autoritativa para todos los aspectos de la vida? Esta era moderna y científica niega la existencia de Dios. A lo sumo, afirma que Dios no interactúa en la historia humana. En lugar de seguir estas presuposiciones, ¿no deberíamos contrastar esas afirmaciones con lo que las Escrituras dicen que Jesús enseñaba y creía? Y sus discípulos, los apóstoles, que escribieron grandes porciones del Nuevo Testamento, ¿no siguieron también su ejemplo? Esta semana nos remontaremos a Jesús y a los apóstoles para ver cómo usaron e interpretaron las Escrituras. Asumimos que sus métodos de interpretación y aplicación aún sirven de guía confiable y de inspiración para nosotros hoy.

COMENTARIO 

Ilustración 
En 1521, Martín Lutero fue convocado por el emperador del Sacro Imperio Romano-Germánico a Worms, Alemania, donde esperaba ser juzgado por el concilio, o Dieta. Este fue un punto de inflexión para la Reforma. ¿Se retractaría Lutero y repudiaría sus escritos que habían conmocionado a toda Europa? ¿O defendería la Sola Scriptura, “solo la Biblia”, como su norma? Lutero se presentó ante el emperador y las más encumbradas autoridades civiles y eclesiásticas. Un grabado del artista Lucas Cranach ese mismo año presenta el perfil claro de Lutero proyectando fuerza y determinación. Cuando llegó el momento, habló de manera directa y honesta: “Ya que su majestad y sus altezas exigen de mí una respuesta clara, voy a darla [...]: A menos que me convenzan con testimonios bíblicos, o con razones evidentes (porque yo no puedo confiar en las decisiones del Papa ni de los concilios, porque es muy evidente que ellos han caído muchas veces en el error así como en muchas contradicciones consigo mismos), y si no se me persuade con los mismos textos que yo he citado, y si no sujetan mi conciencia a la Palabra de Dios, yo no puedo ni quiero retractar nada, por no ser digno de un cristiano hablar contra su conciencia. [...] ¡Que Dios me ayude! ¡Amén!” (H. Boehmer, Martin Luther: Road to Reformation), p. 415. Texto bíblico Hubo un momento decisivo en la historia de la Tierra cuando Satanás tentó a Jesús después de su bautismo y su experiencia en el desierto. Apenas cuarenta días antes, el Padre dijo en el bautismo de Jesús: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia” (Mateo 3:17). Satanás ahora desafió esta posición. Jesús ¿era el que su Padre dijo que era? La cuestión era la veracidad de la Palabra de Dios. En su primera respuesta, Jesús cita un pasaje de Deuteronomio 8:3: “No solo de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová”. El contexto de este pasaje es la providencia de Dios en favor del antiguo Israel cuando vagaron por el desierto durante cuarenta años. Dios los sostuvo para que confiaran totalmente en él. Al citar este pasaje, Jesús está diciendo: “Mi Padre que sostuvo a Israel por cuarenta años me sostendrá a mí. Confío solo en su Palabra porque sé que él no es solo la Fuente de sustento, sino la Fuente de la vida misma”. También hay una implicación más profunda aquí. Jesús se somete a su Padre, así como se le enseñó al antiguo Israel que se sometiera a la Palabra de Dios. Jesús no habla de su propia autoridad sino de la autoridad de las Escrituras dichas por Moisés. El argumento en Deuteronomio es que debido a que Dios sostuvo a Israel, y lo amparó como su pueblo para entrar en la Tierra Prometida, ellos “guardará[n], pues, los mandamientos de Jehová tu Dios, andando en sus caminos, y temiéndole” (Deuteronomio 8:6). “Jesús hizo frente a Satanás con las palabras de la Escritura. Dijo: ‘Escrito está’. En toda tentación, el arma de su lucha era la Palabra de Dios. Satanás exigía de Cristo un milagro como señal de su divinidad. Pero aquello que es mayor que todos los milagros, una firme confianza en un ‘Así dice Jehová’, era una señal que no podía ser controvertida. Mientras Cristo se mantuviera en esa posición, el tentador no podría obtener ventaja alguna” (DTG 95). ¿Cómo enfrentamos la tentación hoy? ¿Tenemos textos bíblicos guardados en nuestro corazón a los que podemos recurrir para responder al tentador? Nunca estamos obligados a someter nuestra voluntad a la tentación, y tenemos el mismo recurso que Jesús: su Palabra. Ilustración El 23 de octubre de 1844 hubo gran dolor y desilusión cuando los creyentes adventistas se despertaron ante la realidad de que Jesús no había regresado para llevarlos al cielo, como esperaban. Habían vendido casas y propiedades. Habían dado todo por la proclamación de la noticia de que Jesús vendría ese día. Ahora, su mayor esperanza quedó destrozada. Algunos de los creyentes abandonaron la fe. Muchos enfrentaron el ridículo de los escépticos, que habían dudado todo el tiempo. ¿Qué salió mal? Todo lo que aprendieron del estudio de las profecías ¿no sirvió de nada? Pero, al volver a las Escrituras, llegaron a entender que la fecha no estaba errada, sino que habían entendido mal la naturaleza de la “purificación del Santuario”. La purificación del Santuario no era la destrucción de la Tierra; era el paso de Cristo al Lugar Santísimo para comenzar otra etapa en su obra expiatoria. El estudio llevó a los creyentes adventistas a comprender la profecía de Apocalipsis 10:9 y 10, el dulce mensaje del libro que se convirtió en un amargo chasco. Esta decepción no era una experiencia nueva para los creyentes en Jesús. Ya había sucedido antes. Texto bíblico Los discípulos no podían entender la muerte de Cristo en la cruz. Habían creído, al igual que el resto del judaísmo, que el Mesías establecería un reino terrenal que los libraría de la opresión de los romanos. Ahora que Jesús estaba muerto y sepultado, quedaron devastados. La respuesta a su chasco fue la misma que la respuesta a los primeros creyentes adventistas. Era volver a las Escrituras. Jesús les mostró el camino. “Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían” (Lucas 24:27). Esta fue una exposición exhaustiva para que los discípulos pudieran ver “que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de [él] en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos” (Lucas 24:44). Aquí tenemos otra referencia explícita a las tres divisiones del Antiguo Testamento que abarca “todas las escrituras”. Jesús había orado por sus discípulos: “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad” (Juan 17:17). Para Jesús, toda la Escritura era autoritativa y, además, la base de su autoridad, ministerio y misión. Los discípulos se tomaron en serio la enseñanza de Jesús y la convirtieron en la base de los evangelios y las cartas a la iglesia. Mateo citó ampliamente las profecías del Antiguo Testamento. Lucas comenzó su Evangelio con las genealogías, demostrando que Jesús era el Mesías. Pablo afirma que “toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (2 Timoteo 3:16, 17). En Hebreos 11, Pablo enumera a muchos de los hombres y las mujeres que fueron héroes de la fe, y se toma al pie de la letra sus historias y los escenarios originales del Antiguo Testamento. Nunca encontramos que algún escritor del Nuevo Testamento dude de la autenticidad, la historicidad, las profecías o las enseñanzas de la Biblia. No consideran los relatos de las Escrituras de otra manera que no sea autoritativa. Los ejemplos de Jesús y los apóstoles nos dan la evidencia más clara de cómo abordar las Escrituras. Ellos permitieron que las Escrituras interpretaran las Escrituras. Confiaron en las Escrituras como su defensa durante la tentación y exigieron un claro “así dice Jehová” en la interpretación más clara del texto bíblico y sus aplicaciones.

APLICACIÓN A LA VIDA

En la década de 1990, el movimiento WWJD se hizo popular entre los cristianos. Los jóvenes usaban pulseras de plástico con el acrónimo WWJD, que en español sería QHJ: “¿Qué haría Jesús?” Esta pregunta también podría ser apropiada al considerar la forma de abordar la Biblia. Podríamos reformular el acrónimo a QDJ: “¿Qué diría Jesús?” ¿Qué diría Jesús de las interpretaciones modernas que niegan la historicidad de los principales acontecimientos del Antiguo Testamento? ¿Qué diría Jesús de los argumentos a favor de la creencia de que el Antiguo Testamento enseña un mensaje diferente del enseñado en el Nuevo Testamento, y que debería minimizarse y relegarse a una posición de menor autoridad? ¿Qué le diría Jesús a alguien de la iglesia que insiste en que ciertos pasajes del Nuevo Testamento solo son aplicables a la iglesia a la que se dirigió esa carta en particular (p. ej., Éfeso o Corinto)? ¿Limitaría Jesús la autoridad de la Biblia? Como discípulos de Cristo, ¿cómo emulamos su abordaje de las Escrituras? ¿Intentaremos interpretar y torcer palabras como lo hicieron los fariseos y los saduceos para atrapar a Jesús? 
1. Pídeles a tus alumnos que relaten experiencias en las que se les vinieron ciertos pasajes bíblicos a la mente cuando se vieron tentados a dejar de lado a Jesús. ¿Qué clase de bendiciones recibimos al memorizar la Biblia y almacenarla en el corazón? ¿Cuántas promesas de Dios has guardado para cuando ya no tengas acceso a la Biblia? 
2. Piensa en otros ejemplos de cuando Jesús y los apóstoles basaron sus argumentos en las Escrituras. ¿Cuán eficaces fueron esos argumentos?

El origen y la naturaleza de la Biblia - Cómo interpretar la Biblia

“Por lo cual también nosotros sin cesar damos gracias a Dios, de que cuando recibisteis la palabra de Dios que oísteis de nosotros, la recibisteis no como palabra de hombres, sino según es en verdad, la palabra de Dios, la cual actúa en vosotros los creyentes” (1 Tesalonicenses 2:13). L a forma de ver y entender el origen y la naturaleza de la Biblia tiene un gran impacto en el papel que desempeña la Biblia en nuestra vida y en la iglesia en general. La manera en que interpretamos el proceso de revelación e inspiración determina e influye notablemente en nuestra comprensión de la Biblia. Cuando queremos entender las Escrituras correctamente, primero debemos permitir que la Biblia determine los parámetros básicos de cómo se debe abordar. No podemos estudiar matemáticas con los métodos empíricos empleados en biología o sociología. Nuestra interpretación de las Escrituras debe considerar seriamente la dimensión divino humana de la Palabra de Dios. Por consiguiente, lo que necesitamos para una interpretación adecuada de la Biblia es acercarnos a la Biblia con fe, no con escepticismo ni dudas metodológicas.

I. LA REVELACIÓN DIVINA DE LA BIBLIA

Lee 2 Pedro 1:19 al 21. ¿Cómo expresa Pedro su convicción sobre el origen del mensaje bíblico y profético? La Biblia no es como cualquier otro libro. Según el apóstol Pedro, los profetas fueron inspirados por el Espíritu Santo de manera que el contenido de su mensaje vino de Dios. No lo inventaron ellos. En lugar de ser “fábulas artificiosas” (2 Pedro 1:16), el mensaje profético de la Biblia es de origen divino, y por lo tanto es veraz y confiable. “Los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo” (2 Pedro 1:21). Dios obró en el proceso de revelación al dar a conocer su voluntad a personas escogidas. La comunicación verbal y directa entre Dios y personas específicas es un hecho ineludible de las Escrituras. Esta es la razón por la cual la Biblia tiene una autoridad divina especial, y debemos tener en cuenta el elemento divino en nuestra interpretación de las Escrituras. Es apropiado llamar “santas Escrituras” (Romanos 1:2; 2 Tim. 3:15) a los libros bíblicos considerando que nuestro santo Dios es su autor principal. La Escritura también fue dada con propósitos prácticos. Es “útil para enseñar, para reprender, para corregir y para instruir en la justicia, a fin de que el siervo de Dios esté enteramente capacitado para toda buena obra” (2 Timoteo 3:16, 17, NVI). También necesitamos la ayuda del Espíritu Santo para aplicar a nuestra vida lo que Dios reveló en su Palabra. Según el apóstol Pedro, la interpretación de la Palabra de Dios divinamente revelada no es una cuestión de opinión personal. Para entender correctamente su significado, necesitamos la Palabra de Dios y el Espíritu Santo. La Escritura también dice: “Porque no hará nada Jehová el Señor, sin que revele su secreto a sus siervos los profetas” (Amós 3:7). La palabra bíblica para “revelación” (en sus diversas formas) expresa la idea de que algo que antes estaba oculto ahora se ha revelado o desvelado y, por lo tanto, se da a conocer y se manifiesta. Como seres humanos, necesitamos esa revelación, ya que somos seres pecaminosos, separados de Dios a causa de nuestro pecado y, por lo tanto, dependemos de él para conocer su voluntad. Ya de por sí cuesta bastante obedecer la Biblia, incluso creyendo en su origen divino. ¿Qué pasaría si además desconfiamos o cuestionamos ese origen divino?

II. EL PROCESO DE LA INSPIRACIÓN

Debido a que Dios utiliza el medio del lenguaje para revelar su voluntad al hombre, la revelación divina se puede escribir. Sin embargo, como ya hemos visto, la Biblia es el resultado de la verdad divina revelada mediante la obra del Espíritu Santo, quien transmite y protege su mensaje a través de instrumentos humanos. Esta es la razón por la que podemos contar con la unidad fundamental que se manifiesta en todas las Escrituras desde Génesis hasta Apocalipsis (p. ej., comparar Génesis 3:14, 15 con Apocalipsis 12:17). Lee 2 Pedro 1:21; 2 Timoteo 3:16, 17; y Deuteronomio 18:18. ¿Qué dicen estos versículos sobre la inspiración bíblica? Toda la Escritura es divinamente inspirada, aunque no todas las partes sean igualmente inspiradoras para leer ni necesariamente aplicables a nosotros hoy (p. ej., las partes sobre las fiestas hebreas fueron inspiradas, aunque no es necesario que las observemos en la actualidad). Sin embargo, debemos aprender de toda la Biblia, incluso de aquellas partes que no son tan fáciles de leer ni entender o que no son específicamente aplicables a nosotros hoy. Además, no todo lo que está en la Biblia fue revelado en forma directa o sobrenatural. A veces, Dios utilizó a escritores bíblicos que investigaron cuidadosamente las cosas o usaron otros documentos existentes (ver Josué 10:13; Lucas 1:1-3) para comunicar su mensaje. Aun así, toda la Escritura es inspirada (2 Tim. 3:16). Esta es la razón por la que Pablo declara que “las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron”, para que a través de “la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza” (Romanos 15:4). “La Biblia señala a Dios como autor de ella; sin embargo, fue escrita por manos humanas, y la diversidad de estilo de sus diferentes libros nos muestra la individualidad de cada uno de sus escritores. Las verdades reveladas son todas inspiradas por Dios (2 Timoteo 3:16); aun así, están expresadas en palabras de los hombres” (CS 9). En la actualidad, existen eruditos bíblicos que niegan la autoría divina de muchas partes de la Biblia, incluso hasta el punto de negar muchas enseñanzas cruciales: la Creación, el Éxodo, la Resurrección. ¿Por qué es primordial que no les abramos la puerta a esas enseñanzas, ni siquiera un poco? Al fin y al cabo, ¿quiénes somos nosotros para juzgar la Palabra de Dios?

III. LA PALABRA ESCRITA DE DIOS

“Y Jehová dijo a Moisés: Escribe tú estas palabras; porque conforme a estas palabras he hecho pacto contigo y con Israel” (Éxodo 34:27). ¿Por qué querría el Señor que Moisés escribiera estas palabras en vez de pedirle que se las recitara al pueblo solamente? ¿Cuál es la ventaja obvia de la Palabra escrita? El Dios que habla y que creó el lenguaje humano permite que los elegidos comuniquen las verdades divinamente reveladas y los pensamientos divinamente inspirados de una manera confiable. Por lo tanto, no es de extrañar que Dios les haya ordenado a los escritores bíblicos desde el principio que pongan sus enseñanzas y su revelación por escrito. ¿Qué enseñan los siguientes versículos sobre la revelación escrita?

Éxodo 17:14; 24:4 .............................................................................................
Josué 24:26 .......................................................................................................
Jeremías 30:2 ....................................................................................................................... 
Apocalipsis 1:11, 19; 21:5; 22:18, 19 .......................................................................................

¿Por qué Dios ordenó escribir sus revelaciones y sus mensajes inspirados? La respuesta obvia es para que no los olvidemos tan fácilmente. Las palabras escritas de la Biblia son un punto de referencia constante que nos señalan a Dios y su voluntad. Por lo general, un documento escrito puede conservarse mejor y ser mucho más confiable que los mensajes orales, que deben repetirse vez tras vez. La Palabra escrita, que se puede copiar muchas veces, también puede ser accesible a mucha más gente que si solo se transmitiera oralmente. Por último, podemos hablarle a un número reducido de personas al mismo tiempo en un lugar, pero innumerables lectores pueden leer la Palabra escrita en muchos lugares y continentes diferentes, y esta incluso puede ser una bendición para muchas generaciones posteriores. De hecho, si hay gente que no puede leer, otros pueden leerle un documento escrito en voz alta.

IV. EL PARALELISMO ENTRE CRISTO Y LA ESCRITURA

Lee Juan 1:14; 2:22; 8:31 y 32; y 17:17. ¿Qué paralelismos encuentras entre Jesús, el Verbo de Dios hecho carne; y la Escritura, la Palabra escrita de Dios? Existe un paralelismo entre el Verbo de Dios hecho carne (es decir, Jesucristo), y la Palabra escrita de Dios (es decir, la Escritura). Así como Jesús fue concebido sobrenaturalmente por el Espíritu Santo, pero nació de una mujer, la santa Escritura también tiene un origen sobrenatural, pero se difunde a través de los seres humanos. Jesucristo se hizo hombre en el tiempo y en el espacio. Vivió durante un tiempo específico y en un lugar específico. Sin embargo, este hecho no anuló su divinidad, ni tampoco hizo que Jesús fuese relativo históricamente. Él es el único Redentor para todas las personas de todo el mundo y de todas las épocas (ver Hechos 4:12). Igualmente, la Palabra escrita de Dios, la Biblia, también se dio en un momento específico y en una cultura determinada. Al igual que Jesucristo, el tiempo no condiciona la Biblia; es decir, no está limitada a un tiempo y un lugar específicos; sigue vinculada a todas las personas de todo el mundo. Cuando Dios se reveló, descendió al nivel humano. La naturaleza humana de Jesús mostraba todos los indicios de las enfermedades humanas y los efectos de unos cuatro mil años de degeneración. Sin embargo, él era sin pecado. De igual modo, la terminología de la Escritura es humana, no un lenguaje “perfecto y superhumano” que nadie habla ni es capaz de entender. Si bien todo idioma tiene sus limitaciones, el Creador de la humanidad, que es el Creador del lenguaje humano, es perfectamente capaz de comunicar su voluntad a los seres humanos de una manera confiable e inconfundible. Por supuesto, toda comparación tiene sus límites. Jesucristo y la santa Escritura no son idénticos. La Biblia no es una encarnación de Dios. Dios no es un libro. Dios se hizo humano en Jesucristo. Nosotros amamos la Biblia porque adoramos al Salvador proclamado en sus páginas. La Biblia es una unión divina-humana única e inseparable. Elena de White vio esto claramente cuando escribió: “La Biblia, con sus verdades de origen divino expresadas en el lenguaje de los hombres, muestra una unión de lo divino y lo humano. Tal unión existía en la naturaleza de Cristo, quien era Hijo de Dios e Hijo del Hombre. Así, se puede decir de la Biblia lo que se dijo de Cristo: ‘Aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros’ (Juan 1:14)” (CS 10). ¿Por qué la Biblia debe ser fundamental para nuestra fe? Sin ella, ¿dónde estaríamos?

V. CÓMO INTERPRETAR LA BIBLIA CON FE

Lee Hebreos 11:3 y 6. ¿Por qué la fe es tan esencial para entender a Dios y su Palabra? ¿Por qué es imposible agradar a Dios sin fe? Todo verdadero aprendizaje se da en el contexto de la fe. Es la fe implícita del niño hacia sus padres lo que le permite aprender cosas nuevas. Es una relación de confianza la que guía al niño a aprender los aspectos básicos y fundamentales de la vida y el amor. Por lo tanto, el conocimiento y el entendimiento surgen de una relación de amor y confianza. Del mismo modo, un buen músico ejecuta bien una pieza musical no solo cuando domina las habilidades técnicas que lo ayudan a ejecutar un instrumento, sino también muestra amor por la música, el compositor y el instrumento. En este mismo sentido, no entendemos la Biblia correctamente cuando la abordamos con una actitud de escepticismo o de duda metodológica, sino con un espíritu de amor y fe. El apóstol Pablo escribió: “Sin fe es imposible agradar a Dios” (Hebreos 11:6). Por lo tanto, es indispensable acercarse a la Biblia con fe, reconociendo su origen sobrenatural, en lugar de ver la Biblia simplemente como un libro humano. Los Adventistas del Séptimo Día han expresado claramente esta percepción del origen sobrenatural de las Escrituras en la primera creencia fundamental de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, que dice: “Las Sagradas Escrituras, que abarcan el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento, constituyen la Palabra de Dios escrita, transmitida por inspiración divina. Los autores inspirados hablaron y escribieron impulsados por el Espíritu Santo. Por medio de esta Palabra, Dios comunica a los seres humanos el conocimiento necesario para alcanzar la salvación. Las Sagradas Escrituras son la revelación suprema, autoritativa e infalible de la voluntad divina. Son la norma del carácter, el criterio para evaluar la experiencia, la revelación definitiva de las doctrinas, un registro fidedigno de los actos de Dios realizados en el curso de la historia (Salmos 119:105; Proverbios 30:5, 6; Isaías 8:20; Juan 17:17; 1 Tesalonicenses 2:13; 2 Timoteo 3:16, 17; Hebreos 4:12; 2 Pedro 1:20, 21)” (Creencias de los Adventistas del Séptimo Día, p. 13). ¿Qué no alcanzan a entender de la Biblia quienes no se acercan a ella con una actitud de fe? ¿Por qué esta fe no es ciega? Es decir, ¿qué buenas razones tenemos para esta fe y por qué la fe sigue siendo una necesidad al abordar las verdades de la Biblia?

CONCLUSIÓN

Lee las siguientes partes del documento: “Métodos de estudio de la Biblia”:

Presuposiciones que surgen de las afirmaciones de la Biblia, parte a) Origen, y parte b) Autoridad.

Aunque la Biblia es fundamental para nuestra fe, por sí sola no tendría ningún valor espiritual real para nosotros si no fuera por la influencia del Espíritu Santo en nuestro corazón y nuestra mente al leerla y estudiarla. “En su Palabra, Dios comunicó a los hombres el conocimiento necesario para la salvación. Las Santas Escrituras deben ser aceptadas como una revelación autorizada e infalible de su voluntad. Son la norma del carácter, las reveladoras de doctrinas y las examinadoras de la experiencia. [...] Sin embargo, el hecho de haber revelado Dios su voluntad a los hombres por medio de su Palabra no anuló la necesidad que ellos tienen de la continua presencia y dirección del Espíritu Santo. Por el contrario, el Salvador prometió el Espíritu para abrir la Palabra a sus siervos, para iluminar y aplicar sus enseñanzas. Y, como el Espíritu de Dios fue el que inspiró la Biblia, es imposible que alguna vez las enseñanzas del Espíritu sean contrarias a las de la Palabra” (CS 7).

"Las Escrituras son una unión indivisible de elementos humanos y divinos, ninguno de los cuales debería ser objeto de énfasis a costa del descuido del otro". CS, 6.

PREGUNTAS PARA DIALOGAR: 

1. ¿Por qué Dios se revela a sí mismo y nos revela su voluntad? ¿Por qué necesitamos la Revelación? 

2. ¿Cómo se revela Dios? Él utiliza diferentes medios para revelar algo acerca de sí mismo. Lo hace de una manera más general a través de la naturaleza, pero más específicamente a través de los sueños (Daniel 7:1); las visiones (Génesis 15:1); las señales (1 Reyes 18:24, 38); y a través de su hijo, Jesucristo (Hebreos 1:1, 2). ¿Se te ha revelado Dios personalmente? Comparte tu experiencia. 

3. Algunos eruditos de la Biblia rechazan muchas de las enseñanzas de la Biblia, al considerarlas meros mitos. La historia de la Creación, un Adán y una Eva literales, el Éxodo y las historias de Daniel son solo algunos ejemplos (del Antiguo Testamento) de enseñanzas que se descartan por considerarlas historias inventadas para enseñar verdades espirituales. Esto es lo que sucede cuando los seres humanos emiten juicios sobre la Palabra de Dios. ¿Qué debería decirnos esto sobre lo peligrosa que es esa actitud? 

4. Dios ha revelado su voluntad de una manera poderosa en la Biblia. No obstante, Dios desea contar con tu ayuda para difundir su voluntad y las buenas nuevas de su salvación solo en Jesucristo. Cuando la gente te observa, ¿qué tipo de Dios ve en ti y a través de tu comportamiento?

COMENTARIO

Textos clave: 2 Timoteo 3:16; 2 Pedro 1:19-21; 1 Tesalonicenses 2:13; 1 Corintios 2:9, 10; Romanos 15:4; Hechos 1:16. 

RESEÑA 
Nuestra comprensión del origen y la naturaleza de las Escrituras influye significativamente en la forma en que leemos y consideramos la Biblia. Si la Biblia fuera un libro de origen humano, escrito como cualquier otro libro, creado por seres humanos falibles, no podríamos confiar en él. Bajo esas circunstancias, indudablemente no tendría autoridad divina. Para ser justos con la Biblia, debemos permitir que los propios autores de la Biblia definan y expliquen lo que piensan acerca de sus escritos y así permitir que la Biblia determine los parámetros básicos de cómo debemos abordarla. Los escritores bíblicos afirman que su mensaje no es inventado por el hombre, sino que la Biblia se revela divinamente y su contenido es inspirado por Dios. Comprender el proceso de revelación e inspiración es fundamental para nuestro abordaje de la Palabra de Dios. Debido a que Dios utiliza el medio del lenguaje para comunicarse con los seres humanos, la revelación divina puede escribirse. El Espíritu Santo permite que los escritores bíblicos pongan por escrito en forma fiel y confiable lo que les ha revelado. Esta inspiración divina le da a la Biblia su autoridad divina y garantiza la unidad que encontramos desde el Génesis hasta el libro de Apocalipsis. Aunque fue escrita por seres humanos, la Biblia es la Palabra escrita de Dios. En esta dimensión divino-humana, hay un cierto paralelismo entre Jesucristo, el Verbo de Dios, que se hizo carne, y la Palabra escrita de Dios, la Biblia. Solo por fe vislumbramos y apreciamos esta realidad.

Imagina un libro puramente humano escrito por muchos autores diferentes durante un período de cientos de años. Imagina que estos diversos autores recordaran a Dios y su experiencia religiosa en sus escritos. Las diferentes perspectivas otorgarían a sus escritos poca autoridad más allá de sus opiniones personales. En todo caso, solo transmitirían algo de autoridad humana. Pero la Biblia no es así. Sostiene que el autor principal es Dios. Dios se comunica mediante su Espíritu Santo con los autores de la Biblia, entregando el contenido que él considera que es importante que conozcamos. El Dios bíblico es un Dios que habla. Creó a los seres humanos con la capacidad de hablar e interpretar información verbal. Por lo tanto, utiliza el lenguaje para comunicarse con la humanidad. Estos mensajes divinos no se dan en un lenguaje celestial artificial que solo los ángeles entienden. Se dan en el mismo lenguaje de los escritores de la Biblia. También se dan con fines prácticos, para que el pueblo de Dios “sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (2 Timoteo 3:17). Por lo tanto, los libros bíblicos en su conjunto se llaman acertadamente las “santas Escrituras” (Romanos 1:2; 2 Timoteo 3:15)

De este modo, la autoridad de la Escritura es sinónimo de la autoridad de Dios, que habla mediante la Escritura. Para que la Biblia cumpla su papel divinamente previsto en nuestra vida personal, así como en la vida de la iglesia, debemos asumir seriamente sus orígenes divinos. También significa que debemos prestar atención a toda la Escritura, tal como está escrita. Si excluimos algunas partes de la Escritura porque supuestamente no son inspiradas y, por lo tanto, meramente humanas, no tenemos más que una autoridad selectiva de la Biblia. 
En lugar de colocarnos por encima de las Escrituras y juzgarlas, debemos ser sumisos a las Escrituras, permitiendo así que ellas nos juzguen. 

En 1 Tesalonicenses 2:13 aprendemos algo importante acerca de la actitud con que los creyentes de Tesalónica recibieron la Palabra de Dios. Lee este pasaje y reflexiona en cómo los creyentes de Tesalónica recibieron la Palabra de Dios. Su manera de aceptar la Escritura ¿qué nos dice en cuanto a cómo debemos recibir el mensaje bíblico al leerlo o escucharlo? Texto bíblico Vemos la revelación más sublime y más explícita de Dios en la encarnación de su hijo Jesucristo. 

Adicionalmente, la forma más eficaz y más ampliamente utilizada de revelación divina es cuando Dios habla. En la Biblia encontramos referencias constantes al Dios que habla. Sus portavoces, los profetas, reciben su Palabra. Las diversas frases como la “palabra de Jehová”, “así dice Jehová” o la “palabra que habló Jehová” dan testimonio de este hecho. Cuando Dios habla, se produce la Palabra de Jehová y esta finalmente termina plasmada en un documento escrito. La redacción de la Palabra de Dios también es resultado de la iniciativa de Dios (ver Éxodo 17:14; 24:4; Josué 24:26; y otros). 

¿Cuál es el propósito de la revelación escrita de Dios? 

Es un punto de referencia constante para su pueblo. Permite que el pueblo de Dios lo escuche de manera continua y que esté atento para hacer lo que él dice (ver Deuteronomio 30:9, 10). Un documento escrito puede conservarse mejor y de manera más confiable que un mensaje oral. Un texto escrito tiene mayor permanencia que la palabra oral. Un documento escrito puede copiarse y multiplicarse y, por lo tanto, ponerse a disposición de muchas más personas que cualquier mensaje oral, y en muchos lugares diferentes. También está disponible a través del tiempo y puede ser una bendición para lectores y oyentes de muchas generaciones posteriores. Como registro escrito permanente, sigue siendo una norma para la veracidad del mensaje bíblico a lo largo de los siglos. Si bien es cierto que Dios inspira pensamientos en los escritores bíblicos, no sabríamos nada acerca de estos pensamientos si no se hubieran comunicado a través de palabras, es decir, en lenguaje humano. Solo las palabras nos dan acceso a los pensamientos. Por lo tanto, el proceso de inspiración abarca los pensamientos, así como el producto final de esos pensamientos: las palabras escritas de las Escrituras. 
“En gran medida, es innecesaria la disyuntiva de si la inspiración debería atribuírseles a los escritores inspirados o a los libros escritos por ellos. Es evidente que el principal locus de inspiración está en las personas. El Espíritu Santo impresionó a las personas para que hablaran o escribieran; sin embargo, lo que ellas dijeron o escribieron era la palabra inspirada de Dios” (P. M. van Bemmelen, “Revelación e inspiración”, p. 46). 
Por ende, el apóstol Pablo pudo escribir: “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia” (2 Timoteo 3:16, énfasis añadido). 

Ilustración 
Existe un paralelismo entre el Verbo de Dios hecho carne (es decir, Jesucristo) y la Palabra escrita de Dios (es decir, la Escritura). Así como Jesús fue concebido sobrenaturalmente por el Espíritu Santo, pero nació de una mujer en este mundo, también la Biblia tiene al Espíritu Santo como su autor principal, pero fue redactada por escritores humanos. Jesucristo se hizo carne en un momento y un lugar específicos (es decir, nació en Belén, no en Nueva York, Tokio ni Nairobi; se bautizó en el río Jordán, no en el Mississippi, el Nilo ni el Ganges). 

Sin embargo, este hecho en particular no anuló su divinidad, ni tampoco hizo que Jesús fuese relativo históricamente. Él es el único Redentor para todas las personas de todo el mundo y de todas las épocas. Igualmente, los libros de la Biblia también se dieron en un momento específico y en una cultura determinada. Pero, al igual que Jesús, esta transmisión no hace que la Biblia esté condicionada al tiempo ni que sea relativa. La Biblia es para todas las personas de todo el mundo hasta el fin del tiempo. Jesús se hizo humano y vivió como un ser humano real, con todos los indicios de las debilidades humanas. Sin embargo, él era sin pecado. De igual modo, el lenguaje de la Biblia es el lenguaje humano con todas sus limitaciones, no un lenguaje celestial perfecto. Sin embargo, ¡lo que la Biblia afirma es confiable, no engañoso! Cuando Jesús vivió en esta Tierra, quería que lo aceptaran por quien realmente era: el divino Hijo de Dios. Asimismo, Dios no quiere que leamos la Biblia como un libro más. Él quiere que la aceptemos por lo que realmente es: la Palabra escrita de Dios. Como tal, la Biblia conlleva una autoridad innata que va más allá de cualquier sabiduría humana. Esta autoridad distingue a la Biblia como la única norma de Dios para toda doctrina y experiencia religiosa. Por supuesto, Jesucristo y la Biblia no son idénticos. 
Hay diferencias importantes. La Biblia no es una encarnación de Dios. Dios no se hizo libro. Nosotros no adoramos a un libro. Adoramos al Salvador que se proclama en la Biblia. Pero, sin la Biblia no sabríamos mucho sobre Jesús. A la Biblia, sin Jesús, le faltaría el mensaje más importante. Pero, sin la Biblia no sabríamos que Jesús es el Mesías prometido. No podríamos aceptarlo como el Salvador prometido. Estaríamos perdidos. Por lo tanto, la Biblia es fundamental e indispensable para nuestra fe

Texto bíblico Las Escrituras son fundamentales para nuestra fe, pero además debemos acercarnos a la Biblia con fe, si queremos ser justos con su naturaleza divina. En Hebreos 11:6, leemos que “sin fe es imposible agradar a Dios”. El mensaje transformador de la Biblia no se discierne adecuadamente a una distancia crítica; debe aceptarse por fe y obedecerse con amor. 

APLICACIÓN A LA VIDA 

Saber que la Biblia tiene autoridad divina nos motiva para acercarnos a ella con respeto y amor. Nosotros no hablamos con frivolidad de aquello que amamos. La forma en que hablamos de la Biblia debería revelar nuestro profundo aprecio por la Palabra de Dios. Esta apreciación se hará evidente, no solo en la forma en que cargamos y sostenemos la Biblia, sino también en cómo seguimos sus enseñanzas y las ponemos en práctica en nuestra vida. Nuestra actitud será de gratitud y fidelidad. Ser fiel a la Palabra escrita de Dios no es venerar un libro. Es más bien una expresión de nuestro amor por el Dios trino del que habla este libro. “Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos” (1 Juan 5:3). 
La Biblia nos presenta al Dios viviente y nos ayuda a ser más semejantes a Jesús. ¿Cómo sería una actitud de gratitud y de fidelidad por la Escritura? ¿En qué difieren la autoridad de la Escritura y la de otros libros? ¿Cuándo te sientes tentado a no obedecer la Biblia debido a experiencias y sentimientos personales que te llevan en una dirección diferente? ¿Cómo puedes asumir una actitud de confianza? Ser fiel a las Escrituras no es lo mismo que ser fiel a mis ideas preferidas de la Biblia. En este último caso, sería fiel solo a mí mismo. La fidelidad a las Escrituras más bien requiere una actitud abierta para permitir que la Biblia moldee y transforme mis pensamientos y acciones.

La singularidad de la Biblia - Cómo Interpretar la Biblia

“Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino” (Salmos 119:105). 

Compuesta por 66 libros y escrita durante más de 1.500 años en tres continentes (Asia, África y Europa), por más de 40 autores, la Biblia es única. No hay otro libro, sagrado ni religioso, como este. Y no es de extrañar. Al fin y al cabo, es la Palabra de Dios. Hay más de 24.600 manuscritos del Nuevo Testamento que se conservan de los primeros cuatro siglos después de Cristo. De los manuscritos originales de Platón, hay 7; de Herodoto, 8; y de La Ilíada, de Homero, un poco más: son 263 copias las que perduraron. Por lo tanto, tenemos una poderosa evidencia que confirma la integridad del texto del Nuevo Testamento. La Biblia fue el primer libro en traducirse, el primer libro impreso en Occidente, y el primer libro cuya distribución fue tan amplia y en tantos idiomas que, en la actualidad, el 95 por ciento de la población puede leerlo. La Biblia también es única por su contenido y su mensaje, los cuales se centran en los actos redentores de Dios a través de la historia. Es la Palabra viva de Dios, porque los creyentes de hoy cuentan con la promesa de que el mismo Espíritu de Dios que inspiró la Escritura (2 Timoteo 3:16, 17) los guiará a toda verdad a medida que estudien la Palabra (Juan 14:16, 17; 15:26; 16:13).

I. LA PALABRA VIVA DE DIOS

Las palabras más importantes que se dicen, a menudo, son las últimas palabras que una persona pronuncia. Moisés, autor de los primeros cinco libros –y fundacionales– de la Biblia, entona un cántico al pueblo justo antes de su muerte (Deuteronomio 31:30-32:43). Lee Deuteronomio 32:45 al 47. ¿Cómo describe Moisés la Palabra de Dios y su poder en la vida de los hebreos que están a punto de entrar en la Tierra Prometida? Entre las últimas palabras de Moisés, se encuentra una fuerte exhortación. Al fijar las palabras que Dios había hablado a través de él en el corazón del pueblo, Moisés quería enfatizarles que debían seguir dándole prioridad a Dios en su vida, y a su voluntad. Al comunicarles estas palabras a sus hijos, cada generación transmitiría el plan de salvación del Pacto de Dios. Fíjate que no debían elegir las palabras, sino que debían observar u obedecer “todas las palabras de esta ley” (Deuteronomio 32:46). Al final de la historia de la Tierra, Dios tendrá un pueblo que se mantendrá fiel a todas las Escrituras, lo que implica guardar los mandamientos de Dios y tener la fe de Jesús (Apocalipsis 14:12). Este pueblo permanecerá fiel a la enseñanza de la Biblia, porque esta no solo garantiza una vida más abundante en la Tierra, sino un destino eterno en el hogar que Jesús está preparando para nosotros (Juan 14:1-3). Lee Juan 1:1 al 5 y 14; y 14:6. ¿Qué nos enseñan estos versículos sobre Jesús y la vida eterna? ¿Qué relación hay entre el Verbo hecho carne y la revelación y la inspiración de las Escrituras? Jesús es el centro y el objetivo de todas las Escrituras. Su encarnación como el Mesías fue el cumplimiento de las promesas del Antiguo Testamento. Debido a que él vivió, murió y resucitó, tenemos la confirmación de las Escrituras y aún más: la gran promesa de la vida eterna en una existencia completamente nueva. Vuelve a leer Deuteronomio 32:47. En tu experiencia, ¿cuán cierto es que la obediencia a la Palabra de Dios “no [te] es cosa vana”? ¿Por qué la fe en Dios y la obediencia a su Palabra nunca son en vano?

II. QUIÉN ESCRIBIÓ LA BIBLIA Y DÓNDE

La diversidad de autores, así como sus ubicaciones y antecedentes, brindan un testimonio único de que Dios obra para comunicar la historia y su mensaje a personas culturalmente tan diversas como la audiencia a la que están dirigidos. ¿Qué nos dicen los siguientes versículos sobre los escritores bíblicos y su contexto? (Éxodo 2:10; Amós 7:14; Jeremías 1:1-6; Daniel 6:1-5; Mateo 9:9; Filipenses 3:3-6; Apocalipsis 1:9). La Biblia fue escrita por gente de diferentes orígenes y en diversas circunstancias. Algunos escribieron desde palacios; otros, desde cárceles; otros, en el exilio; y otros, en sus viajes misioneros para compartir el evangelio. Estas personas tenían diferentes formaciones y ocupaciones. Algunos, como Moisés, estaban destinados a ser reyes o, como Daniel, a ocupar altos cargos. Otros eran pastores sencillos. Algunos eran muy jóvenes; y otros, bastante ancianos. A pesar de estas diferencias, todos tenían algo en común: fueron llamados por Dios e inspirados por el Espíritu Santo con el fin de escribir mensajes para su pueblo, sin importar cuándo o dónde vivieran. Además, algunos de los autores fueron testigos presenciales de los acontecimientos relatados. Otros hicieron una investigación personal cuidadosa de los hechos o utilizaron cuidadosamente los documentos existentes (Josué 10:13; Lucas 1:1-3). Pero, todas las partes de la Biblia son inspiradas (2 Timoteo 3:16). Esta es la razón por la que Pablo declara que “las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por [...] la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza” (Romanos 15:4). El Dios que creó el lenguaje humano capacita a los escogidos para comunicar pensamientos inspirados de manera confiable en palabras humanas. “Dios se ha dignado comunicar su verdad al mundo por medio de instrumentos humanos, y él mismo, mediante su Santo Espíritu, hizo idóneos a los hombres y los habilitó para realizar esa obra. Guía la mente de ellos en la elección de lo que debían decir y escribir. El tesoro fue confiado a vasos de barro; sin embargo, a pesar de todo, es del Cielo” (MS 1:29). Tantos escritores diferentes, en contextos tan diversos y, sin embargo, el mismo Dios se revela a través de todos ellos. ¿Cómo nos ayuda esta asombrosa verdad a confirmar la veracidad de la Palabra de Dios?

III. LA BIBLIA COMO PROFECÍA

La Biblia es única, entre otras obras religiosas famosas, porque hasta el treinta por ciento de su contenido se compone de profecías y literatura profética. La integración de la profecía y su cumplimiento oportuno es fundamental para la cosmovisión bíblica, porque el Dios que actúa en la historia también conoce el futuro y lo ha revelado a sus profetas (Amós 3:7). La Biblia no es solo la Palabra viva o la Palabra histórica, es la Palabra profética. ¿Cómo revelan los siguientes pasajes los detalles del Mesías venidero?

Génesis 49:8-12...........................................................................................................................................
Salmo 22:12-18 ..........................................................................................................................................
Isaías 53:3-7 ...............................................................................................................................................
Daniel 9:24-27 ...........................................................................................................................................
Miqueas 5:2 ..............................................................................................................................................
Malaquías 3:1 ................................................................................................................................................
Zacarías 9:9 .....................................................................................................................................................

Hay al menos 75 predicciones mesiánicas directas en el Antiguo Testamento, y muchas más si también agregamos la tipología (la tipología es el estudio de los rituales del Antiguo Testamento, como los sacrificios, que se consideran miniprofecías de Jesús). Estas profecías se relacionan con detalles específicos como: “No será quitado el cetro de Judá” (Génesis 49:10); que nacería en Belén de Judá (Miqueas 5:2); que sería “despreciado y desechado entre los hombres”; azotado, acusado falsamente, pero sin abrir la boca para defenderse (Isaías 53:3-7); que sus manos y pies serían traspasados; y que se dividirían sus vestiduras entre sus verdugos (Salmos 22:12-18). El hecho de que estas profecías del Antiguo Testamento se hayan cumplido con tanta precisión en la vida, la muerte y la resurrección de Jesús es un testimonio de su inspiración y revelación divinas. También indica que Jesús era quien él y otros afirmaban que era. Jesús siguió a los profetas de la antigüedad al predecir su muerte y su resurrección (Lucas 9:21, 22; Mateo 17:22, 23), la caída de Jerusalén (Mateo 24:1, 2) y su segunda venida (Juan 14:1-3). Por lo tanto, la Biblia predice su encarnación, su muerte y su resurrección, y su cumplimiento garantiza su confiabilidad. ¿Cuántas razones puedes enumerar por las que crees en Jesús y en su muerte en nuestro favor? Compártelas en clase el sábado y hazte esta pregunta: ¿Por qué las evidencias son tan convincentes?

IV. LA BIBLIA COMO HISTORIA

La Biblia es única en comparación con otros libros “santos” porque está constituida en la historia. Esto significa que la Biblia no es simplemente el pensamiento filosófico de un ser humano (como Confucio o Buda), ya que registra los actos de Dios en la historia al avanzar hacia un objetivo específico. En el caso de la Biblia, esos objetivos son: 
(1) la promesa de un Mesías y 
(2) la segunda venida de Jesús. 

Esta progresión es exclusiva de la fe judeocristiana, en contraste con la visión cíclica de muchas otras religiones del mundo desde el antiguo Egipto hasta las religiones orientales modernas. Lee 1 Corintios 15:3 al 5 y 51 al 55; Romanos 8:11; y 1 Tesalonicenses 4:14. ¿Qué nos enseñan estos pasajes no solo sobre la verdad histórica de la resurrección de Cristo, sino también acerca de lo que significa para nosotros? El testimonio de los cuatro evangelios y de Pablo es que Jesús murió, fue sepultado y resucitó de entre los muertos, y se les manifestó a varias personas. Esto lo corroboraron testigos oculares que lo colocaron en la tumba y luego la vieron vacía. Hubo testigos que tocaron a Jesús, y él comió con ellos. María Magdalena, María (la madre de Jesús) y otras mujeres lo vieron como el Cristo resucitado. Los discípulos hablaron con él camino a Emaús. Jesús se les apareció para la gran comisión evangélica. Pablo escribe que, si el testimonio de las Escrituras es rechazado, entonces nuestra predicación y nuestra fe son “vana[s]” (1 Corintios 15:14). Otras traducciones dicen “es inútil” (NTV), “carecen de sentido” (BLP) o “no sirve para nada” (NVI). Los discípulos afirman: “¡Es cierto! [...] El Señor ha resucitado” (Lucas 24:34, NVI). El término griego ontos se refiere a algo que realmente ocurrió. Se traduce como “realmente”, “de veras” o “verdaderamente”. Los discípulos declaran que “ha resucitado el Señor verdaderamente”. A Cristo también se lo describe como las “primicias” (1 Corintios 15:20) de todos los que murieron. El hecho histórico de que Cristo haya resucitado corporalmente de entre los muertos y esté vivo hoy es la garantía de que ellos también resucitarán así como él resucitó. Todos los justos “en Cristo [...] serán vivificados” (1 Corintios 15:22; énfasis añadido). Este término implica un acto futuro de creación, cuando aquellos “que son de Cristo” o que permanecen leales a él serán resucitados “en su venida” (1 Corintios 15:23) “a la final trompeta” (1 Corintios 15:52). ¿Por qué es tan importante para nuestra fe la promesa de la resurrección, especialmente por el hecho de que entendemos que los muertos duermen? Sin ella, ¿por qué nuestra fe realmente es “vana”?

V. EL PODER TRANSFORMADOR DE LA PALABRA

Lee 2 Reyes 22:3 al 20. ¿Qué hace que el rey Josías rasgue su ropa? ¿Cómo cambia su descubrimiento no solo a él, sino a toda la nación de Judá? En 621 a.C., cuando Josías tenía aproximadamente 25 años, Hilcías, el sumo sacerdote, descubrió “el libro de la ley”, que pudieron haber sido los primeros cinco libros de Moisés o, específicamente, el libro de Deuteronomio. Durante el reinado de su padre Amón y su malvado abuelo Manasés, este rollo se había perdido en medio de la adoración a Baal, Asera y “todo el ejército de los cielos” (2 Reyes 21:3-9). Cuando Josías oyó las condiciones del Pacto, se rasgó la ropa totalmente angustiado, ya que se dio cuenta de cuán lejos se habían apartado él y su pueblo de la adoración al Dios verdadero. Inmediatamente comenzó una reforma en toda la tierra, derribando los lugares altos y destruyendo imágenes a los dioses extranjeros. Al terminar, solo quedaba un lugar para adorar en Judá: el templo de Dios en Jerusalén. El descubrimiento de la Palabra de Dios lleva a la convicción, al arrepentimiento y al poder para cambiar. Este cambio comienza con Josías y, finalmente, se extiende al resto de Judá. ¿Cómo nos garantiza la Biblia que tiene el poder de cambiar nuestra vida y mostrarnos el camino de la salvación? Lee Juan 16:13; 17:17; Hebreos 4:12; y Romanos 12:2. Uno de los testimonios más poderosos del poder de la Biblia es la vida transformada de una persona. Es la Palabra la que traspone el pecado humano y la depravación, y revela nuestra verdadera naturaleza humana y nuestra necesidad de un Salvador. Un libro único como la Biblia, instaurado en la historia, imbuido de profecía y con el poder de transformar vidas, también debe interpretarse de una manera única. No puede interpretarse como cualquier otro libro, ya que la Palabra viva de Dios debe entenderse a la luz de un Cristo vivo que prometió enviar a su Espíritu para guiarnos “a toda la verdad” (Juan 16:13). Por lo tanto, la Biblia como una revelación de la verdad de Dios, debe contener sus propios principios internos de interpretación. Estos principios se pueden encontrar al estudiar de qué manera los escritores bíblicos utilizaron las Escrituras y se guiaron por ellas mientras permitían que las Escrituras se interpretaran a sí mismas.

CONCLUSIÓN

Lee Elena de White, El Deseado de todas las gentes, “No se turbe vuestro corazón”, pp. 617-635. 
Muchos han muerto por defender la Palabra de Dios y permanecer fieles a ella. Uno de ellos fue el Dr. Rowland Taylor, un pastor parroquial inglés que se resistió a la imposición de la misa católica durante el reinado de María la Sanguinaria en su parroquia de Hadley, Inglaterra. Después de ser expulsado de la iglesia y ridiculizado por su adhesión a las Escrituras, apeló personalmente al obispo de Wínchester, al Señor Canciller de Inglaterra, pero este lo mandó a la cárcel y finalmente a la hoguera. Justo antes de su muerte, en 1555, pronunció estas palabras: “¡Buena gente! No les he enseñado nada más que la santa Palabra de Dios, y esas lecciones que he extraído del bendito libro de Dios, la Santa Biblia. He venido aquí este día para sellarlo con mi sangre” (J. Foxe, The New Foxe’s Book of Martyrs, p. 193). Justo antes de que se encendiera el fuego se escuchó al Dr. Taylor repetir el Salmo 51 y entregó su vida. La pregunta que debemos hacernos ahora es: ¿Seremos tan fieles para defender las verdades de la Palabra de Dios? Tarde o temprano, en el conflicto final, esa prueba vendrá. El momento de prepararse para ello, por supuesto, es ahora. 

PREGUNTAS PARA DIALOGAR: 1. ¿De qué manera la profecía confirma el origen divino de la Biblia? ¿Cómo pueden afirmarnos en nuestra fe estas profecías cumplidas? 2. En cuanto a la pregunta final del estudio del martes, ¿por qué son tan poderosas las evidencias de Jesús como Mesías? 3. Jesús y los apóstoles demostraron una fe inquebrantable en la veracidad y la autoridad divina de las Sagradas Escrituras. Por ejemplo, ¿cuántas veces se refirió Jesús a las Escrituras y a que (a menudo en referencia a él mismo) las Escrituras deben cumplirse? (ver, p. ej., Mateo 26:54, 56; Marcos 14:49; Lucas 4:21; Juan 13:18; 17:12). Por lo tanto, si Jesús mismo consideraba las Escrituras (en su caso, el Antiguo Testamento) con tanta seriedad, especialmente en términos de la profecía que se estaba cumpliendo, ¿cuál debería ser nuestra actitud hacia la Biblia también?


Textos clave: Deuteronomio 32:45-47; Génesis 49:8-12; Isaías 53:3-7; 1 Corintios 15:3-5, 51-55; Romanos 12:2. 

RESEÑA 
En un mundo atiborrado de medios de comunicación, cada vez somos más bombardeados por ideas que compiten por nuestra atención y prometen las últimas tendencias para guiar nuestra vida. En este ambiente de sobreestimulación, se ha vuelto más difícil encontrar un momento a solas con la Palabra de Dios. Algunos incluso pueden comenzar a preguntarse si la Biblia sigue siendo relevante en el mundo vertiginoso de hoy. Necesitamos que se nos recuerde el mandato de “Estad quietos, y conoced que yo soy Dios” (Sal. 46:10) como una forma de ayudarnos a reconocer que la Biblia sigue siendo el mayor regalo de Dios para comunicar su plan de redención. No hay otro libro como este en ninguna parte del mundo. Varios elementos importantes hacen que la Biblia sea única en comparación con otros libros religiosos. Cuatro elementos, en particular, contrastan marcadamente con los pensamientos filosóficos y, en algunos casos, esotéricos de Confucio, el Corán y los escritos sagrados hindúes: 
(1) la Biblia se compone de hasta un treinta por ciento de profecía y literatura profética; 
(2) la Biblia está constituida en la historia; es decir, habla de un Dios que actúa en la historia; 
(3) los acontecimientos bíblicos se colocan en una dimensión espacial de lugares geográficos reales; y 
(4) la Biblia tiene el poder de transformar vidas gracias al Dios que nos habla a través de su Palabra viviente. ¿Es de extrañar, entonces, que durante siglos haya inspirado las mejores obras de música, arte y literatura? Esta semana estudiaremos por qué la Biblia es única e inigualable y sigue siéndolo, incluso con el rápido crecimiento de la tecnología y el conocimiento del siglo XXI. 

COMENTARIO 
Ilustración Las grandes pirámides de Egipto se elevan por sobre la moderna ciudad de El Cairo. Las excavaciones han revelado que fueron construidas durante el Reino Antiguo con una tecnología sofisticada y un conocimiento de edificación que utilizaba cálculos matemáticos y astronómicos que se creían inexistentes antes de los griegos. Antes de la conclusión de la Torre Eiffel en París en 1889, la Gran Pirámide fue el edificio más alto del mundo durante miles de años. Hoy en día, los arqueólogos todavía no consiguen resolver el enigma de la logística y la magnitud de esta hazaña. Moisés llegó al antiguo Egipto cientos de años después de la construcción de la Gran Pirámide y fue educado para ser el futuro rey de este gran imperio. Sin embargo, “por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón” (Hebreos 11:24).

Texto bíblico Las últimas palabras de Moisés al pueblo que él condujo a la Tierra Prometida fueron estas: “Aplicad vuestro corazón a todas las palabras que yo os testifico hoy, para que las mandéis a vuestros hijos, a fin de que cuiden de cumplir todas las palabras de esta ley” (Deuteronomio 32:46). Aplicar el corazón es una expresión que se usa en la Biblia para describir la internalización y la alineación de la Palabra de Dios dentro del corazón. Moisés enfatiza esta idea cuando instruye que a los hijos especialmente se les debe ordenar que sigan las instrucciones, o Ley, de Dios. Esta Ley es más importante que cualquier otra cosa, porque “es vuestra vida” (Deuteronomio 32:47). Analicen en clase cómo manejan las distracciones a su alrededor para mantener una relación viva con Cristo mediante su Palabra. Pide a la clase que evalúe cuánto tiempo pasan en ciertas actividades todos los días (respondiendo correos electrónicos, mensajes de texto, redes sociales, televisión, trabajo, familia, devociones). Observen que las actividades en las que pasamos la mayor parte de nuestro tiempo a menudo son las más importantes en nuestra vida. ¿Qué pasos intencionales están tomando los miembros de tu clase para transmitir su experiencia cristiana a sus hijos? ¿Por qué es tan importante este legado viviente en nuestra época? Texto bíblico La Biblia está llena de lugares donde Dios se reveló. Entre los más memorables están el Monte Moriah, cuando Abraham estuvo a punto de sacrificar a Isaac (Génesis 22:2); la zarza ardiente en el Monte Horeb, en Sinaí (Éxodo 3:1-4); el Mar Rojo, por el que Israel escapó por tierra firme (Éxodo 14:1-30); y Capernaum, donde ocurrieron muchos de los milagros de curación de Jesús. Este patrón de incorporar una dimensión espacial en los acontecimientos descritos, en realidad, distingue a la Biblia de la mayoría de los demás escritos sagrados (todo el Corán, por ejemplo, contiene menos designaciones geográficas que las que se encuentran en Génesis 1 al 20 solamente). La Biblia contiene referencias a cientos de ciudades y países, incluidas referencias a montañas, espejos de agua, desiertos y páramos, regiones y Estados específicos. Hay veces en que la geografía es un elemento crucial que le da un significado y una dimensión adicionales a un hecho. Belén es un ejemplo de cuán importante es la geografía bíblica para nuestra comprensión de la historia bíblica. En hebreo, Belén significa “la casa del pan”. Fue en Belén donde Rut y Booz se conocieron y se casaron. Allí, tuvieron un hijo llamado Obed, que tuvo un hijo llamado Isaí. Este fue el padre de David, quien luego estableció una dinastía de reyes que gobernó en Jerusalén durante cientos de años hasta la destrucción del Templo (Rut 4:13-17; Mateo 1:5, 6). Cuando Samuel fue a ungir a un nuevo rey, se dirigió a Belén, donde Dios le ordenó que ungiera a David. Luego, setecientos años antes del nacimiento de Jesús, Miqueas 5:2 predice que el Mesías nacerá en Belén, que está en Judea. Por lo tanto, no debería sorprendernos que Dios haya enviado a Jesús, “el pan de vida” (Juan 6:33-51), a nacer en Belén, la casa del pan. Jesús, quien nació del Espíritu Santo a través de María, trae la plenitud del evangelio al mundo, sobre el cual un día reinará como Rey de reyes para siempre. Pregúntale a la clase qué otras ideas importantes se pueden extraer al comprender la geografía bíblica y los nombres de los lugares de los acontecimientos históricos circundantes. Por ejemplo, ¿qué relación hay entre el encuentro de Abraham con Dios en el monte Moria y la muerte de Cristo en las mismas inmediaciones casi dos mil años después? 

Ilustración 
José se crió en el centro de la ciudad de Detroit, Michigan. A los once años, ya era parte de una pandilla local; hablaba y actuaba como ellos. Sus padres estaban preocupados por el futuro de su hijo. Un día recibieron un anuncio de un curso de cocina vegetariana. El padre de José era cocinero en un restaurante local, y comenzó a asistir con su esposa. En una de las reuniones, se anunció una escuela bíblica de vacaciones, y José y sus hermanas comenzaron a asistir. José nunca había escuchado mucho sobre la Biblia. Estaba muy intrigado por la historia de Josué y su conquista de Canaán bajo la conducción de Dios. Aprendió que Dios era poderoso y que podía vencer a los enemigos de su pueblo. José quería saber más, y comenzó a leer la Biblia. Pronto se inscribió en el Club de Conquistadores local. Sus padres notaron cambios importantes en él. El vocabulario de José cambió. Su ropa cambió. Incluso su forma de caminar cambió. Seis meses después, José solicitó el bautismo. Su familia estaba asombrada por el cambio en la vida de José. Deseaban lo mismo que José estaba viviendo. Después de estudiar la Biblia junto con el pastor, toda la familia se bautizó un sábado de mañana. El poder de la Palabra de Dios había transformado su vida. 

Texto bíblico 
Josías tenía ocho años cuando llegó a ser rey de Judá. La Biblia dice que su abuelo Manasés sirvió a los dioses cananeos, y que participó del espiritismo y sus perversiones sexuales asociadas, junto con la astrología. Manasés incluso sacrificó a su propio hijo. Condujo a su pueblo a una terrible apostasía, porque “los indujo a que hiciesen más mal que las naciones que Jehová destruyó delante de los hijos de Israel” (2 Reyes 21:9). Según los genes y la educación de Josías, podríamos esperar que Judá estuviera condenada al mismo destino que bajo el rey Manasés. Sin embargo, la Biblia dice que Josías “hizo lo recto ante los ojos de Jehová, y anduvo en todo el camino de David su padre, sin apartarse a derecha ni a izquierda” (2 Reyes 22:2). 
¿Qué marcó la diferencia? El hallazgo y la lectura de la Palabra de Dios, el profundo arrepentimiento de Josías y su accionar para restablecer a todo Israel a la adoración correcta de Dios. Las excavaciones en Judá que cubren este período revelaron un templo en Arad con dos altares y piedras verticales en el Lugar Santísimo que representaban a más de una divinidad. Este templo fue destruido a fines del siglo VII, lo que muchos eruditos han atribuido a la obra de Josías. Debido a esta gran reforma, Dios salvó a Judá y a Jerusalén por algún tiempo y refrenó su juicio hasta unos 35 años después. Dios prometió: “No verán tus ojos todo el mal que yo traigo sobre este lugar” (2 Reyes 22:20). Después de leer 2 Reyes 21:2 al 9, pregunta a la clase cómo se compara esta descripción de Judá con los desafíos del mal en el mundo actual. ¿Cómo pueden las Escrituras transformar nuestra vida para que nosotros también podamos vencer? 

APLICACIÓN A LA VIDA 
La Biblia es la Palabra inspirada de Dios para todos los tiempos. No se limita ni al tiempo ni a las culturas en los que se escribió. Por lo tanto, todavía tiene poder para transformar vidas hoy. Mientras te preparas para esta lección en tu cultura específica, reflexiona en el impacto de la Biblia en esa parte del mundo en la actualidad. Pídele a la clase que comparta una experiencia en la que hayan sido transformados por la Palabra de Dios y hayan reconocido su poder transformador. A continuación, hay algunas preguntas más específicas que se explayan sobre estos temas. 
1. ¿De qué modo las profecías de las Escrituras nos proporcionan esperanza para el futuro, incluso en el contexto de los acontecimientos de los últimos días? ¿En qué sentido estas profecías nos dan garantías de las promesas de Dios y de su capacidad de llevar a cabo su plan hasta el final? 
2. Comparte una experiencia de tu vida o la de un amigo que atestigüe el poder de la Palabra de Dios para cambiar la vida de una persona. ¿Cómo ocurrieron estos cambios y cómo vieron los demás el poder del Espíritu Santo en acción? 
3. ¿De qué manera puedes dar un testimonio permanente del poder de Dios para transformar a tu familia, tu vecindario o tu ciudad hoy? ¿Cómo puedes compartir la Palabra de Dios de una manera eficaz para impulsar cambios y preparar a los demás para un encuentro con Jesús cuando él venga? 

Recuerda que somos sus manos y sus pies, y lo que comunicamos en palabras y acciones se reflejará en cómo los demás perciben a Dios.