sábado, 31 de octubre de 2026

Los escritos proféticos

«Todo lo que antes fue escrito, para nuestra enseñanza fue escrito, para que por la paciencia y el consuelo de las Escrituras tengamos esperanza» (Romanos 15:4).

¿Te gustaría que te enseñaran una canción compuesta por Dios mismo? 
En Deuteronomio 32, Moisés puso por escrito la letra de su cántico siguiendo las instrucciones de Dios (Deuteronomio 31:19-22). Normalmente no asociamos los escritos proféticos con canciones, aunque muchos de los salmos son, de hecho, canciones inspiradas, a pesar de que sus letras no hayan sido dictadas por el Señor.

La Biblia describe tres formas principales en que los profetas comunicaban los mensajes de Dios: 
(1) oralmente; 
(2) por escrito; y 
(3) mediante acciones simbólicas o dramatizaciones. 

Hoy nos centraremos en los escritos de la Biblia. La Escritura registra la Palabra de Dios tal y como fue expresada por sus mensajeros, incluyendo los sermones y los discursos de los profetas.

Pensemos en la variedad de estilos y géneros literarios de los escritos proféticos: narrativa, historia, poesía, lamentaciones y cartas, por nombrar solo algunos. Hombres y mujeres elegidos plasmaron en lenguaje humano lo que el Espíritu Santo les inspiró para comunicar. Hoy veremos sus escritos, el uso de secretarios o asistentes literarios y lo que debe tenerse en cuenta al estudiar pasajes difíciles.

I. EL LLAMADO A ESCRIBIR

El primer método que Dios utilizó para transmitir mensajes a la humanidad fue la comunicación oral directa; es decir, voces audibles, sueños o mensajes comunicados verbalmente por ángeles. No fue hasta la época de Moisés cuando las Escrituras registran la primera instrucción divina relativa a estas experiencias, que consistía en escribir en un «libro» lo que Dios había dicho.

"Y Jehová dijo a Moisés: Escribe esto para memoria en un libro, y di a Josué que raeré del todo la memoria de Amalec de debajo del cielo". Éxodo 17:14.
¿Cuál es la primera mención de la escritura en la Biblia?

El Antiguo Testamento registra varios ejemplos de la orden dada por Dios a sus mensajeros para que preservaran por escrito sus palabras para su pueblo. Al igual que a Moisés, se dijo a Jeremías: «Toma un rollo de libro y escribe en él todas las palabras que te hablé contra Israel y Judá, y contra todas las naciones, desde que empecé a hablarte, desde los días de Josías hasta hoy» (Jeremías 36:2).

También se le dijo por qué debía escribir las profecías: «Quizá la casa de Judá oiga todo el mal que pienso hacerles y se arrepientan de su mal camino, para que yo perdone su maldad y su pecado» (Jeremías 36:3). Las predicciones tenían el propósito de salvar al pueblo, no de satisfacer la curiosidad acerca del futuro.

Los mensajeros de Dios escribieron en circunstancias muy diversas. Moisés escribió los cinco primeros libros de la Biblia mientras estaba en el desierto. David compuso varios de sus salmos mientras era perseguido por Saúl (ver Salmos 52, 54, 57 y 59). Daniel escribió sus visiones mientras servía en las cortes de Babilonia y Medopersia. A diferencia de ello, Pablo escribió sus cartas a los efesios, filipenses, colosenses y a Filemón mientras estaba en prisión, y Juan puso por escrito el Apocalipsis cuando estuvo exiliado en Patmos. Es evidente que los mensajeros de Dios impelidos a poner por escrito sus mensajes fueron asistidos por el Espíritu Santo independientemente de sus circunstancias.

Es llamativo que todas las enseñanzas de Jesús fueron preservadas por escrito por aquellos a quienes Dios eligió para confiarles tan preciosas verdades. Esto muestra la certeza divina de que los mensajes inspirados por Dios serían fielmente registrados y preservados por sus mensajeros.

¿Cómo responderías a quien dijera que no podemos confiar en la Biblia porque no contamos con los manuscritos originales? ¿Por qué es ese un argumento débil?

II. GÉNEROS Y ESTILOS LITERARIOS

La Biblia consta de diversos géneros y estilos literarios utilizados por los mensajeros inspirados por Dios. Algunos se asemejan a un diario (ver Números 33:1-49). A su vez, los libros de Daniel, Zacarías y Juan contienen ejemplos de escritura apocalíptica, caracterizada por su simbolismo, sus temas cósmicos y sus descripciones de seres celestiales además de otros rasgos distintivos.

"Profecía sobre Babilonia, revelada a Isaías hijo de Amoz". Isaías 13:1. 

¿Cómo se refiere la Biblia aquí al mensaje de Isaías?

Las visiones recibidas por los profetas son a veces denominadas «oráculos»; es decir, comunicaciones o revelaciones de Dios (algunas versiones traducen la palabra hebrea original con la que comienza Isaías 13:1 como «carga»). Las traducciones más recientes de la Biblia muestran que muchas visiones fueron escritas en forma poética, a menudo utilizando un recurso conocido como paralelismo, en el cual las líneas posteriores se repiten o, a veces, contrastan con las líneas anteriores. Por ejemplo: «En ese día el hombre mirará a su Creador, y sus ojos contemplarán al Santo de Israel» (Isaías 17:7). «Creador» y «Santo» están en paralelo. De ese modo, una imagen literaria o identificación aporta información adicional acerca de otra.

Los profetas también utilizaban recursos literarios como las metáforas (símbolos) y las hipérboles (exageraciones). Para comprender y aplicar mejor sus mensajes, es importante reconocer el tipo de escritura que utilizaron.

Otro estilo literario que se encuentra con frecuencia en las Escrituras es el «juicio del pacto». Por ejemplo, en Jeremías 2:4-9, el profeta presenta la denuncia legal de Dios contra su pueblo por haber transgredido las estipulaciones del pacto y no cumplir sus obligaciones. Utilizando imágenes de un tribunal, el autor retrata a Dios como el fiscal que expone los fundamentos de su acusación.

Las Escrituras también contienen escritos proféticos, historia, canciones y parábolas. Dios ordenó a Jeremías que compusiera un libro con todos sus mensajes (Jeremías 36:2), mientras que gran parte de los escritos del Nuevo Testamento consisten en cartas dirigidas a individuos o comunidades cristianas. La Biblia no hace distinción alguna en materia de autoridad entre diferentes estilos. Las cartas de Pablo debían ser consideradas tan autoritativas como las de los profetas del Antiguo Testamento, pues el apóstol da evidencias claras en sus cartas de que eran documentos inspirados por el Espíritu Santo (ver 1 Corintios 7:10, 12, 40).

Profetas y maestros - La escuela de los profetas

"Tanto en la escuela como en el hogar, mucha de la enseñanza era oral, pero los jóvenes aprendían también a leer los escritos hebreos, y se ofrecían a su estudio los pergaminos de las Escrituras del Antiguo Testamento. En esas escuelas, los principales temas de estudio eran la ley de Dios, con las instrucciones dadas a Moisés, la historia y la música sagradas, y la poesía. En los relatos de la historia sagrada, se rastreaban las pisadas de Jehová. Se hacían notar las grandes verdades presentadas por medio de símbolos en el servicio del Santuario, y la fe abarcaba el objeto central de todo el sistema: El Cordero de Dios, que había de quitar el pecado del mundo. Se fomentaba el espíritu de devoción y no solo se enseñaba a los alumnos que debían orar, sino la forma de hacerlo, de acercarse al Creador, de ejercitar la fe en él y de comprender y obedecer las enseñanzas de su Espíritu. El intelecto santificado sacaba del tesoro de Dios cosas nuevas y viejas, y el Espíritu de Dios se manifestaba en la profecía y el canto sagrado" (Ed, 46).

Algunos estudiosos enfatizan el elemento humano en las Escrituras a expensas del divino. ¿Por qué es ese un camino que conduce a la ruina espiritual?

III. ASISTENTES LITERARIOS

"Preguntaron luego a Baruc, diciendo: Cuéntanos ahora cómo escribiste de boca de Jeremías todas estas palabras. 18 Y Baruc les dijo: Él me dictaba de su boca todas estas palabras, y yo escribía con tinta en el libro". Jeremías 36:17-18 

"Yo Tercio, que escribí la epístola, os saludo en el Señor". Romanos 16:22. 

¿Qué dicen estos versículos acerca del uso de asistentes literarios por parte de los escritores bíblicos?

Jeremías mismo podría haber puesto por escrito lo que le fue revelado, pero, en lugar de ello, pidió a un escriba de confianza que registrara fielmente sus mensajes proféticos y los compartiera con los líderes de la nación. Él no es el único profeta bíblico que utilizó los servicios de un asistente literario para comunicar sus mensajes de origen divino.

En el Nuevo Testamento, aunque Tercio dice que escribió la epístola a los Romanos (Romanos 16:22), queda claro desde el comienzo del documento que escribió lo que Pablo le indicó. Tercio era el amanuense o secretario del apóstol, un asistente literario que ponía por escrito las palabras de Pablo.

Esta práctica no era inusual para el apóstol, ya que concluye sus cartas a los colosenses y los tesalonicenses incluyendo su saludo autógrafo (Colosenses 4:18; 2 Tesalonicenses 3:17) como forma de autenticar todo el documento. Esto sugiere que confiaba en otra persona para que escribiera las cartas por él. Puesto que esto podía suscitar dudas acerca de si la carta lo representaba correctamente —o, peor aún, sospechas de que no era suya—, Pablo agregaba su propia nota manuscrita al final como evidencia de autenticidad.

Muchos comentaristas atribuyen la variación en el estilo literario en las cartas de Pablo al uso que hizo de asistentes. Se supone lo mismo respecto de las dos cartas de Pedro: «Aunque es un hecho que el estilo del lenguaje de 2 Pedro es diferente del de la primera epístola, puede explicarse razonablemente, pues es probable que Pedro —un palestino de poca cultura, cuya lengua materna era el arameo— sin duda recurrió a la ayuda de un secretario para la redacción de una epístola que fue escrita en griego. Si Pablo, que manejaba la lengua griega con soltura, evidentemente usó secretarios, es aún más lógico suponer que Pedro hubiera buscado la ayuda de secretarios y que estos hubieran influido mucho en la redacción de sus cartas en griego» (7CBA, 612).

Esto sugiere que, aunque fiel a los pensamientos y a la intención de los mensajeros de Dios en materia de significado, el vocabulario y la construcción de las frases podrían reflejar las diferentes habilidades literarias de los ayudantes que empleaban. Los pensamientos de los mensajeros de Dios son el objeto de la inspiración divina, pero no necesariamente las palabras específicas utilizadas para expresar esos pensamientos inspirados.

Surge una pregunta: ¿Por qué tanto esfuerzo en revelar sus mensajes a cada individuo?

"Dios se compadece de los hombres que luchan en la ceguera de la perversidad; procura iluminar su entendimiento entenebrecido dándoles reprensiones y amenazas destinadas a inducir a los más encumbrados a sentir su ignorancia y deplorar sus errores. Se esfuerza por ayudar a los que se complacen en sí mismos para que, sintiéndose descontentos de sus vanas realizaciones, procuren la bendición espiritual en una estrecha relación con el cielo". (PR, 319, 320).

IV. FUENTES LITERARIAS

«Además de ser sabio, el Predicador enseñó sabiduría al pueblo. Consideró, y compuso muchos proverbios. Procuró hallar las palabras adecuadas, y lo que escribió fue recto y verdadero» (Eclesiastés 12:9-10).

Este pasaje puede interpretarse en el sentido de que Salomón no fue el autor de todos los proverbios que registró. Bajo la inspiración de Dios, «consideró» muchos dichos y trató de encontrar «palabras adecuadas». De hecho, la descripción tan citada de la mujer virtuosa en Proverbios 31 es atribuida a la madre de un rey llamado Lemuel y no a Salomón (Provernios 31:1). La evidencia apunta también a la influencia de la literatura egipcia en los Proverbios.

Del mismo modo, los historiadores inspirados del Antiguo Testamento reconocen que consultaron archivos y otros registros para narrar fielmente la historia del pueblo de Dios.

"Los demás hechos de Salomón, y todo lo que hizo, y su sabiduría, ¿no está escrito en el libro de los hechos de Salomón?" 1 Reyes 11:41

"Puesto que ya muchos han tratado de poner en orden la historia de las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas, 2 tal como nos lo enseñaron los que desde el principio lo vieron con sus ojos, y fueron ministros de la palabra, 3 me ha parecido también a mí, después de haber investigado con diligencia todas las cosas desde su origen, escribírtelas por orden, oh excelentísimo Teófilo, 4 para que conozcas bien la verdad de las cosas en las cuales has sido instruido". Lucas 1:1-4.

"De estos también profetizó Enoc, séptimo desde Adán, diciendo: He aquí, vino el Señor con sus santas decenas de millares, 15 para hacer juicio contra todos, y dejar convictos a todos los impíos de todas sus obras impías que han hecho impíamente, y de todas las cosas duras que los pecadores impíos han hablado contra él". Judas 1:14-15. 

¿Cómo usaban los escritores inspirados, a veces, las fuentes no bíblicas?

"Al revelarme el Espíritu de Dios las grandes verdades de su Palabra, y las escenas del pasado y de lo por venir, se me mandó que diese a conocer a otros lo que se me había mostrado, y que trazase un bosquejo de la historia de la lucha en las edades pasadas, y especialmente que la presentase de tal modo que derramase luz sobre la lucha futura que se va acercando con tanta rapidez. Con este fin, he tratado de escoger y reunir acontecimientos de la historia de la iglesia en forma que quedara bosquejado el desarrollo de las grandes verdades decisivas que en diversas épocas han sido dadas al mundo, las cuales han excitado la ira de Satanás y la enemistad de una iglesia amante del mundo, y han sido sostenidas por el testimonio de aquellos que “no amaron sus vidas, exponiéndolas hasta la muerte”. Apocalipsis 12:11.
Los grandes acontecimientos que marcaron los pasos de reforma que se dieron en siglos pasados, son hechos históricos harto conocidos y universalmente aceptados, que nadie puede negar. Esa historia la he presentado brevemente, de acuerdo con el fin y objeto de este libro y con la concisión que necesariamente debe observarse, condensando los hechos en forma compatible con una clara inteligencia de las enseñanzas consiguientes. En algunos casos, cuando he encontrado que un historiador había reunido los hechos y presentado en pocas líneas un claro conjunto del asunto, o agrupado los detalles en forma conveniente, he reproducido sus palabras, no tanto para citar a esos escritores como autoridades, sino porque sus palabras resumían adecuadamente el asunto. Y al referir los casos y puntos de vista de quienes siguen adelante con la obra de reforma en nuestro tiempo, me he valido en forma similar de las obras que han publicado (Recibiréis poder, 7 de agosto, p. 230).

Esdras y Nehemías son otros ejemplos de escritores bíblicos que se basaron en registros históricos para documentar sus relatos. El primero incluye copias de cartas y decretos reales relacionados con Jerusalén y Persia (ver Esdras 4-7), mientras que Nehemías menciona los registros genealógicos que encontró e incorporó a su narración (ver Nehemías 7:5-72).

Este hecho se observa también en el Nuevo Testamento. 
"Por lo que sucedió con Lucas, se deduce claramente que la Inspiración funciona en armonía con la operación natural de las facultades mentales sin prescindir de ellas. Aquí vemos a un autor inspirado, guiado por el Espíritu Santo, para examinar en forma diligente los registros ya escritos y los orales que había sobre la vida de Cristo; y luego, impulsado a organizar la información recopilada en una narración" (5CBA, 654)

Judas parece estar citando 1 Enoc 1:9, una obra judía intertestamentaria no canónica. Pablo también citó a filósofos griegos sin identificarlos (ver Hechos 17:28; Tito 1:12).

"Con la mano extendida hacia el templo cuajado de ídolos, Pablo derramó la carga de su alma y expuso la falacia de la religión de los atenienses. Sus más sabios oyentes estaban asombrados al escuchar su razonamiento. Demostró que estaba familiarizado con sus obras de arte, su literatura y su religión. Señalando sus estatuas e ídolos, declaró que Dios no podía ser asemejado con formas de invención humana. Esas imágenes esculpidas no podían, en el sentido más débil, representar la gloria de Jehová. Les recordó que las imágenes no tenían vida, sino que eran manejadas por el poder humano. Se movían solamente cuando las manos del hombre las movían; por lo tanto, los que las adoraban eran en todo sentido superiores a los objetos de adoración.
Pablo dirigió la mente de sus idólatras oyentes más allá de los límites de su falsa religión a un verdadero concepto de la Deidad, que habían titulado: “Dios no conocido”. Este Ser, a quien ahora les declaraba, no dependía del hombre, ni necesitaba que las manos humanas añadiesen nada a su poder y gloria (HAp, 192, 193).

Aunque los escritores bíblicos a menudo se guiaban por revelaciones directas recibidas mediante visiones y sueños, esto no excluía que el Espíritu Santo también los guiara para seleccionar material de otras fuentes. ¿Por qué es importante tener esto presente?

Porque la escritura es totalmente humana y totalmente divina. Cuando se hace énfasis en una sola opción o se intenta atribuir grados o porcentajes, no podremos encontrar, apenas, el mensaje completo sino la forma cómo Dios quería que este mensaje impacte nuestra vida.

V. EL MENSAJE DIVINO Y LAS IMPERFECCIONES HUMANAS

"Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros". 2 Corintios 4:7
¿Qué dice Pablo sobre el tesoro de Dios?

Pablo dice que el tesoro de Dios ha sido confiado a «vasos de barro» (seres humanos), para que el poder de Dios se manifieste en contraste con nuestras debilidades. Las Escrituras revelan que, así como los mensajeros de Dios no fueron preservados sobrenaturalmente de los fracasos personales (Moisés, Elías, David, Jonás y Pedro, por ejemplo), sus escritos tampoco estuvieron exentos de las imperfecciones propias del entendimiento y la comunicación humanos.

«La unión de lo divino y lo humano que se manifestó en Cristo existe también en la Biblia. Las verdades reveladas son todas inspiradas divinamente; pero están expresadas en las palabras de los hombres y se adaptan a las necesidades humanas» (5TI, 698).

La humanidad de los mensajeros de Dios no es suprimida a causa de su llamado divino a comunicar los tesoros de la verdad, como escribió el apóstol Pablo en 2 Corintios 4:7. Tampoco parece que el Espíritu Santo considerara oportuno impedir que sus mensajeros hicieran declaraciones y escribieran palabras que hoy nos resultan difíciles de armonizar o explicar. Los versículos que representan esas dificultades son tan pocos que solo una mente muy estrecha tropezaría a causa de ellos. Como cristianos que creemos en la Biblia, debemos rendirnos a la Palabra de Dios en la medida en que la entendemos y confiamos en el Señor, y a pesar de lo que aún no comprendemos.

Algunas discrepancias pueden atribuirse a errores sin importancia cometidos por copistas posteriores, o a fuentes divergentes en las que se basaron los autores inspirados. Al considerar los pasajes problemáticos, debemos preguntarnos si comprendemos plenamente el significado de las palabras del escritor y si un estudio más profundo podría resolver la dificultad.

Incluso si no somos capaces de resolver todos los aparentes errores o discrepancias, encontramos que son irrelevantes para la esencia del mensaje presentado. Podemos confiar en que las verdades divinas de las Escrituras han sido reveladas y comunicadas fidedignamente a pesar de las imperfecciones de los mensajeros de Dios.

¿Por qué eligió Dios utilizar a seres humanos falibles en lugar de ángeles sin pecado como sus mensajeros?

CONCLUSIÓN

La experiencia y los escritos de Elena de White son muy similares a los de los mensajeros bíblicos de Dios cuya obra hemos estudiado esta semana. Ella también recibió la comisión divina de poner por escrito lo que se le había revelado.

Elena de White escribió en 1909: «Debido al accidente que casi me costó la vida, mi salud era débil y no podía escribir. […] Pero el ángel del Señor se me presentó una noche y me dijo: “Debes escribir lo que te comunico”. Le respondí: “No puedo escribir”. Él repitió la orden: “Escribe lo que te digo”. Decidí intentarlo, tomé con qué escribir, comencé a hacerlo y descubrí que podía registrar las palabras con facilidad» («Let Us Publish Salvation», The General Conference Bulletin, 31 de mayo de 1909, p. 225).

Al igual que los escritores bíblicos inspirados, Elena de White empleó asistentes literarios. Sus secretarios hacían el trabajo propio de los editores: ayudar a los autores a expresar sus ideas con claridad sin insertar ideas propias. No eran personas que escribían en lugar de ella ni coautores. Su trabajo dependía del material que la propia Elena de White producía, ya fuera de manera manuscrita u oral.

En sus escritos, Elena de White también citaba y adaptaba material de otras fuentes literarias para presentar de manera más adecuada sus mensajes. El hecho de que recomendara a sus lectores algunos de los libros que ella misma utilizó en tal sentido es evidencia de que no pretendía engañar a su público ni atribuirse la autoría de esos materiales citados o adaptados, sino que lo hacía porque encontraba en esas fuentes expresiones adecuadas para transmitir las verdades que deseaba comunicar.

¿Qué decir de las discrepancias o inexactitudes? «Acerca de la infalibilidad, nunca pretendí tenerla», ella escribió. «Solo Dios es infalible» (1MS, 44).

Sus escritos contienen algunas afirmaciones difíciles de entender o de armonizar con otras. La humanidad de Elena de White no fue suprimida por su llamado divino. Como todos nosotros, ella también creció y maduró, como puede apreciarse en sus escritos.

Como ya se ha dicho, Elena de White corrigió a quienes creían erróneamente que cada palabra que escribía provenía directamente del cielo. «Hay oportunidades cuando deben declararse cosas comunes, pensamientos comunes deben ocupar la mente, deben escribirse cartas comunes y se debe dar información que ha pasado de un obrero a otro. Tales palabras, tal información, no son dadas bajo la inspiración especial del Espíritu de Dios» (3MS, 66-67).

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